Un diario de conciertos

Le Punk + Sidecars (Universimad, Madrid, 15/05/09) / Mago de Oz (Teatro Español, Madrid, 17/05/09)

Pertenezco a esa extravagante minoría de españoles a los que les gusta su trabajo. Si sumamos a eso la ausencia de hobbies, se comprende que la concatenación de fiestas y puentes que hemos tenido el último mes en Madrid me haya hecho atisbar cuán terrible puede llegar a ser mi jubilación. Pero ya me preocuparé de eso llegado el caso. La cuestión es que, con tanto tiempo libre, uno hace cosas que normalmente ni se le pasarían por la cabeza, como pagar por ver a Mago de Oz en un teatro o ir a un concierto gratuito en la Ciudad Universitaria: dos actividades que te reconectan (reconcilian sería decir demasiado) con el entusiasmo y la tersura postadolescentes,  y te recuerdan qué deprisa pasa el tiempo.

 

El concurso Rock Villa de Madrid cumple los mismos años que yo, treinta y uno. Hace un lustro asistí a la actuación de los finalistas y ganadores en el Paraninfo de la Universidad Complutense, con el colofón de la actuación de Burning, y no éramos más de trescientos espectadores aquel domingo por la noche (esa cifra queda bastante deslucida en la gigantesca explanada donde se celebran las actuaciones); así que, para sobrevivir, la entrega de premios se integró en el Universimad, una jornada de doce horas de conciertos gratuitos que tiene más tirón entre los universitarios. El cartel es francamente ecléctico, abarcando desde el denso Corcobado hasta los ubicuos La Excepción. Mis otras actividades de jubilado (comerme un bocadillo de panceta de cinco euros en la pradera de San Isidro, por ejemplo) sólo me permitían ver al díptico de Alameda de Osuna formado por Sidecars y Le Punk a las siete de la tarde. Qué raro resulta escuchar rock canalla de raíz stoniana mientras el sol sigue castigándote la nuca (aunque las hemerotecas darán fe de que la primera actuación de los Rolling en Madrid transcurrió de día).

 

Como diría el señor Spock, es “lógico” que me gusten Sidecars: son un calco de Pereza, el grupo estrella de Alameda, en su sonido, su actitud y su discurso. Eso es lo que percibí cuando telonearon a Rubén y Leiva en el Madrid Arena en diciembre de 2007, ignorante todavía de que Juancho (cantante de Sidecars) es hermano pequeño del segundo. Y ahí es donde el tema se pone peliagudo: aunque se haya crecido mamando la misma música y adorando a los mismos grupos, es psicológicamente poco recomendable seguir a pies juntillas el camino trazado por tu hermano. No para la discográfica, claro, que se ahorra el trabajo de fabricar un imitador convincente del grupo de éxito (a la manera de los sucedáneos de Andy y Lucas que pueblan el sur de la península): Sidecars se lo dan hecho a buen precio. Pero en fin, que exista Pau Gasol no significa que su hermano sea malo, sólo que vivirá siempre a la sombra de éste. Si eso no es un problema para Juancho, tampoco lo es para mí. Tardé un par de años en librarme de prejuicios y aceptar que me gustaban Pereza, así que puede que acabe pasándome lo mismo con Sidecars. En Universimad lograron enganchar a la gente en apenas media hora de actuación y, a mi alrededor, varios chavales tarareaban las canciones con entusiasmo. La vida da muchas vueltas, quién sabe qué hermano teloneará al otro en 2015.

 

Más en mi salsa me sentí viendo a Le Punk, seguramente por cercanía generacional. Su rock balcánico-arrabalero de querencias cabareteras (¡toma!, he conseguido meter cuatro géneros en la misma frase) sale disparado hasta la estratosfera con la inestimable ayuda de los metales de No Reply, cuya consigna parece ser: soplar o saltar, lo que sea salvo estarse quieto. La alianza es perfecta. Una vez más, sólo pude verlos durante cincuenta minutos, así que tengo que repetir lo que dije a propósito de su concierto en El Sol, el pasado diciembre: no sé si dos horas de semejante intensidad serán agotadoras. Algún día lo comprobaré. Lo que está claro es que el mismo Diego Manrique, presentador de Corcobado, sabía que éste tenía la batalla perdida después de la aclamación popular con la que los universitarios despidieron a Le Punk.

