Un diario de conciertos

FLASHBACK: Bruce Springsteen & The E Street Band (Palacio de deportes, Madrid, 25/11/07)

(Éste fue el primer paso de un viaje que culminaría dos años después en Nueva York y Nueva Jersey).

 

Bruce Springsteen publica su tercer disco y anuncia su tercera gira en tres años. Y esta vez sí, con la E Street Band. Los tours en solitario y con la Seeger Sessions Band fueron sendas delicatessens para los fans, si bien todos echamos de menos el escalofrío que produce oír ese piano, ese saxo, esa batería. No es que importe mucho a estas alturas pero, además, el disco Magic viene cargado de buenas canciones que no tendré ningún problema en escuchar en concierto. ¿Cómo expresarlo? Este otoño estoy que no cago con el regreso de la E Street Band.

 

Interesantísimo vídeo, casi un making of:

 

Hay menos de treinta fechas anunciadas entre Estados Unidos y Europa, aunque todo el mundo sabe que la gira se prolongará en estadios en el verano de 2008. Los catalanes continúan atónitos por haberse quedado fuera de este tramo del tour, que recalará en Madrid y Bilbao como primeras paradas europeas. Como ya tengo entradas para el concierto del 17 de diciembre en el pabellón Bercy de París, decido que puedo pasar por alto la fecha del País Vasco, que además cae en lunes. No contemplo la posibilidad de perderme el concierto de Madrid. Pero el trabajo me obliga a delegar en otra persona la misión de conseguir las entradas (alguien menos bregado que yo en estas encarnizadas luchas cibernéticas) y el escenario imposible deja de serlo: me quedo sin pasaporte a la felicidad. Bruce Springsteen & The E Street Band van a tocar por primera vez en un recinto a cubierto en mi ciudad y yo podría no estar allí para verlo.

 

La gente se sorprende de mi templanza ante dicho revés, pero eso es porque ellos en mi lugar hubieran tirado la toalla. Estoy tranquilo porque sé que voy a entrar en el Palacio de deportes el próximo 25 de noviembre: sólo estamos discutiendo el precio. Como este concierto entra en la categoría de “altamente codiciado” y la demanda supera a la oferta, sé que no puedo esperar piedad de los reventas que tengan ese cheque en blanco en forma de entrada en sus manos. Unos “gastos añadidos” de cincuenta euros parecen razonables en tales circunstancias, al menos si lo miras desde el lado del vendedor. Dos días antes del concierto encontramos a nuestro hombre. Cuando expresamos nuestras dudas sobre la autenticidad de las entradas, el reventa (a quien suponemos profesional, porque incluso tiene página web) acepta aplazar el pago hasta después del concierto. Estupefactos, pero sin nada que perder, aceptamos el trato.

 

El primer reto se ha superado: tenemos entradas, y además de pista. Lo siguiente es lograr entrar en el pit, la zona más cercana al escenario, separada del resto por una valla de seguridad. No hay confirmación de que esta “zona reservada” vaya a habilitarse en el concierto de Madrid (no la hubo en Las Ventas el año pasado, con la Seeger Sessions Band), pero varios cientos de personas nos acercamos al Palacio de deportes por la mañana “por si acaso”. Reina el caos y nadie tiene muy claro que las colas y las listas sirvan para algo, porque es evidente que allí hay más gente reunida de las quinientas que pueden llegar a entrar en el pit. Tampoco ayuda que el Palacio tenga varios accesos, lo que aumenta el nerviosismo colectivo por no saber dónde va a tener lugar el hipotético reparto de pulseras. Pero la suerte nos sonríe: en el lateral menos masificado del recinto atisbamos a un hombre con un ramo de pulseras en la mano. Nos hacemos con las nuestras sin hacer cola ni estar apuntados en ninguna lista. Dudo que todos vayan a ser tan afortunados.

 

¿Estamos locos?

 

Recapitulo: hace cuarenta y ocho horas no tenía garantía alguna de ir a estar en el concierto, y ahora sé que voy a ver a la E Street Band más cerca que si estuviera en La Riviera… La vida es buena, joder. Con nuestro sitio de privilegio asegurado, nos marchamos en busca de una siesta, una cópula y una ducha, y volvemos tan felices a las nueve de la noche. Hay nervios en el momento de acceder al Palacio: ¿y si nuestras entradas resultan ser falsas, después de todo? No salimos de la duda porque nadie las escanea. Bueno, mejor así. Estamos dentro y eso es lo único que importa.

 

Los quince mil espectadores tienen la misma expresión histérica del perro que espera de que le lancen la pelota. Los de grada hacen la ola una y otra vez; como los asientos por detrás del escenario también se han vendido, el oleaje parece no terminarse nunca. El famoseo es francamente heterogéneo: de los Príncipes de Asturias a Martin Scorsese, quien dirigió a Clarence Clemons en New York, New York (dice la leyenda que Robert DeNiro robó la frase “are you talking to me?” de un concierto de Bruce en el que éste respondió así al clamor del público). Al entrar en el pit, estamos tan extáticos por la holgura de la que disfrutamos a pocos metros del escenario que no podemos evitar ponernos a bailar. Los espectadores aprisionados al otro lado de la valla nos contemplan con envidia insana.

