Un diario de conciertos

Bruce Springsteen & The E Street Band (Estadio José Zorrilla, Valladolid, 01/08/09)

Un aguacero inclemente se estrella contra el parabrisas del coche a medida que te acercas a Valladolid el sábado por la mañana, y no sabes cuál de las dos posibilidades es peor: que el concierto se cancele o que se celebre bajo la lluvia. Al menos en el segundo caso tienes garantizado escuchar una deliciosa versión del Who´ll stop the rain de John Fogerty como apertura, pero también muchas penurias y un más que posible resfriado. La tromba de agua es la causante de que las inmediaciones del estadio estén casi desiertas. Es fácil detectar cuáles de los presentes son los fans viajeros: aquellos que llevan chanclas, bermudas y camisetas de tirantes, y con cara de sentirse idiotas por no haber previsto nada para protegerse del frío y la lluvia (en el Carrefour colindante harán su agosto, literalmente, vendiendo sudaderas cutres). Al cabo de un rato, las nubes se quedan secas y los ochocientos fans que ya están apuntados a la lista van apareciendo de debajo de las piedras para el reparto de pulseras. Otros quinientos aún sin numerar nos sumamos a la cola, lo que añade un elemento de caos que ralentiza el proceso hasta hacerlo durar un par de horas. El objetivo, en todo caso, se cumple para todos.

 

 

El número en el dorso de mi mano es el 1014, novecientos puestos más atrás que en Bilbao. Al principio no me preocupa porque es justo lo que quiero, entrar al pit media hora antes de que comience el concierto y verlo con comodidad a poca distancia. Pero una vez en el estadio descubro la terrible verdad: eso ya no es suficiente para mí. Los que ven el concierto desde la grada creen que eso es genial porque nunca han bajado al césped; los que están en la parte trasera de la pista nunca sabrán lo que se pierden por no estar en el pit; y los que consiguen la pulsera y se quedan atrás a sus anchas, ni imaginan lo electrizante que es ver a la banda desde la primera fila. Es casi imposible no descubrirte a ti mismo comparando las distintas perspectivas desde las que viste un determinado momento del espectáculo, y la comparación siempre es odiosa para mi posición en el pit pucelano (que muchos envidiarían). Bruce es una droga: siempre quieres más, y más pura.

Al estadio algunos lo llaman Nuevo Zorrilla, no sé si irónicamente, porque el lugar está ruinoso. Tanto los espectadores de pista como los de grada llegan a su zona accediendo por las mismas empinadas escaleras, con lo que el colapso es de campeonato. El césped (no precisamente verde) está a reventar de gente que no puede más que permanecer de pie en su sitio por la imposibilidad de caminar hacia ningún lado. La organización multiplica el caos obligando a los del pit a dar una vuelta absurda cada vez que intentan salir y volver a entrar en su zona. Es imposible hacer razonar a nadie: su actitud de “yo sólo soy un mandao” se parece bastante a la defensa que utilizaron algunos de los acusados de crímenes contra la humanidad en los juicios de Nuremberg. En mitad de esta vorágine, me acuerdo de la maravillosa organización británica de los conciertos de la E Street Band en el Emirates Stadium el año pasado, y me pregunto si en España llegaremos alguna vez a parecernos remotamente a eso… El recinto está lleno, como en Bilbao y Santiago de Compostela; Sevilla y Benidorm no llegaron a tanto. Aún así, es asombroso el poder de convocatoria de un músico que, con la E Street Band, con la Seeger Sessions Band o en solitario, ha dado ¡veintisiete conciertos en España en los últimos diez años! Como ejemplo comparativo U2, su más directa competencia de rock de estadio, sólo nos han visitado en seis ocasiones en esta década, así que la conclusión es clara: a la masa le gusta Bruce Springsteen.

 

 

A las nueve y cuarto, cuando todavía faltan cuarenta y cinco minutos para que caiga la noche, Roy Bittan (y no Nils Lofgren) sube al escenario para tocar un instrumental al acordeón: nadie sabe qué esperar después de que en Benidorm interpretaran Los pajaritos de Maria Jesús. No sé si Roy falla con las notas o es la algarabía la que no me permite escuchar, pero no reconozco el pasodoble que algunos periódicos dirán al día siguiente que tocó. De todas formas, qué más da. Bruce grita “¡hola, Valladolid!” (yo en su lugar hubiera dicho Pucela, que al ser trisílaba resulta más fácil de pronunciar para un americano) y los muros tiemblan. Aunque London calling y The ties that bind fueron comienzos arrasadores para Londres y Bilbao, ésta es la primera vez que puedo apreciar de verdad cómo funciona Badlands para abrir un concierto. Y chico, qué forma de sacarle los colores al noventa por ciento de los músicos de este mundo: cada vez que las baquetas de Mighty Max aporrean sus tambores, te sientes como Mike Tyson calzándose los guantes para pelear una vez más por el título.

Sólo han pasado seis días, pero me parece que Bruce está más guapo y más cachas que la última vez que lo vi, y que conste que no me preocupa lo homoerótica que pueda sonar esta sentencia. Lo que es seguro es que está de un humor excelente (siempre lo está, en realidad), y se lo pasa pipa vacilando a los cámaras durante Spirit in the night. La incorporación de una tercera pantalla gigante a espaldas de los músicos es un gran acierto y Bruce interactúa con ella a menudo, como cuando nos da la espalda a los espectadores reales para jalear a los espectadores virtuales que aparecen en ella. Aunque el público no necesita estos trucos escénicos, pues le bastan unas palabras en un más que decente castellano durante Working on a dream (“nosotros ponemos la música, vosotros el ruido”) para pasar del entusiasmo a la locura colectiva.

