Un diario de conciertos

Southside Johnny & The Asbury Jukes (Sheperd´s Bush Empire, Londres, 21/10/10)

Pongámonos astronómicos. Bruce Springsteen es una gran estrella y, como tal, cuerpos celestes más pequeños orbitan a su alrededor: Joe Grushecky, Elliott Murphy, Jesse Malin, Marah… Músicos afines al Boss en el fondo, en la forma o en ambos, con sólo un poco menos de talento, de carisma, de fotogenia o quizá, simplemente, de suerte. Dado que los planetas que giran alrededor del sol no van a separarse sin más de éste cuando les apetezca, la lógica dice que Bruce debía estar en Londres el pasado jueves 21 de octubre, pues abrumaba la confluencia de satélites suyos en la ciudad: tocaron en tres salas distintas Southside Johnny, The Gaslight Anthem y Willie Nile (del que Steve Van Zandt dijo una vez: “es tan bueno que me asombra que no sea de Nueva Jersey”), apenas unos días después de que lo hiciera Nils Lofgren.

Willie Nile actúa con frecuencia en España y The Gaslight Anthem acabarán por hacerlo, dada su trayectoria ascendente. El que no se prodiga por la Península es Southside Johnny, un contemporáneo de Bruce y oriundo de Jersey que sigue más o menos en el mismo punto donde empezó: tocando en la mítica sala Stone Pony de Asbury Park. Gran parte del repertorio clásico de su banda fue escrito por el binomio Van Zandt/Springsteen, así que Johnny nunca ha podido escapar a su sombra por mucho que lo intentara durante décadas.

Tampoco hay que compadecerle. Acompañado por sus Asbury Jukes gira con frecuencia por América e Inglaterra, con puntuales visitas a Holanda o Suecia. Southside Johnny parece haberse aceptado y disfruta con lo que tiene: lo contrario, supongo, sería patético en un hombre de casi sesenta y dos años. Y como Mahoma no parece por la labor de ir a la montaña (eso debe pensar que es España), para verlo en directo no queda otra que desplazarse. Se da la feliz casualidad de que mi hermana vive a pocos minutos de la sala Sheperd´s Bush Empire, donde Johnny acostumbra a tocar en Londres, así que parecía tonto no aprovecharse de ello. Hasta Inglaterra me fui para hacer otra muesca en mi revolver musical.

La sala es un teatro reconvertido a la manera de Joy Eslava, aunque algo más grande y conservando los asientos en sus anfiteatros. La gran diferencia es que luego no se transforma en discoteca, por lo que el personal no ha recibido ese curso acelerado de “Cómo tratar a tu clientela como la mierda”, tan habitual en nuestro país. Porteros y camareros te sonríen y te dicen “gracias”, lo que a los españoles nos hace dudar de sus intenciones. También es verdad que el público de Southside Johnny está compuesto en su mayoría por cincuentones, y malo sería que éstos la liaran parda en mitad de un concierto. La única muestra de desconfianza que detecté fue que los discos en el puesto de merchandising estaban pegados con celo al mostrador.

El guitarrista de los Asbury Jukes Billy Walton, con un notable parecido físico a Carlos Latre, tocó durante cuarenta minutos un repertorio de rock ortodoxo, compuesto por temas propios y versiones de Dylan y Springsteen. Obviamente no era Carlos Latre, pues todos sabemos que éste sigue poniéndose pelucas en las madrugadas de Tele 5, ahora para predecirnos nuestro horóscopo.

A las ocho y media, apenas diez minutos después de que Walton se hubiera despedido, la decena de músicos que componen los Jukes actuales salieron al escenario con impaciencia. Las paredes de la sala atronaron con la base rítmica y los metales: el sonido era bueno, pero el techo abovedado creaba un apreciable eco. En cuanto a Johnny (me encantaría llamarlo Southside, pero tiene un 33% más de letras que Johnny, y he quedado dentro de cuatro horas), sólo las gafas oscuras en una sala igual de oscura le identificaban como músico, pues ya se sabe que a estos se les permite cualquier extravagancia por el bien del espectáculo. Johnny no es tan fotogénico como otros “neojersianos” ilustres como Bruce o Bon Jovi, pero las tablas bajo sus pies parecen electrificar su cuerpo, impidiendo que apartes la mirada de él durante las dos horas largas de su espectáculo. No sabría decir si porque tiene carisma o porque temes que se lance sobre ti si te descuidas, un poco en plan Joe Pesci en las pelis de Scorsese.

A su frenética hiperactividad suma Johnny una garganta rasposa, ideal para cantar su mezcla de rock y soul con gotas de blues. No es necesario conocer el repertorio para disfrutar de la musculosa interpretación de los Asbury Jukes, aunque la omnipresencia de los metales (con especial protagonismo del saxo barítono de Eddie Manion) acaba por resultar abrumadora. En este 2010 la banda tiene nuevo disco, Pills and ammo, con buenas canciones que no estorban; pero en Londres no fue hasta su versión de Walk away Renee, a la media hora de concierto, cuando los ingleses de mediana edad que componían la audiencia empezaron a desentumecer los músculos un poco y, de paso, dar algún feedback a los músicos. Ojo, no digo que no estuvieran disfrutando, sólo que se pasan interiorizando la música.

Un hombre lobo americano en Londres:

Las versiones de Everybody needs somebody to love del defenestrado Solomon Burke y Happy de los Stones (ya bordada por Elvis Costello en sus conciertos españoles de este año) ayudaron a mantener los ánimos altos hasta que llegaron las canciones más famosas. Talk to me y The fever, ambas (qué casualidad) de Bruce, fueron las más coreadas de todo el bloque principal del concierto, aunque también cautivó la interpretación de Many rivers to cross por boca del teclista Jeff Kazee, con Johnny tocando solo la armónica distorsionada.

El bis se cerró con la apoteósica I don´t want to go home, pero los espectadores no hicieron honor al título porque, en cuanto las luces se encendieron, se dispusieron a marcharse. Recularon al ver salir de nuevo a la banda para tocar su histérica versión de Havin´ a party, suya por derecho desde finales de los setenta. Johnny volvió a calzarse las gafas oscuras y le pasó el micro al público (el segundo de la noche, pues ya se había cargado otro antes a base de golpes) para que éste berreara a gusto el estribillo.

Entrega y virtuosismo definen los directos de Southside Johnny & The Asbury Jukes, aunque uno se pregunta por el sentido de escribir esta afirmación en castellano, pues la leerán dos clases de personas: los que ya lo saben y los que no podrán descubrirlo a menos que la banda se deje caer algún día por nuestro país. No volveré a viajar para verlos en directo, pero perdería el culo por una entrada si algún día tocaran en Madrid. Tú deberías hacer lo mismo.

Jota78

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