Un diario de conciertos

Vinila Von Bismark & The Lucky Dados (Sala Joy Eslava, Madrid, 14/05/10)

A menudo se nos olvida que la música en directo tiene que ser, antes que nada, divertida. Los anglosajones lo entienden bien con la doble acepción del verbo to play: tocar y jugar. Con esta premisa, y en lo que parecía una unión contranatura, Vinila Von Bismark & The Lucky Dados han dado con un caballo ganador.

Es muy posible que conozcáis a Vinila más por su imagen que por su trabajo. No es de extrañar, ya que tiene un aspecto bastante chocante para una veinteañera granadina. Pero tampoco ha perdido el tiempo: pasó fugazmente por el grupo de rock electrónico Krakovia y se ha hecho un hueco en el submundo del burlesque español. El trío The Lucky Dados, en cambio, tuvo claro desde el principio que lo suyo era el rockabilly. En un descacharrante giro del destino, llegaron a editar discos en Japón. No es un chiste, no: españoles de pura cepa grabando la música más americana posible en una compañía asiática.

 

Su primer trabajo conjunto, The secret carnival, se publicó el mes pasado. No puedo tirar de Spotify para descubrir nuevos grupos porque, ahí va una semi-confesión, no tengo internet en casa: escribo estas líneas desde un exótico locutorio. Y en realidad tampoco tengo tele desde el apagón digital, cuando decidí demostrarme a mí mismo que se podía vivir sin saber nada de Mercedes Milá y Belén Esteban. Por cierto, se puede, pero esto no viene al caso; lo de internet sí, porque implica que, para comprobar si me gusta una banda, tengo que comprarme su disco o verlos en directo. Puestos a gastar trece eurillos en descubrir a Vinila & The Lucky Dados, opté por la segunda opción.

Y admito que no las tenía todas conmigo, a diferencia de Ana P., que ahora está pasando por su fase más rockabilly (rezo porque un día no le dé por los fados o el calypso). Por otra parte, y en el peor de los casos, el concierto sería mediocre e inocuo; aunque es terrible tener que escribir de algo que te ha dejado indiferente. Fue una suerte que hiciera frío y amenaza lluvia en la calle, porque así apetecía un poco más refugiarse en la cálida oscuridad de Joy Eslava. Lo bueno de que esta banda esté despegando es que no íbamos a tener que sufrir muchas estrecheces para estar en primera fila. O en segunda, porque la primera estaba tomada por un enjambre de fotógrafos que no se moverían de allí hasta la última canción.

 

 

Si el primer piso estaba reservado a invitados y la parte de abajo sólo rozaba el lleno, y contando con el despliegue escénico que se atisbaba tras un gran tela blanca, estaba claro que el concierto iba a resultar deficitario. Puede que la discográfica Subterfuge lo considerara sólo una buena oportunidad para presentar al grupo a los medios, de ahí que hubiera tantas cámaras. Un DJ nos entretuvo antes del concierto pinchando temas rockabilly en inglés y castellano, y algunas de las grabaciones más añejas nos pulverizaron los oídos al no estar pensadas para sonar a ese volumen en una discoteca. A las nueve y veinticinco se proyectó sobre la tela blanca el vídeo del primer single, Where´s my sugar?; los que ya lo habíamos visto nos entretuvimos observando el trajín de última hora al otro lado de la sábana, más translúcida de lo deseable. Al terminar el vídeo, cayó el telón y tuvimos que esperar un par de anticlimáticos minutos.

Lo malo de las palabras es que, en el mejor de los casos, sólo recrean las sensaciones físicas, nunca las producen. Sé que me voy a deslomar intentando reproducir para vosotros la imagen global de lo que vi anoche en el escenario de Joy Eslava y nunca podré hacerlo mejor que un buen vídeo. Qué demonios, hay que morir intentándolo: al levantarse el telón, Vinila estaba suspendida en el aire, agarrada a un gran aro de forma indolente y casual; bajo ella, dos enanos vestidos con traje vigilaban un biombo que hacía las veces de falsa puerta de discoteca; un trío de metales ocupaba el fondo izquierda del escenario, mientras el baterista de los Lucky Dados Carlos Mirat hacía lo propio en el derecho; y el contrabajista Carlos López y el guitarrista Pedro Herrero estaban en primera línea, flanqueando el pie de micro que poco después ocuparía Vinila. Con un buen apoyo lumínico, la estampa resultaba gloriosa.