 

 

La demora de cuarenta y cinco minutos sobre la hora prevista de inicio resulta agónica, porque en realidad son cuatro años y medio lo que llevamos esperando este concierto, desde el lunes 17 de mayo de 2003 (el último concierto de la E Street Band en Madrid, en el estadio de La Peineta). Cuando por fin las luces se apagan, la intensidad de los aullidos a lo largo del Palacio hace que me duelan los tímpanos. Un foco blanco ilumina una extraña “jukebox” al fondo del escenario mientras suena una versión instrumental de The man in the flying trapeze. Se acabó la espera.

 

Radio Nowhere es la primera canción del concierto, desaparecida entre la algarabía colectiva. Casi mejor, porque el sonido no es espléndido (mejorará poco a poco) y Bruce aprovecha para hacer in situ sus ejercicios de calentamiento de voz y afinación. O desafinación. Detalles sin importancia. Paso revista a la E Street Band: Patti Scialfa se ha quedado en casa; Steve Van Zandt está bastante gordo; Clarence Clemons, en cambio, ha perdido peso pero apenas puede caminar; y éste es el primer concierto en la historia de la banda sin Danny Federici, que ha sido sustituido por Charlie Giordano mientras combate un cáncer de piel. Glups.

 

 

Puede que la máquina esté desajustada y con algún tornillo flojo, pero sigue siendo una apisonadora. No surrender y Lonesome day funcionan como válvula de escape de la olla a presión en la que se ha convertido el Palacio. Con nuestros nervios y la voz de Bruce ya más templados, es buen momento para escuchar un par de temas nuevos algo menos estruendosos: Gypsy biker y Magic. Recibimos entonces un SMS de nuestro extraño reventa indicándonos su número de cuenta. Se nos pasa por la cabeza no pagar, pero he leído demasiados relatos conspiranoicos de Richard Matheson y Stephen King como para no temer que sea una organización dispuesta a cortarme un dedo meñique si no cumplo lo pactado. Sólo es dinero, me digo a mí mismo. ¿Cómo se cuantifica la ilusión? ¿Acaso no estoy a cinco metros del mismísimo Big Man? Me vale con eso. Y con una anécdota bizarra para contar el resto de mi vida.

 

 

En la gira en solitario de 2005, Bruce reinventó la canción Reason to believe distorsionando su voz y su armónica mientras marcaba el ritmo pateando el suelo con su bota: logró así un sonido de ultratumba espectacular. Ha recuperado la idea para esta gira, pero incorporando a la E Street Band. Max Weinberg entra con su redoble de tambores a mitad del tema y toda la banda le sigue a continuación. El efecto es incendiario y quince mil personas cabalgan esa lengua de fuego de buena gana. La concatenación de clásicos que le sigue, Darkness on the edge of town, Candy´s room y She´s the one, ensanchan a diestro y siniestro las sonrisas tontas que veo a mi alrededor. Si tuviera una rama, me fustigaría por haber dudado de la E Street Band cuarenta minutos atrás.

 

Resulta que la alegre Livin´ in the future es una canción con trasfondo político y yo no me he enterado. Bruce aprovecha para lanzar pullas a su país y a su presidente con algo más de gracejo que Michael Moore; pero lo que de verdad importa a sus fans es que ha dejado la guitarra y… espera, sí… ¡ahí viene, caminando por la plataforma lateral! No intento tocarlo ni fotografiarlo como hacen otros, simplemente lo escudriño de arriba abajo, fascinado porque el icono de las portadas de los discos haya tomado forma humana y esté frente a mí. Quizá porque soy el único que parece prestar atención a la letra, Bruce me sostiene la mirada durante tanto tiempo que llega a resultar incómodo: ¿pero qué quiere este hombre de mí? Por fin centra su atención en otra parte y suspiro aliviado. Si esto me lo hace Beyoncé, sufro un paro cardiaco instantáneo.

 

 

Después de The promised land (con la coda de People get ready que antes llevaba la desaparecida Land of hope and dreams) estoy en éxtasis, pero también con la vejiga a punto de estallar. Lo malo de estar en el pit es que no te queda otra que cruzar el pabellón entero si quieres ir a mear o a por una cerveza. Decido que me compensa perderme un par de canciones (I´ll work for your love y Tunnel of love) con tal de no estar sufriendo lo que queda de concierto. Al final resulta que ir y volver no es tan dramático como parece, incluso con un par de cervezas en la mano: mientras bailo estúpidamente durante Working on the highway, pienso que así deberían ser todos los domingos del resto de mi vida.

