Un diario de conciertos

Las crónicas perdidas: Leonard Cohen, Miguel Ríos

Durante lo que podríamos llamar la “primera época” de este blog, la que llega hasta octubre del año pasado, hice un gran esfuerzo porque todos los conciertos a los que asistía tuvieran su correspondiente crónica. No sé si lo habréis notado (seguro que sí), pero éstas suelen ser largas, así que no siempre me apetecía escribirlas, sobre todo cuando el artista no me había gustado.

Luego paré durante unos cuantos meses, y cuando volví a escribir, me prometí a mí mismo que el blog no se convertiría en una obligación. Para lograr eso, he tenido que dejar pasar un par de crónicas. Al obsesivo-compulsivo que hay dentro de mí le remuerde la conciencia por ello, de manera que, aunque no vaya a escribirlas, he decidido hacer esta breve mención a esos conciertos. Tan sólo para que conste que estuve allí, y que esos recuerdos no se pierdan como lágrimas en la lluvia.

Leonard Cohen (Pabellón Atlántico, Lisboa, 10/09/10)

No sé hacer turismo si no me dan una razón musical para viajar, y Leonard Cohen era la excusa perfecta para conocer Lisboa. Sabía de antemano que el concierto iba a ser idéntico al que vi en Madrid en 2009 pero, por otra parte, jamás pensé que tendría el privilegio de ver a Cohen una segunda vez. Afortunado que es uno.

En cuanto a las cuestiones prácticas, Lisboa es una gran opción para los españoles para ir a ver cualquier concierto, y más en el Pabellón Atlántico, que está en el Parque de las Naciones (antigua Expo), no muy lejos del aeropuerto. Seguro que repito (con alguien más rockero que Cohen, probablemente).

Miguel Ríos (Palacio de deportes, Madrid, 07/11/10)

Si a Miguel le dicen hace un lustro que iba a llenar dos días el Palacio (30.000 personas en total), le arrea un puñetazo a su interlocutor por reírse de él. Pero el factor “retirada” vende: un servidor no está por encima de nadie y también quería ver al padre del rock español sobre las tablas al menos una vez en la vida.

Tenía entradas para el día 6 desde hace meses, pero el concierto sorpresa de Bon Jovi me obligó a venderlas y comprar para el domingo 7. Faltaron algunos invitados que sí asistieron el sábado (en especial, para disgusto de Ana P., Carlos Tarque), pero a cambio tuvimos a Ariel Rot durante Sábado a la noche, de Moris. Ariel es mi guitarrista favorito, nadie me transmite tanto cuanto toca. Tengo ganas de volver a ver un directo suyo.

Salieron también dos mujeres que luchan contra el paso del tiempo, cada una a su manera: Ana Belén, cuyo vestuario parecía más bien body painting, y Eva Amaral, que a base de minifaldas y recién estrenada ortodoncia parece querer espantar el fantasma de las Navidades futuras, esto es, los cuarenta años. No os preocupéis, chicas, ambas estáis de muy buen ver para vuestras respectivas edades.

Y Miguel, qué tío: muchas “estrellas” americanas deberían aprender de él, dos horas y cuarenta minutos dándolo todo. Cierto que algunas canciones se hicieron un poco pesadas, pero Santa Lucía y, para mi sorpresa, Himno de la alegría fueron momentos de nudo en la garganta.

Dos detalles más: un volumen brutal, rivalizando con los conciertos de AC/DC y Metallica que vi en el mismo Palacio, y un aire acondicionado demasiado fuerte, lo que demuestra que cuando nos hacen pasar calor es porque quieren. Ni tanto ni tan calvo.

Jota78

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