Un diario de conciertos

AC/DC (Estadio Vicente Calderón, Madrid, 05/06/09)

El tormento y el éxtasis: así son siempre los conciertos en el Calderón. Éxtasis, porque allí sólo tocan los elegidos (y ocasionales advenedizos), dioses del rock megalómano del calibre de los Stones, U2 o AC/DC, por lo que cada espectáculo en este estadio es único e irrepetible. Y tormento, porque la organización de tales eventos es un paroxismo de caos y descontrol que amarga (un poco) la dulce experiencia. Gracias a que la construcción del estadio quedó inmortalizada en el celuloide de la maravillosa Y si no, nos enfadamos (Marcello Fondato, 1974), sabemos que fue antes la gallina que el huevo: primero se levantó el coliseo futbolístico y después se construyeron todas las casas a su alrededor, acorralando al Calderón contra el río y provocando que su acceso y desalojo sea lo más parecido al desembarco de Normandía que tus ojos vayan a ver nunca (con suerte).

 

A las nueve menos cuarto las puertas ya están cerca del colapso. Lleva un rato franquearlas para lograr acceder al césped; pero cuando lo consigues, una vez el cielo nublado se abre ante ti y atisbas el gigantesco escenario, recuperas en un segundo el entusiasmo infantil con el que abandonaste el Palacio de deportes la noche del pasado 2 de abril. Los teloneros The Answer hacen un trabajo fino precalentando a la parroquia, que tampoco lo necesita porque los nervios ya están a flor de piel. Las decenas de miles de personas presentes han venido a tomarse la revancha por no haber sido invitadas al concierto de hace dos meses, y nada puede aguarles la fiesta, ni siquiera la amenaza de lluvia. Bueno, una cosa sí que podría jodérsela, pero ese otro temor no se ha concretado: hay cerveza. Y no San Miguel 0.0, Shandy Cruzcampo, Laiker o cualquier otro sucedáneo sin alcohol, sino Mahou de toda la vida, patrocinadora extraoficial de la música de AC/DC. Sí, todo está bien, hay orden dentro del caos.

 

 

Con la birra, claro, viene el pis, y como la organización ha considerado que veinticinco retretes portátiles para veinticinco mil personas en el césped es una proporción adecuada, pronto las esquinas del estadio empiezan a oler a fluidos humanos. Que quede claro que el amante del rock duro no mea en un vaso de plástico porque le guste, sino porque no le dejan elección… Por suerte, el ambiente fresco impide que al olor a orina se sume el olor a transpiración, un cóctel que ya hubiera sido criminal. El sol se esconde poco a poco y los cuernos luminosos se cuentan por cientos en las gradas. Algunos asientos de visibilidad lateral están vacíos porque sus ocupantes han encontrado la manera de bajar a pista: no importa, todos los que traigan esa sonrisa estúpida en la cara son bienvenidos. Las diez de la noche: que corra la cerveza, que comience el show.

 

 

Howard Hawks rodó varias veces la misma película y Stephen King ha escrito a menudo el mismo libro: imagino que ambos encontrarían un interesante desafío en las permutaciones de sus obsesiones recurrentes. Perdón por la inmodestia, pero yo no me siento capaz de mejorar mi crónica del concierto de AC/DC en el Palacio de deportes, así que reordenar las palabras para decir otra vez lo mismo carece de sentido. No digo que no sea un reto literario, pero ahora mismo no puedo planteármelo porque hago más cosas en la vida aparte de este blog. Como los conciertos del Palacio y el Calderón fueron similares en un 99% (una hazaña de por sí), os remito a dicha crónica para una descripción pormenorizada del espectáculo, y paso a comentaros los elementos extramusicales que aportaron alguna singularidad al show del estadio. Son estos:

-La lluvia. Hasta en tres ocasiones a lo largo del concierto jarreó con notable intensidad, la segunda de ellas durante The Jack, por lo que es admirable que Angus no dijera “que se desnude tu padre” o algo parecido. La moral de la tropa a los pies del escenario permaneció también intacta.

-La envergadura. No tengo la impresión de que los elementos físicos de atrezzo (la locomotora, la campana, la muñeca hinchable, los cañones) fueran más grandes que hace dos meses, pero todo el refuerzo de iluminación y pirotecnia sí era mayor. También había una pantalla gigante a cada lado del escenario (además de las del propio escenario, que sí estaban en el Palacio) orientada hacia la grada. Sendas gorras tamaño XXL con cornamenta luminosa remataban las torretas de las que pendían decenas de bafles.

-Brian Johnson y Angus Young acapararon toda la atención gracias a sus carreras por las pasarelas laterales del escenario, relegando al resto de la banda a un nada metafórico segundo plano. Al final del concierto, los más despistados se preguntarían seguro si había alguien a cargo de la base rítmica.

 

 

El resto es lo de siempre, pervertir el dicho hasta convertirlo en “más vale bueno conocido…”: decibelios, testosterona y alegría de vivir, no hay que darle más vueltas. Cierto que la música de AC/DC es más simple que una carraca y que su retrato constante de la mujer como puro objeto de deseo (impagable la imagen de Angus pilotando un bombardero con un cargamento de tías buenas) puede ofender a feministas sin sentido del humor… pero quedémonos con lo bueno: la garganta de Johnson escupiendo notas imposibles, los disparatados solos de Angus, esa vibración que provocan los graves que parece que vaya a partirte la caja torácica, los empujones en hermandad, los señores de Murcia que hacen los cuernos, la cerveza chorreando por tu barbilla mientras la bebes sin control, los chavales berreando “¡¡yuuu shukmi olnaitlong!!”, el olor a porro que llega desde no se sabe dónde, el estruendo de cincuenta mil personas gritando y aplaudiendo a la vez… Algún día recordaremos todas esas sensaciones asombrosas y diremos: la juventud era eso.

 

“¿Sabes ese pitido que oyes? Ese piiiiii… Son las células de tu oído que se mueren: es como su canción de despedida. Cuando pare, nunca volverás a oír esa frecuencia. Disfrútala mientras puedas” (Julianne Moore a Clive Owen en Hijos de los hombres).

 

Jota78

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4 comentarios

  1. Era la primera vez que los veía en concierto, tenía muchísimas ganas… y no me defraudaron en absoluto… estuvieron impresionantes, pura locura… y eso que este concierto lo tuve que ver desde la grada…

    Salu2

    9 junio, 2009 en 9:28 pm

  2. La juventud es justamente esto, tienes toda la razón. Se me había pasado dejarte un comentario, ya sabrás perdonarme. Tu crónica es casi tan buena como la del pasado abril, jaja, casi lo consigues. Yo fui uno de los afortunados que desde un lateral bajó a la pista con una sonrisa de idiota y de felicidad totalmente incomparables, puesto que eso era justo lo que le faltaba a la tarde-noche para ser perfecta. Saludos!

    26 junio, 2009 en 5:47 pm

  3. Pingback: Lucinda Williams (Sala Joy Eslava, Madrid, 18/07/09) « Si la tocas otra vez…

  4. Pingback: Muse (Estadio Vicente Calderón, Madrid, 16/06/10) « Si la tocas otra vez…

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