Un diario de conciertos

John Fogerty (Escenario Puerta del Ángel, Madrid, 13/07/09)

“¿Crisis? ¿Qué crisis?”, deben pensar los promotores de conciertos españoles, que este año se han atrevido a traer a la plana mayor del panorama musical angloparlante, con llenos frecuentes a pesar de los precios desorbitados (al menos en la capital: Depeche Mode pinchó la semana pasada en Valladolid, metiendo a 17000 personas en un aforo de 30000). La situación se ha vuelto tan histérica que hemos llegado al punto de tener que elegir entre Metallica, John Fogerty o Lou Reed en dos días consecutivos. Como ya tuve hace tres años el privilegio de recibir un castigo sónico del autor de Metal Machine Music desde la fila 1 de un teatro (me faltó valor para bostezar porque le creía muy capaz de darme un guantazo), esta vez los “dioses del metal” y el ex-líder de Creedence Clearwater Revival han ganado la partida. Aunque para verlos a ambos tuviera que revender unas entradas, comprar otras y quedar mal con unos cuantos amigos, era impensable perderme la primera visita a España de John Fogerty en cuarenta años de carrera.

Para mí, el sonido Creedence es el de las películas de John Landis de los ochenta, vía VHS o Betamax. En el prólogo de En los límites de la realidad, Dan Aykroyd y Albert Brooks viajan de noche por una carretera solitaria, cantando a pleno pulmón The midnight special hasta que el radiocassette se les come la cinta. Luego uno de ellos se transforma en un horrible monstruo y mata al otro, pero eso no viene al caso: lo importante es que esos dos saben contagiarte en noventa segundos la alegría de vivir contenida en la música de la Creedence, y desearías ir en ese coche cantando con ellos. En otra película de Landis, Un hombre lobo americano en Londres (que es anterior a En los límites de la realidad, pero yo la alquilé después), la banda sonora está compuesta exclusivamente por canciones que contienen la palabra “moon” en el título, y en ella no podía faltar la electrizante Bad moon rising. Tanto caló en mí la asociación del cine de género de serie B con el repertorio de esta banda, que acabé metiendo su versión de I heard it through the grapevine en un corto de zombies que mis amigos del instituto y yo hicimos a mediados de los noventa. Eran tiempos más permisivos, hoy en día la SGAE me crujiría por ello.

Os lo he descrito por el puro placer de hacerlo, pero uno o dos vídeos de YouTube valen más que mil palabras:

 

 

Así que algún bagaje sentimental tienen para mí las composiciones de John Fogerty, aunque bastante tibio en comparación con el de aquellos hombres de mediana edad que crecieron escuchando el crepitar de los vinilos de la Creedence. Tres mil de ellos llenaron ayer a rebosar el Escenario Puerta del Ángel, y su expectación por ver el concierto que les había sido negado durante décadas cargó de electricidad el ambiente. El encargado del hilo musical no se andaba con chiquitas y pinchaba temas del mismo Fogerty que no sonarían luego en el concierto, como Almost Saturday Night.

Los escasos ocho minutos de demora sobre la hora prevista de inicio le resultaron insoportables a más de uno. Los seis músicos que acompañan a Fogerty (bastante más jóvenes que él) salieron a enchufarse sin mucho teatro, pero la estrella se hizo de rogar un poco más. Cuando por fin se dejó ver, estalló la locura: la primera estrofa de Hey tonight hizo que la estructura de mecanotubo que sostiene la grada amenazara con venirse abajo, tal fue el estruendo de tres mil gargantas cantando a pleno pulmón. El sonido claro y potente también hacía vibrar el suelo de la plataforma alzada que hace las veces de pista.

A pesar del tremendo bochorno, Fogerty (suena un poco impersonal llamarlo así, pero es mi primer concierto suyo y tampoco voy a tutear a un señor de sesenta y cuatro años) tuvo el valor de salir a escena con una extravagante cazadora bien abrochada, que no se quitaría en los primeros veinte minutos. Físicamente está en plena forma, además de tener un pelazo digno del mejor anuncio de champú; la dentadura, en cambio, es demasiado perfecta para ser genuina. Aparte de su poderosa presencia, su mejor aval es su voz: mientras que a Dylan, Jagger o Springsteen tanto arañarse la garganta empieza a pasarles factura, la de Fogerty sigue tan en forma como en sus mejores tiempos. Y como queriendo recuperar los años perdidos en los que nunca se animó a visitarnos, Fogerty arrancó su show con seis canciones consecutivas de Creedence Clearwater Revival que embargaron de emoción a todo el mundo (siempre es bonito ver a hombres hechos y derechos perder los papeles si la ocasión lo merece). Bad moon rising, Green river, Susie Q., Who´ll stop the rain, Lookin´out my backdoor… Aquello no paraba. A cada canción reaparecía el backliner con una guitarra aún más alegremente colorida que la anterior, y Fogerty las amortizaba arrancándoles solos con su sonido icónico. Poco después tocaron The midnight special, y ver a toda la grada en pie, vibrando de corazón, no es que me pusiera el vello de punta, no; es que hubiera podido cortar cristal con mis pezones. Y eso que no hacía frío precisamente.

