Un diario de conciertos

M-Clan (Campo de fútbol La Vía, Coslada, 13/06/09)

Diez de la noche del sábado en el nuevo piso de Ana P., bonito y acogedor, pero no demasiado céntrico. Ella pone Memorias de un espantapájaros en el equipo de música y yo me dedico a perder el tiempo en internet robándole el WiFi a algún vecino incauto.

-Bueno, al menos estoy a un paso de Coslada -dice con ironía.

Normalmente me hubiera reído, pero sus palabras han puesto en marcha algún mecanismo mental que todavía no sé a dónde conduce. Coslada. Sábado 13 de junio. Pasos de equilibrista… Algo hace clic en mi cabeza, y mi dedo hace lo propio sobre el ratón. En efecto, M-Clan tocan en las fiestas de Coslada dentro de media hora.

 

 

Desbaratada la idea de pasar la noche en casa sin hacer nada, nos lanzamos al coche en busca de un campo de fútbol que no sabemos situar en una ciudad en la que nunca hemos estado. Está predestinado que asistamos a este concierto y nada nos va a detener, ni siquiera esos treinta y siete grados de puro bochorno que anuncian una tormenta inminente. Ni tampoco que el año pasado acabáramos hartos de M-Clan después de verlos cuatro veces en directo. Ana P. no ha mentido, Coslada está a cinco minutos de su casa. En otros cinco encontramos el recinto ferial que, por costumbre, presuponemos colindante al lugar de las actuaciones. Tardamos casi un cuarto de hora en encontrar aparcamiento, así que nos bajamos del coche justo a la hora prevista de inicio del concierto, las diez y media. Llueve suavemente, pero el mercurio no da tregua. Algunos lugareños nos indican el camino y llegamos al lugar con quince minutos de retraso. Nos quedamos petrificados al ver una cola de mil personas que rodea el campo de fútbol.

 

El motivo del colapso es que los guardas de seguridad están haciendo entrar a todos los asistentes por una única puerta de doble hoja, en la que escudriñan bolsos y mochilas con una atención por el detalle digna de un aeropuerto. Cuando resulta evidente que a ese ritmo se hará de día antes de que entremos todos, abren una segunda puerta de acceso, ésta sin cacheos absurdos. Son cerca de las once, pero el concierto aún no ha empezado y no está muy claro que vaya a hacerlo: los instrumentos, los monitores y la mesa de sonido están cubiertos con plásticos, y las torres de bafles a cada lado del (paupérrimo, modestísimo) escenario están descolgadas. La carrerita que nos hemos pegado aumenta la sensación de ahogo provocada por el bochorno, por lo que nos dirigimos a las barras para beber algo y rezamos para que el viaje no haya sido en vano.

 

La llovizna afloja un poco y los “pipas” se ponen a trabajar, conscientes de llevar ya una hora de retraso sobre el horario previsto. Uno de ellos incluso trepa por la resbaladiza estructura de mecanotubo y mueve los focos a pulso sin preocuparse antes de atarse el arnés; todos lo miramos fascinados, preguntándonos si el resto de su vida (y el devenir de nuestra noche) no se concretará en ese mismo instante. Por suerte no ocurre nada, y a las once y media todo está listo para empezar.

 

La forma en la que los músicos suben al escenario y se enchufan sin ninguna ceremonia deja claro desde el principio que para ellos, más que un concierto, es un bolo. Sólo Tarque aguarda en un lateral a que el hilo musical se apague antes de salir a escena. El cantante está algo más delgado que el año pasado, aunque a cambio sus rizos son ya prácticamente blancos. Esta noche va vestido como Springsteen (chaleco sobre camiseta con los bíceps al aire, vaqueros imposiblemente ceñidos y botas), e incluso se atreverá durante el interludio instrumental de Las calles están ardiendo a intentar dirigir con sus movimientos al grupo como si éste fuera la E Street Band. Sin embargo, a quien de verdad empieza a parecerse Tarque como cantante es a Bob Dylan, por su forma de reinventar (y en ocasiones destrozar) las canciones: poniendo el énfasis esperado en el lugar opuesto de la estrofa, o bien interrumpiendo y retomando la letra, no ya en el ecuador de una frase, sino en mitad de las palabras, Tarque consigue que intentar cantar con él Usar y tirar o Llamando a la Tierra sea una experiencia frustrante.