 

Un vídeo marciano, marciano:

 

Por fin un espectáculo, joder. Yo entiendo a David Summers cuando dice que salir a tocar en vaqueros y camiseta tiene su punto, pero es que vaqueros y camisetas tenemos todos: yo quiero ver cosas que me sorprendan. Y además no es gratuito, porque las imágenes se aferran a las melodías y ya no las sueltan nunca. Estoy escuchando el tema Evil Circus mientras escribo esto y no puedo quitarme de la cabeza a los dos enanos dando vueltas sobre sí mismos hasta caer al suelo desplomados en el clímax de la canción. Eso es algo que no veo todos los días.

Podría parecer que es Vinila la que va a acaparar todas las miradas, por sus cuatro cambios de vestuario a lo largo del concierto o por su impudicia a la hora de enseñar piel, tatuada o no; pero los Lucky Dados no se dejan comer el terreno, los cabrones. El baterista hace malabarismos con las baquetas sin dejar de tocar ritmos frenéticos, el contrabajista le atiza tan fuerte a las cuerdas que parece que éstas vayan a salir disparadas y cortar las cabezas que encuentren por el camino, y el guitarrista, además de un virtuoso de su instrumento, es un macarra de libro en el buen sentido de la palabra.

 

 

Irónicamente, el momento álgido del show fue uno en el que Vinila andaba por el backstage cambiando de ropa: la incendiaria versión de Tainted love que llevaron a cabo casi hizo saltar la alarma de fuego del local. Del talento musical de los Lucky Dados nadie puede dudar; Vinila no tiene una voz privilegiada, pero cumple de forma competente a la hora de entonar, y más si va apoyada por un par de coristas como en muchas de las canciones interpretadas en la Joy.

Y por alguna razón, este potaje de rockabilly, swing, punk y cabaret era justo lo que necesitaba anoche, y los ochenta minutos que duró el espectáculo pasaron como un trueno. La última canción fue un reprise de su single (un auténtico bis) durante el cual nos llovieron encima papelinas y globos gigantes. Con lo bien ensayado que estaba todo, sorprendió que las once personas (entre músicos, coristas y enanos) salieran escopetadas del escenario sin un buen saludo de despedida, que sin duda hubiera ido acompañado de un gran aplauso.

Podría poner pegas pero, sencillamente, no me apetece. Vinila Von Bismark & The Lucky Dados me dieron anoche mucho más de lo que cabe exigir por trece euros. Espero que su apuesta cuaje: ambos han tenido suerte de llegarse a conocer.

Jota78

 

 

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5 comentarios

  1. Draven

    75 minutos, que no 80, y se te ha olvidado comentar, que en esos ESCASISIMOS minutos, estaban incluidos, el UNICO Bis, un sorteo de una guitarra, y una presentación de casi 10 minutos.
    Vamos, que tocaron una hora justita, justita. Y si, que el espectáculo visual se agradece, y mucho, el problema está en cuando una banda tiene que tirar de eso para sorprender y agradar al público, porque, obviamente, sin ello no hacen nada. Vamos, como unos Mägo de Oz desde el jodido Finisterra…
    Porque si el concierto fue normalito, sin más, imaginate si salen en vaqueron y camiseta como Summers…
    En fin, que si quiero ir al circo, veo a gente como a Bubury o como a los Kiss, que de verdad dan un ESPECTÁCULO digno, y si quiero Rock&Roll sin más, tengo miles de propuestas infinitamente mejores que esta farsa.
    Y lo peor de todo, es saber que encima, The Lucky Dados son buenísimos músicos, y así lo demostraton cuando Vinila se marchaba a cambiarse y aquello se parecía a un concierto de verdad, pero no entiendo muy bien porque (bueno, igual sí lo se), se han unido a la Diva granadina.

    17 mayo, 2010 en 1:25 pm

  2. ana

    ¿calypso? me encanta el calypso…!

    18 mayo, 2010 en 4:05 pm

  3. A los Lucky Dados les vi en el Gruta 77 hace unos años una noche que nos plantamos allí unos cuantos colegas al azar, a ver un concierto baratito sin conocer a las bandas. Esta peña no se me olvida porque me sorprendió la fiereza del tipo del contrabajo, que se tiró media actuación con las manos sangrando como un cochinillo por los porrazos que le daba a su instrumento. Por lo demás, muy divertidos fueron.

    27 mayo, 2010 en 11:10 am

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