 

 

El ritmo era demencial, gracias sobre todo a que ninguna canción de Fogerty dura mucho más de tres minutos. Se dieron un respiro con Don´t you wish it was true, de Revival, su ultimo disco publicado (un par de temas más del mismo sonarían a lo largo del concierto), y con Joy of my life, en la que el cantante incluso se sentó en un taburete. Este tema es una constante en los repertorios de Fogerty sobre todo por estar dedicado a su mujer, porque no es una de sus grandes composiciones. También tocaron un par de temas de marcado acento country, propulsados por excelentes solos de violín; pero pronto volvieron al rock and roll de regusto cajún con Born on the bayou, que no es de mis favoritas pero nadie le puede negar su condición de clásico. Las guitarras sonaban potentes y belicosas, comprensible teniendo en cuenta que llegaron a ser ¡cinco! sobre el escenario, sumando acústicas y eléctricas. Acostumbrado a oír los solos algo ahogados por el conjunto de las grabaciones originales de los sesenta y setenta, escucharlos en directo era como ver nacer de nuevo las canciones.

Seguro que Fogerty suscribe esta frase del Boss: “un público emocionado es un público emocionante”. Y éste lo era porque, a diferencia de varias generaciones de americanos que han tenido oportunidades de sobra para ver un concierto de John Fogerty, nosotros sentíamos que estrenábamos unos magníficos zapatos nuevos. Para cuando Fortunate son cerró el bloque principal del show a los cien minutos, muchos estaban ya en la estratosfera. Fogerty se marchó del escenario a la carrera, y así volvió también al cabo de un minuto. Rockin´ all over the world y Proud Mary añadieron más leña al fuego, tanta que supieron a poco cuando vimos que aquello era todo el bis y que el espectáculo había terminado. Era injusto sentirse decepcionado después de una hora y cincuenta minutos de semejante entrega, pero todos hubiéramos querido más. Por el hilo musical sonaba de nuevo Fogerty, lo que tenía su punto de recochineo, porque era como enseñarle al perro el hueso sin llegar a dárselo. Pero los profesionales backliners americanos (todos bien tatuados) ya estaban haciendo su labor de desmontaje, así que la fiesta había acabado.

 

 

Es asombroso que Fogerty compusiera tantas buenas canciones con Creedence Clearwater Revival en tan poco tiempo (¡siete discos en cuatro años!), pero más increíble todavía es que podamos escucharlas en directo cuarenta años después sin que hayan perdido ni un ápice de su magia o su valor. Para mí, el concierto de John Fogerty ha sido el acontecimiento musical del año.

Jota78

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5 comentarios

  1. Pues no la crisis, pero sí que tengo una novia y tengo que repartir gastos, hicieron imposible mi presencia en este concierto, y eso a pesar de que unos amigos fueron e intentaron convencerme. Tristemente, no tengo dinero para todo, jeje, y ya se acercan las vacaciones veraniegas… tuve que elegir y opté por los Me-ta-lli-caaa! Pero un concierto que empieza con la alegría de Hey Tonight bien hubiera merecido un dispendio más por mi parte, desde luego. Según leo, debería haber ido, pero en fin, no pudo ser. Y sí, es fascinante la cantidad de clásicos que este tipo facturó en menos de diez años.

    16 julio, 2009 en 1:16 pm

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  5. espin

    Jorge!!! cuanta razón tienes…..desde luego ése será siempre unos de los muchos conc iertos a los que voy, recorriendo distintas ciudades del mundo y del que tengo la suerte de decir “YO ESTUVE ALLÍ”! Todo un lujo que los árboles que encierran el escenario-caracola de la Puerta del Ángel de Madrid pudieran agitar sus hojas con las vibraciones de la marrrrrcha que este tío sigue teniendo a sus 64 largos añossssssssssssssss! Un 10!

    29 abril, 2010 en 9:44 pm

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