 

Hagamos una elipsis temporal de cuarenta y ocho horas, y plantémonos en el tercer palco del Teatro Español. El aburrimiento dominical y los precios populares me han empujado a lo impensable, al menos para mí: ver un concierto de Mago de Oz. El rock duro de notas agudas no es lo mío, ni me veo ya botando en comunión con otros cuerpos sudados (AC/DC es la excepción que confirma la regla), por lo que la extravagancia de ver al sexteto pirata en un vetusto teatro clásico me parecía, a priori, la mejor de las opciones.

 

Lo reconozco, me equivoqué. Dos veces. La primera, por mirar por encima del hombro a Mago de Oz, que tienen un directo bien divertido; y la segunda, por creer que iba a estar mejor en un teatro que en un parque, una plaza de toros o cualquier otro recinto al aire libre. La grada alta del Teatro Español es un infierno. Me pregunto cómo haría el antes citado Gasol para sentarse en una butaca allá arriba, porque incluso a mí, que soy el típico españolito de gama media, las rodillas se me aplastaban contra el respaldo de la fila anterior: puede que algún espectador haya muerto del síndrome de la clase turista durante alguna representación teatral particularmente farragosa. Pero quizá lo peor de todo era la carestía de aire acondicionado, lo que hizo que las glándulas sudoríparas adolescentes a mi alrededor se pusieran a trabajar a tope, hasta el punto de provocar arcadas.

La que te sabes…

 

Confiaba en que los entregados fans de Mago de Oz (todos con su camiseta homologada) se levantaran de los asientos nada más pisar el escenario el grupo, pero no fue así. Ni siquiera los saltos a la platea del cantante invertían la tendencia a clavar el culo al asiento: probablemente, los espectadores estaban algo cohibidos por la solemnidad del teatro, temerosos quizá de que un acomodador vestido de pingüino les llamara la atención por sus malas formas. La cosa es que los calambres en las piernas, la camiseta pegada al cuerpo por el sudor, el mareante olor y la mala visibilidad del escenario hacían imposible disfrutar del espectáculo, con lo que permanecer allí carecía de sentido. A los tres cuartos de hora tiré la toalla y salí a la calle a respirar aire puro. Dos lecciones aprendidas: que Mago de Oz me lo pueden hacer pasar bien en algún futuro concierto al aire libre (a poder ser, con un mini de cerveza en la mano), y que Madrid está lleno de teatros a los que la piqueta debería enseñar modales, porque su tiempo ya pasó.

 

Jota78

Anuncios

2 comentarios

  1. ana

    pero la que me se, no la tocaron en el teatro!

    18 mayo, 2009 en 8:19 pm

  2. Yo me pasé un rato con la bici (ese es uno de mis hobbies, te lo recomiendo) por el Universimad a primera hora de la tarde y escuché algo desde fuera, tumbado por ahí al sol. Escuché a L.A., que me molaron un huevo y luego a This Drama, ruidosos que te cagas. Después me tuve que largar porque mi novia había ganado la partida esta vez y esa noche tocaba pasarse por la pradera de San Isidro a comer un bocata de panceta (te lo juro) y luego a ver a Mikel Erentxun. Mikel estuvo aburrido de cojones y hubiera preferido ver a Le Punk (les veré con Bunbury en Las Ventas, espero) y compañía, pero bueno.

    Sobre los Mago de Oz, a mi me gustaron bastante a principios de siglo y les vi un puñado de veces. De repente pasé totalmente de ellos, pero tengo claro que si tengo oportunidad de verles en circunstancias propicias (justo las que propones tu) seguramente acabe haciendo un viaje al pasado a su costa.

    Has tenido un puente entretenido después de todo, ¿no crees?

    19 mayo, 2009 en 5:28 pm

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s