 

No hay palabras para describir la experiencia de escuchar Badlands en vivo junto a otras quince mil personas: nadie en el Palacio se priva de golpear el aire con su puño, poseído por esa rabia feliz. Lo que me hace preguntarme qué pensará el Príncipe Felipe de esa estrofa de la canción que dice: “el pobre quiere ser rico, el rico quiere ser rey, y un rey no se da por satisfecho hasta que lo domina todo”. Badlands ocupa por fin el lugar que merece en el repertorio, justo antes de los bises. Para cuando Bruce vuelve a ponerse junto al micrófono, todo su público vocifera al unísono, en su mejor tono hooligan: “¡¡ZAN-DER-ROUD!! ¡¡ZAN-DER-ROUD!!”. El cantante ríe, nos hace saber que lo ha entendido y pide un poco de paciencia. A continuación interpretan Girls in their summer clothes, que parece una canción distinta una vez despojada de la sobreproducción del disco.

 

 

Y sin más dilación, Bruce sopla su armónica y todo el mundo pierde los papeles. Lo de menos es que Thunder road ya estuviera contemplada en este punto del repertorio original: pide y se te dará. Puestos a soñar, ¿qué puede haber más emocionante que empalmar las últimas notas de este clásico con las primeras de Born to run? Yo digo que nada, una vez experimentado. Las luces del pabellón encendidas nos hacen sentir que este momento nos pertenece a todos, no sólo a los que están encima del escenario. Aunque éstos se afanan en demostrar que sí, que han nacido para correr y aún no están listos para dejar de hacerlo.

 

Dancing in the dark y American land ponen punto y final a la fiesta. Bruce confirma entonces lo que todos sospechábamos: “¡nos vemos en verano, Madrid!”. Por la euforia desatada, queda claro que los quince mil presentes repetirán en el Santiago Bernabeu en julio. Yo soy el más feliz de todos porque sé que sólo tendré que esperar veintidós días para volver a sentirme así.

  

Jota78

Anuncios

8 comentarios

  1. k

    Este que relatas fue mi primer concierto con la E Street Band (antes había visto a la Seeger en Valencia). También me había quedado sin entrada (yo a la puerta de una tienda Tipo, donde no pudieron comprar ni la primera). Un amigo me consiguió una no sé de qué extraña manera (sin pagar más, encima). En la grada, a 2 metros de Martin Scorsese, concretamente…

    Me has hecho revivir con mucha nitidez lo que sentí en aquel concierto. Cómo casi se me paró el corazón cuando escuché la batería de Candy’s Room, que es una de mis canciones favoritas.

    Bueno, yo también hice una crónica de aquel concierto. Está de enlace en mi nombre, si quieres leerla. Un saludo.

    6 mayo, 2010 en 1:38 pm

  2. k

    (Es el segundo comentario que hago, el primero no ha subido, espero que no se repita).

    Te decía en el anterior que este fue mi primer concierto de la E Street Band (había ido a Valencia el año anterior a ver a la Seeger). Que también me quedé sin entrada en una tienda Tipo y que conseguí una (a su precio) a través de un amigo. Estuve a dos metros de Scorsese, lo que hizo la espera bastante entretenida.

    El caso es que tu relato me ha hecho revivir lo que sentí aquel día. La crónica que yo misma hice está en el enlace de mi web, por si quieres leerlo.

    (Y otra vez disculpas de antemano si al final el comentario está repetido.)

    Un saludo.

    6 mayo, 2010 en 1:44 pm

  3. jota78

    Hola K,

    siento que hayas tenido que repetirlo, no sé por qué ha considerado spam tus mensajes. Ahora voy follao, pero en cuanto tenga tiempo me leeré con mucho interés tu crónica de aquel día.

    Saludos!

    7 mayo, 2010 en 3:46 pm

  4. k

    Bueno, si quieres borrar uno de los dos por mí perfecto, son demasiado parecidos 😀

    9 mayo, 2010 en 7:01 pm

  5. Qué fácil soy, diantres, ya se me han puesto los pelos de punta otra vez, sin más. Recuerdo aquel concierto con mucha intensidad, pues el palacio realmente pudo venirse abajo. La parte final, con las luces encendidas y todo cristo pegando botes descontrolado, me trae recuerdos de felicidad que no se igualaron ni en el Bernabéu, ni en el Camp Nou, ni en Zorrilla. No por nada, no sé, sería que en 2007 hacía cuatro años que no veía a la E Street Band, pero me parecieron más la hostia que de costumbre.

    Y yo sí logré entradas porque madrugué, me pedí el día libre y me planté en un Carrefour a las seis de la mañana. Qué cosas hacemos, qué cosas hacemos, pobres madres.

    10 mayo, 2010 en 5:46 pm

  6. Jota78

    Hombre, los cuatro años y que era un Palacio, que siempre ayuda.

    10 mayo, 2010 en 9:56 pm

  7. Pingback: Esa borrosa emoción… « El blog de Jorge Arenillas

  8. Pingback: ‘Big Man’ Clarence Clemons (1942-2011) « Si la tocas otra vez…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s