 

 

Una provocadora pancarta que le acusa de “no tener pelotas” logra su objetivo: Bruce pone a la banda a trabajar en una enérgica versión de Great balls of fire, bastante mejor, dicho sea de paso, que la que pude escuchar por boca del mismo Jerry Lee Lewis el mes pasado. De un sobre cerrado extrae la siguiente petición, Something in the night, que el remitente asegura no haber podido oír en diez años de conciertos. Bruce le hace feliz, aunque la canción no resulta demasiado apropiada para este bloque del concierto. El carrusel emocional vuelve a elevarse con Surprise, surprise, dedicada a una niña de catorce años recién cumplidos que se deshace en lágrimas en la primera fila. El tema no es mi favorito de Working on a dream, pero es agradable ver que Bruce deja de pisarle el cuello a su propio disco; lo mismo que con el anterior Magic, del que tocan Girls in the summer clothes en lugar de la cansina Radio Nowhere. Lástima que Bruce, afónico una vez más, sea incapaz de replicar la voz de la grabación original (tampoco ayuda que el productor Brendan O´Brien se pusiera “philspectoriano” en dicha canción).

 

 

El sonido es bastante bueno, por lo que las entradas de la armónica de Bruce y del saxo de Clarence consiguen el impacto dramático deseado. Como el Big Man tiene además una buena noche, canciones tan trilladas como Promised land o Bobby Jean vuelven a sonar frescas una vez más. Durante el bis, Bruce hace la misma pantomima de siempre (presentar a gritos a la banda, sacar a bailar a una extasiada espectadora, fingir que está agotado, dar a su guitarra vueltas de 360º por encima de su cabeza), pero resulta aún más divertida de ver cuando puedes anticiparla. Un falso enfermero le pone una máscara de oxígeno y Bruce se levanta del suelo para rematar Twist and shout, tan veraniega en los conciertos de la E Street Band como el Gran Prix en televisión. La “temprana” despedida llega a los ciento setenta minutos, algo sensato si piensas que la banda va a subirse a otro escenario en Santiago veintidós horas después.

 

 

Por el hilo musical suena el tema de Ennio Morricone Once upon a time in the west, cuyo crescendo no ayuda a apaciguar a las excitadas masas. Las sonrisas de satisfacción se congelan cuando todos comprobamos que el estadio José Zorrilla es una jaula cuyo desalojo llevará al menos cuarenta y cinco minutos, con los consiguientes amagos de asesinato y suicidio de espectadores hartos de ser tratados como cabezas de ganado. Me abstraigo de las blasfemias en varios idiomas a mi alrededor pensando que mis próximos conciertos de Bruce Springsteen & The E Street Band (30 de septiembre, 2 y 3 de octubre) serán ya en el primer mundo, esto es, New Jersey. En esas circunstancias, creo que estará permitido soltar una lagrimilla escuchando Jersey girl o Drive all night.

 

 

Otras crónicas: 

París, 17/12/07

Londres, 30 y 31/05/08

San Sebastián, 15/07/08

Madrid, 17/07/08

Barcelona, 19/07/08

Barcelona, 20/07/08

Londres, 28/06/09

Bilbao, 26/07/09

 

Jota78

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3 comentarios

  1. Jota78

    Después de leer el absoluto caos en el que tuvo lugar el concierto de Santiago, con los porteros renunciando a pedir entrada y dejando entrar a la masa sin control, confirmamos que estamos en el Tercer Mundo, y que a lo mejor Doctor Music debería dejar de ser el promotor de los conciertos de Bruce en España.

    Galko, he tomado prestado tu video de despedida. Aquí tienes mis impresiones que, como siempre, no difieren mucho de las tuyas… Eso sí, Bilbao fue mejor.

    3 agosto, 2009 en 4:23 pm

  2. Jajaja, bueno, aceptaré que Bilbao fue mejor porque tu criterio en este caso es ley, pero yo en Pucela lo pasé “pirata”. Últimamente le estoy cogiendo afición a eso de hacer un video antes de que empiece y otro justo al final del concierto. Entremedias ya están otros para perder el tiempo filmando canciones, jeje, a mi esto me vale como recuerdo mucho mejor.

    La noche se inició con el pasodoble que yo reconocí a la mitad más o menos. Había debatido con mis colegas antes de entrar qué demonios tocarían como intro, pues Valladolid no tiene nada especialmente autóctono. ¿Un pasodoble? Bueno, supongo que en cierto modo así al menos puedes salvar la papeleta. Suscribo ampliamente el resto de la crónica, salvo lo referente a Surprise Surprise, que es una canción que a mi me gusta mucho, no sé bien por qué.

    Y nada, que vaya envidia me da ese viaje a New Jersey para ver de nuevo a Bruce… aunque bueno, yo también voy a los USA a mediados de agosto para un par de semanas. Aunque eso sí, sin conciertos. Creo.

    6 agosto, 2009 en 5:09 pm

  3. Pingback: Bruce Springsteen & The E Street Band (Madison Square Garden, Nueva York, 07 y 08/11/09) « Si la tocas otra vez…

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