Un diario de conciertos

Franz Ferdinand (Palacio de deportes, Madrid, 03/04/09)

Suena de nuevo la campana. Parece que sólo ha pasado un segundo desde que me dejé caer desfallecido en el taburete, pero los demás dicen que ya es la hora. Las sienes me palpitan, las rodillas se me doblan, casi no puedo abrir los ojos… aunque mi entrenador insiste en que sí, que el anterior asalto lo gané y que también puedo con éste. No dejo de acordarme de Alí, quien después de ganar combates apoteósicos hizo el ridículo un par de veces por no saber tirar la toalla a tiempo. Pero, ¡qué coño! Pongo mi mejor mirada del tigre y me lanzo otra vez al centro del ring, como si AC/DC no me hubieran dado ayer esa paliza; como si Franz Ferdinand fueran un peso mosca que no merecen ni un poquito de mi miedo. A pesar de que todavía oigo los acordes de la última canción de anoche, esa que dice “piiiiiiiiiii…”.

 

El público de los escoceses es algo más “sofisticado” que el de los australianos, y cuidan mucho los detalles estéticos: donde aquellos ponían camisetas remangadas y cuernos luminosos, estos ponen corbatas finas y flequillos imposibles. Hay que apuntar que también son algo distraídos: se empeñan en formar una cola para entrar que cruza entera la plaza de Felipe II, cuando todos los accesos del Palacio son de libre uso. Otra curiosidad es que, al ser todo el recinto de entrada general, prefieren antes ocupar un asiento de grada alta que bajar a pista (justo lo contrario que los de la noche previa). Gracias a esto, logramos situarnos bastante cerca del escenario cuando los teloneros Mando Diao empiezan a tocar a las nueve y media. El grupo sueco lleva una curva ascendente que les convertirá en competencia directa de Franz Ferdinand en muy poco tiempo, así que es un gesto elegante por parte de estos dejar que sus quince mil seguidores madrileños descubran su potencial. Con un paisaje industrial a sus espaldas (digno del Bilbao de los ochenta) y un atinado juego de luces discotequero, Mando Diao lucieron como estrellas durante sus cuarenta y cinco minutos en escena. La penúltima canción fue ese superhit que el tercer disco de Franz Ferdinand no tiene, la infecciosa Dance with somebody. Ahí es cuando todo el Palacio prestó de verdad atención a la banda, aunque era evidente que ya tenían muchos fans entre las primeras filas. Para Mando Diao fue un éxito equiparable al del cuarteto de Alex Kapranos cuando abrieron para U2 en el Vicente Calderón, hace cuatro años ya.

 

Ir a comprar bebida en el lapso entre ambos conciertos fue una mala idea. Los escasos y desmotivados camareros no pusieron de su parte para evitar el colapso en las barras, por lo que mi amigo Emelius (no es que sus padres lo odien, es que prefiere mantener su anonimato) y yo tardamos veinte minutos en hacernos con nuestros preciados minis. Si la alelada muchacha que nos atendió no me hubiera preguntado cuatro veces “¿con limón o con Coca-Cola?”, quizá hubiéramos vuelto a tiempo con nuestros amigos antes de que se apagaran las luces. Una vez que la gente empezó a botar, fue imposible deshacer el camino andado y tuvimos que esperar a que salieran a buscarnos, quince minutos más tarde.

 

Es por esta circunstancia que no tengo una idea muy precisa del orden de las primeras canciones del concierto, aunque más o menos aprecié que era un popurrí de sus tres discos. Esto lo daba por sentado porque es lo habitual y porque, además, el último LP no tiene la potencia necesaria para dedicarle un bloque propio en el espectáculo. No es que carezca de éxitos: No you girls, What she came for, Bite hard o el primer single (y por tanto, la más conocida del lote) Ulysses le aguantan el tipo sin problemas a los temas famosos de la banda, y continuarán en el repertorio más allá de esta gira. Pero Tonight no es un trabajo incontestable como sus predecesores, y eso tiene sus consecuencias en el directo.

 

Una vez de vuelta con mis amigos, y con los sentidos puestos de nuevo sobre el escenario, confirmé lo que venía intuyendo en la distancia: iba a ser el peor concierto de Franz Ferdinand que había visto nunca. Para empezar, los grandes éxitos tienen arreglos nuevos (muy necesarios para que a los músicos no les asquee seguir tocándolos) que no funcionan mejor que los originales, soberbios por su inmediatez. También algunos tempos se han ralentizado con el mismo propósito, huir de la monotonía; pero han perdido ese ímpetu de tormenta sónica que tenían. Dicho esto, estoy seguro de que el ochenta por ciento de los asistentes pasaron por alto estas novedades. Otro factor fue el deficiente espectáculo de luces: los únicos focos que iluminaban a Kapranos eran cenitales, lo que le hacía parecer constantemente enfurruñado. No se podía borrar esa impresión mirando las pantallas porque… ah, no había (está visto que en el indie-rock alternativo es de maricas llevar pantallas, aunque seas un grupo de masas). En el panel detrás de los músicos se proyectaban de cuando en cuando formas y estampas de colores sin ninguna relación con las canciones, como si las hubieran sacado de internet y las estuvieran rotando en modo aleatorio. En resumen, un show visual indigno para cualquier grupo que tenga el cuajo de cobrar una entrada de cuarenta euros.

