Un diario de conciertos

Hombres G (Teatro Compac Gran Vía, Madrid, 06/05/10)

Quienes me conocen lo saben: soy una contradicción andante. Puedo pasar de Iggy Pop a Hombres G sin despeinarme, y también afirmar con rotundidad que no iré a un concierto para luego desdecirme unas horas antes. Cuando se anunciaron los siete conciertos del grupo de David Summers en el Compac Gran Vía, ni consideré asistir porque, primero, he cubierto mi cupo de Hombres G en esta vida; segundo, los precios eran exagerados (¿cincuenta euros por un asiento en las primeras filas?); y tercero, como he dicho a menudo, detesto los conciertos de pop-rock en teatros. El otoño pasado asistí a uno de Pereza en los Teatros del Canal, mentalizado ya de permanecer sentado la mayor parte del espectáculo, que yo esperaba acústico y tranquilo. No fue así, y muchos espectadores optaron por levantarse del asiento a la menor oportunidad. Yo seguí estrictamente el protocolo y no me levanté hasta que los de la fila anterior me obligaron a hacerlo, pero eso no impidió que la imbécil que me tocó detrás me regañara a mí por ello. Supongo que pretendía que yo regañara a los que me precedían, y así hasta la fila uno. Moraleja, hay conciertos que no son para teatros.

 

 

Pero, volviendo al principio, basta con que me encuentre un jueves sin plan y se me cruce por delante una oferta de Atrápalo (“Mmm, bueno, veinte euros es un poco más razonable…”) para hacerme cambiar de opinión. Como el Teatro Compac Gran Vía tiene ochocientas cincuenta butacas, los siete conciertos consecutivos de la banda suman un total de cinco mil novecientas cincuenta personas (si he multiplicado bien, que al fin y al cabo, quien nace de letras muere de letras). Con lo que, a esos precios y sin la promoción de un disco nuevo que presentar, es normal que un tercio de las entradas acaben vendiéndose con descuento. Aún así, Hombres G siguen gozando de una posición envidiable para un grupo de pop-rock ligero que sacó su primer disco hace ya un cuarto de siglo.

 

Hay dos supuestas ventajas de los conciertos en teatros: la comodidad y la acústica. Por desgracia son presunciones, no hechos. A favor de Atrápalo hay que decir que la visibilidad de las entradas que me asignaron era excelente: justo en el centro de la cuarta fila del anfiteatro. Pero, como sucede en la mayoría de entresuelos de los recintos de este país, el arquitecto, quizá un mutilado de la Guerra Civil, no tuvo en cuenta que los espectadores tienen piernas. Permanecer allí dos horas rozaba la tortura inquisitorial. Al final optamos por situarnos en un lateral del anfiteatro, con una visión menos privilegiada pero algo más de holgura entre filas, y sin nadie detrás a quien molestar.

 

Mis anhelos de una acústica impecable se desvanecieron a la primera canción, una no precisamente estruendosa: Lo noto. Al menos en el primer piso, el sonido no pasaba del aprobado, y era la voz de David la más castigada por la falta de claridad. Eso sí, su bajo hacía temblar los muros de la sala. Dos cosas más para acabar la enumeración de todo lo malo: un calor exagerado, presente desde el primer minuto, y un juego de luces aleatorio que a veces ponía más énfasis en la platea que sobre el escenario.

 

 

Pero la gente no estaba por la labor de que la nula escenografía, el tibio sonido, la temperatura o la incomodidad les impidieran pasárselo bien. Como me encanta prejuzgar, aquí lanzo mi teoría, una de ésas que hace que la gente se cabree y me insulte en los comentarios: muchos de estos espectadores no van a más de dos conciertos por año (el otro, el de Miguel Bosé en el Palacio de deportes en septiembre). Si en 2003, cuando Hombres G se reunieron, aún podían verse caras jóvenes en el coso de Las Ventas, en 2010 todos los presentes hemos dejado bien atrás la veintena. Muchos incluso la treintena. No creo que los jóvenes que venían hace siete años hayan envejecido prematuramente, sino que su curiosidad se satisfizo con uno o dos conciertos y ahora ya sólo quedan los verdaderos fans. O verdaderas, porque las notas agudas al cantar las delatan: Hombres G sigue siendo un grupo para las chicas.

 

David prometía en una entrevista reciente algunos cambios de repertorio de un día a otro de esta tanda de conciertos, un detalle para aquellos admiradores que tuvieran pensado repetir (espero que nadie planee ver siete conciertos en siete días, por su salud mental y por su bolsillo). No sé lo que tocaron las tres primeras noches y, por tanto, no sé cuántas de estas “rarezas” se repitieron una y otra vez. El jueves sonaron En mi coche, En la playa, Hace un año, Dos imanes y la inenarrable No te puedo besar, interpretada por el batería Javi Molina. Seré un malpensado, pero a mí me resulta incómodo escuchar a un hombre de mediana edad cantar “voy a buscarte al colegio para estar contigo un poco más, y yo me siento un poco viejo al verte de uniforme, ¡qué preciosa estás!”.

