Un diario de conciertos

Elliott Murphy & The Normandy All Stars (Sala Clamores, Madrid, 18/01/13)

Elliott Murphy04

 

Concierto: Elliott Murphy & The Normandy All Stars

Lugar: Sala Clamores (Madrid)

Fecha: 18/01/13

Precio: 17,28 euros

Asistencia: 250 personas (lleno)

“Cuando la leyenda se convierte en hechos, imprime la leyenda”: cuántas veces tienen presente los críticos esta fordiana sentencia a la hora de perpetuar la mitificación de músicos de la vieja guardia que, tristemente, no siempre están a la altura de su leyenda. Como si Bob Dylan no tuviera una mala noche, o unas cuerdas vocales arañadas no pusieran nunca en evidencia a Bruce Springsteen, o Keith Richards no destrozara de cuando en cuando sus canciones a base de guitarrazos etílicos.

Hay, sin embargo, un músico de su quinta que sí parece empeñado en que los hechos apenas se distingan de su (modesta) leyenda: el neoyorquino Elliott Murphy, a quien no se le conoce un mal disco o un mal concierto en las últimas dos décadas de las cuatro que lleva en activo. La madurez de Murphy es ejemplar y esplendorosa, y tal vez lo que mantiene viva esa llama sea el no haber gozado de la repercusión de sus contemporáneos. Afincado en París, Murphy ha peleado duro por conservar su culto europeo, y el esfuerzo ha dado sus frutos: una parroquia de fieles le recibe con los brazos abiertos cada vez que visita su ciudad. En el caso de Madrid, tradicionalmente, a principios de año en la sala Clamores.

Bien, dediquemos unas líneas a reflexionar sobre Clamores. En estos tiempos de ataque directo a la cultura, parece que no pueden caber fisuras en nuestro apoyo a los músicos, a los promotores, a las salas; y eso nos lleva a veces a defender lo indefendible. Y Clamores es indefendible. No hay metro cuadrado desaprovechado en este sótano de techo bajo con mala ventilación, aún a costa de que la mitad del aforo no logre atisbar más que una esquina del escenario. Las legítimas quejas de clientes descontentos se estrellan una y otra vez contra la arrogancia del encargado, dueño del local para más señas; y los camareros hacen lo que pueden para moverse entre las mesas, en un espacio demasiado angosto como para evitar que sus sudadas barrigas rocen una y otra vez tu nuca. Clamores es un infierno, y Elliott Murphy debería plantearse seriamente trasladar sus recitales a la sala homóloga Galileo Galilei, más adecuada en su aforo y menos inhumana en sus condiciones.

Murphy acostumbra a acudir a estas citas madrileñas en formato duo, con la única compañía del virtuoso guitarrista Olivier Durand. Anoche, sin embargo, se presentó con la banda completa, secundadas las guitarras por la base rítmica del bajista Laurent Pardo y el baterista Alan Fatras. Era el de Madrid el último concierto de su gira española, y en él presentaba su último disco, It takes a worried man, aún por editar. Aunque la frase anterior es inexacta porque, como puntualiza la página oficial (www.elliottmurphy.com), el músico está casi siempre de gira, tenga disco que presentar o no. Así que no tardaremos en verle de vuelta por España.

Un tercio de las dos horas de espectáculo se consagró a las canciones nuevas, que los fans de Murphy no habían podido todavía escuchar. Que fueran tan bien recibidas dice algo bueno del artista y de sus fans: del primero, que su constancia compositiva sigue rayando a una altura que muchos envidiarían, y de los segundos, que acuden en busca de buena música, sin preocuparse de si se compuso ayer o en 1973, sin pretender la pulsión consoladora de la nostalgia. Murphy es un artista aún válido y su música, parece, atemporal.

Pero no puede haber recital de Elliott Murphy sin la comparecencia de pequeños clásicos como You never know what you´re in for, Drive all night, Just a story from América o Last of the rock stars. La convicción con la que Murphy sigue cantándolas eleva esas canciones noche tras noche, y mientras las escuchas sientes el irrefrenable impulso de salir corriendo a la calle, agarrar por las solapas al primero que pasa y gritarle “¡corre, no sabes lo que te pierdes!”. Sí, tan bueno es.

Cierto es que en dos horas apenas pueden condensarse cuarenta años de carrera, y anoche se echaron a faltar canciones como Rock ballad, Come on Louann, Summer House o Anastasia. También, en la lista de peros, constatemos que el ritmo veloz del concierto impidió echar el freno durante la balsa emocional que es (o debería ser) On Elvis Presley´s birthday, cuya versión pareció algo atropellada. Mal menor en una noche en la que la energía parecía rebotar una y otra vez entre espectadores y músicos, electrizando a ambos.

Si lo tuyo es ese rock de raíz americana que hicieron grande Dylan, Springteen, Fogerty o Petty, por narices te tiene que gustar Murphy, no cabe otra. Siendo tan bueno como aquellos, Elliott Murphy presenta un atractivo añadido: en lugar de apenas atisbarlo en un estadio a 80 euros la entrada, puedes verlo en una sala a un precio asequible. Un privilegio, vaya. Yo no lo dudaría la próxima vez que este neoyorquino se deje caer por tu ciudad: tal vez dé uno de esos conciertos que recordarás durante toda tu vida.

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