 

 

Entre el público, algunos fans de M-Clan portan pancartas pidiendo Donde el río hierve y otros temas añejos. Su esfuerzo es infructuoso: el repertorio es el de siempre y el único guiño a la prehistoria de la banda es Perdido en la ciudad. La mayoría de los espectadores casuales, como siempre, se dan por satisfechos con saberse Carolina, aunque los dos primeros singles del último disco, Roto por dentro e Inmigrante, también son mayoritariamente coreados. Los fuegos artificiales provenientes del recinto ferial colindante le dan bastante magia a Maggie despierta, pero el despliegue de pirotecnia se eterniza durante cuatro canciones y acaba siendo una molesta distracción. Tarque vuelve a captar la atención general con una broma desafortunada sobre la corrupción policial en Coslada que no arranca ni una sola sonrisa a mi alrededor; supongo que el esperpento nacional que da pie a grotescas tv-movies sólo hace gracia visto desde fuera.

 

A la hora de concierto tocan Miedo y su primera estrofa resulta profética: “Para empezar, diré que es el final”. Es verdad, tenemos miedo, pánico, a los descomunales relámpagos que iluminan la noche de Coslada a sólo unos cientos de metros de nosotros. Los cielos se abren y empiezan a descargar el aguacero prometido, lo que brinda el segundo instante mágico de la noche (primero el fuego, luego el agua) durante el clímax de la canción, pero también finiquita el show a los sesenta y cinco minutos. El público aplaude igual, comprensivo y agradecido, y todos corremos a refugiarnos de las fuerzas de la naturaleza. Qué demonios, al menos hemos visto un concierto de M-Clan distinto a los demás.

 

 Jota78

 

Crónicas de conciertos de M-Clan en 2008: Joy Eslava, San Isidro, Fiestas de Boadilla y La Riviera.

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6 comentarios

  1. Diego

    Tio, haz un post sobre esto por favor

    24 junio, 2009 en 1:09 pm

  2. Jota78

    No seas injusto, Diego. Al menos ya conocen a Bruce… Eso sí, no van a ocupar su lugar; ni Bruce el suyo de futuros reponedores de Carrefour.

    24 junio, 2009 en 8:39 pm

  3. Jota78

    Por cierto, que es la bomba que les regañaran por no saber decir su nombre, y en la cartela previa a la actuación lo presenten como “Born to run” de Bruce SPRINSTEEN…

    Esto es una obviedad, pero en fin, nunca está de más repetirlo:
    OT NO ES MÚSICA, ES MIERDA.

    24 junio, 2009 en 8:42 pm

  4. Tenía apuntado el concierto de Coslada y hasta el mismo sábado no sabía si podría acudir. Finalmente fue que no y me jodió. Pero todo se arregló cuando el lunes una compañera de trabajo me dijo que habían tenido que parar tras una hora de actuación por culpa de la lluvia… así comprendí que por una vez tomé la decisión correcta, jeje. Y sí, este año los Clan se lo han trufado con unos cuantos bolos para sacar unos cuartos y no perder del todo la forma, pues no tienen más de siete conciertos confirmados en su web. Una pena, porque aunque el año pasado les vi varias veces, lo cierto es que una noche de verano siempre es mejor con Tarque haciendo el ganso.

    26 junio, 2009 en 5:42 pm

  5. Pingback: Loquillo (Parque de Aluche, Madrid, 29/05/10) « Si la tocas otra vez…

  6. Pingback: M-Clan (Sala Joy Eslava, Madrid, 22/12/10) « Si la tocas otra vez…

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