 

 

Esas canciones fueron bienvenidas por casi todos los presentes, que berrearon sus estribillos y aniquilaron sus arreglos marcando siempre el mismo tempo con sus palmas (hasta los hinchas de un partido de fútbol tienen más sentido del ritmo, caramba). Las que no entraron tan bien fueron la media docena de canciones nuevas, procedentes del próximo elepé del grupo, a publicar en septiembre. Al menos David ha aprendido la lección. No creo que haya olvidado cuando, en su concierto de abril de 2003 en La Riviera, preguntó al público “¿queréis una canción nueva?”: la respuesta fue espontánea, unánime y negativa. La gente no quiere que los Hombres G crezcan, sino justo lo contrario, que los hagan sentir jóvenes. Así que David ya no pregunta, impone. En descargo de los espectadores, ninguno de los nuevos medios tiempos tiene fuste de clásico: el único que podría superar la prueba del tiempo es Separados (y la banda lo tiene claro, pues se lo guarda para el primer bis).

 

Los temas nuevos y las rarezas dejaron fuera del repertorio algunos himnos en apariencia inamovibles, como Visite nuestro bar, El ataque de las chicas cocodrilo o Suéltate el pelo. Claro, uno lee la frase anterior sin haber estado allí y da por sentado que el concierto estaba ya abocado al fracaso. No fue así. Hombres G tienen un arsenal de artillería pesada que enmienda cualquier desastre. Con Si no te tengo a ti, Indiana, Nassau, ¿Por qué no ser amigos?, Voy a pasármelo bien, Temblando, Venezia, No te escaparás, Marta tiene un marcapasos y Devuélveme a mi chica pueden tenerte cantando sin parar durante la segunda hora de concierto, haciendo olvidar ciertos sinsabores de la primera. Vamos, lo que se llama “hacer un Loquillo”. Y eso es lo que pasó anoche.

 

No tengo claro hacia dónde va la carrera de Hombres G, pues su público no está por la labor de dejarlos avanzar. Dan un paso adelante y dos atrás. Pero seamos honestos: ¿qué fan de Bruce Springsteen no prefiere oír cualquier tema de Born to run antes que uno de Working on a dream? Seguro que La Unión o Mikel Erentxun darían un brazo por tener un público tan numeroso y fiel como el de Hombres G. El secreto de su éxito es lograr poner una sonrisa en los labios de los espectadores al final de cada concierto. Eso es lo que nos hace volver a por más.

 

Hombres G (Bar Pop´n´Roll, Madrid, 25/06/09)

 

Jota78

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10 comentarios

  1. Arancha

    Insisto en q tienes q ir a un concierto de Miguel Bosé, aunque sea en el Palacio de los Deportes; y a uno de Luz ¡¡¡en teatro!!!

    7 mayo, 2010 en 4:05 pm

  2. jota78

    A Luz Casal la vi en directo hace cinco años en el Mediatic Festival de Alicante. No tengo ningún recuerdo de aquel concierto, salvo la imagen de Luz sobre el escenario. Pero no sé lo que tocó.

    Respecto a Miguel Bosé… Respuesta diplomática: no es para mí. Respuesta de corazón: si huele a mierda y parece mierda, ¿tengo que pisarla para comprobar que es mierda?

    7 mayo, 2010 en 9:59 pm

  3. María

    Bueno, yo soy una de esas fan de los Hombres G que va a sus conciertos esperando que toquen las canciones de siempre, y aprovecho las canciones nuevas que no conozco para ir a hacer cola al váter… y disfruto como una enana y salgo con la sonrisa en la cara. No puedo esperar a verles el próximo 29 de mayo en Londres 🙂

    10 mayo, 2010 en 2:35 pm

  4. Los Hombres G, madre mía, menudo perezón. A lo mejor si fuera sábado y gratis, me animaba alguna vez. Lo mismo para Miguel Bosé, pero peor aún, tendrían que pagarme por ello, no valdría con simplemente ser gratuito.

    ¡Larga vida al Barón (Rojo), coño!

    10 mayo, 2010 en 5:38 pm

  5. Jota78

    Créeme Galko, lo pasarías bien en un concierto de los Hombres G (gratis y al aire libre ya sería la crema). Se puede discrepar sobre su calidad y legado musical, pero su capacidad para crear buen rollo en directo está fuera de dudas (para comprobarlo, consultar el DVD en directo en Las Ventas, 1 de julio de 2003).

    10 mayo, 2010 en 9:54 pm

  6. Alvaro

    Yo estoy con Maria, deseoso de que lleguen a Londres. Podiamos ir juntos!
    Habra algun ingles en el concierto?

    11 mayo, 2010 en 12:39 pm

  7. Pingback: Los Rebeldes (Sala Copérnico, Madrid, 15/10/10) / Vinila Von Bismark & The Lucky Dados (Teatros del Canal, Madrid, 16/10/10) « Si la tocas otra vez…

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  9. mabel urpay meza

    quiero decir que a mi tambien me gusta la musica de recuerdo como la de hombres g que es tan chebreeeeeeeeeeee es la mejor musica que e escuchado y yo soy unas de sus fans que baila , canta y disfruta de ello

    14 marzo, 2011 en 2:40 am

  10. Creo que los G son de lo mejor ,que pasa es que no han escuchado lo nuevo (10/desayuno continental) excelentes discos,se los recomiendo larga vida!

    10 octubre, 2011 en 6:25 am

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