 

De todas formas, el factor decisivo a la hora de puntuar a la baja este concierto fue la falta de entrega de la banda; y reconozco que ésta es una apreciación muy subjetiva. Franz Ferdinand llevan un lustro (casi) ininterrumpido de gira, y en ese tiempo lo excepcional se ha convertido en rutina para ellos. ¿Puede ocurrir que decenas de miles de fans rugiendo al unísono ya no te la pongan dura? Tal vez, si los oyes cuatro veces por semana… Algunos lectores de esta crónica estarán pensando ahora mismo “¿pero qué está diciendo este mamarracho?”, y que conste que quizá tengan razón. Puede que el que estuviera al sesenta por ciento fuera yo, aunque habiendo visto tres conciertos anteriores de Franz Ferdinand dignos de matrícula de honor, el de anoche para mí se quedó a las puertas del notable.

 

Ya está dicho lo malo. Lo bueno, lo que hace que sea imposible salir a disgusto de un recital de Franz Ferdinand, ya lo sabemos todos: The dark of the matinée, Do you want to, Take me out… Qué canciones, qué barbaridad. Las torturadas plantas de los pies (ya bien machacadas la noche anterior al ritmo de You shook me all night long) piden clemencia, pero existe una fuerza irresistible que te obliga a seguir saltando. Qué orgía rítmica la del clímax de Outsiders, con todos los músicos aporreando juntos la batería; qué jeringazo de adrenalina directo al corazón This fire, cierre perfecto para cualquier concierto… En el fondo comprendes (sin disculparlo) que el repertorio apenas llegue a la hora y media: si pasara de las dos horas, los sanitarios tendrían que ponerse a la puerta del Palacio a repartir descargas a diestro y siniestro para reanimar a unos cuantos.

 

Voy a darme un tiempo antes de volver a ver a Franz Ferdinand en directo, y espero que ellos también se lo den: así el próximo combate será en igualdad de condiciones, y que gane el mejor. O que ganemos todos.

 

(No he encontrado el momento para hacer constar que el sonido fue bueno y -gracias a Dios- la mitad de potente que el de AC/DC. Empiezo a temer por mis oídos… ¿Qué pensáis? ¿Llevar tapones a los conciertos es de pusilánimes?)

Jota78

Artículo relacionado:

Franz Ferdinand (Rock in Río, Arganda del Rey, 06/07/08)

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9 comentarios

  1. ¿Tapones para los conciertos? ¡Nunca nunca y nunca jaja! Coincido bastante en tus apreciaciones. Realmente cansado por la noche anterior y todavía de subidón allí me planté y, bueno, mi veredicto es positivo para estos muchachos, aunque seguro que si hubiera podido bajar a pista me habrían gustado más aún. Mándame un email y me cuentas dónde esta esa puerta secreta que baja a pista anda… porque ayer me acordé de ti cuando vi que no podía bajar, te lo prometo, jeje. Y nada, por ahora creo que descanso hasta el 1 de mayo que voy a ver a Vetusta Morla en el Circo Price. Aunque nunca se sabe…

    4 abril, 2009 en 8:08 pm

  2. SaritaDay

    ¿Falta de entrega? No estoy de acuerdo, conectamos todos totalmente, nos hicieron cantar, saltar, bailar y partirnos las cervicales. También fue conmovedor que les gustase lo del “oé, oé”, se veía que les sorprendió y lo agradecieron con sonrisas y miradas asombradas. Y tocan como quieren, los tíos.
    Yo me di cuenta de que las antiguas las estaban tocando más lentas, y se me hacía difícil seguirlas a ritmo de bote, pero aún así me hicieron vibrar. Y las nuevas son la pera limonera. Ya es un cliché hablar del nuevo disco como un tanto fallido, debo de ser yo la única que lleva dos meses poniéndolo a todo volumen en el coche y notando cómo me pone las pilas igual que los otros dos. Pero es que en el concierto sonaron gigantes. Bite hard, en concreto, fue un bombazo, tal como esperaba, y espero que sigan tocándola porque yo con esa es que llego al paroxismo.
    Está claro que la que está entregadita soy yo, con FF no puedo ser objetiva, son sublimes y basta :).

    5 abril, 2009 en 1:31 am

  3. SaritaDay

    Por cierto, en lo de la pantalla te equivocas. Varias veces (menos de las deseables, estoy de acuerdo contigo) pusieron imágenes en directo, como en This fire:

    o en Lucid Dreams y Outsiders. De hecho, sin la pantalla no me habría dado cuenta del asalto a la batería, porque se me puso delante un armario de dos por dos, inamovible como una roca por más empujones y codazos que le di. No os preocupéis, se lo merecía, el muy simpático consideró la mar de divertido tirarse contra mí y otras tres o cuatro chicas con todo su tonelaje, dejándome un tirón en el cuello, para de paso plantarse delante como un pino, sin complejos.

    También pusieron los vídeos de No You Girls y Ulysses cuando las tocaron, y el resto de efectos iban muy con la estética del grupo, no comparto para nada tu desaprobación.

    5 abril, 2009 en 1:41 am

  4. SaritaDay

    Vale, el enlace es del 2005, ¡ja, ja, ja!, ya decía yo que no lo recordaba (tendréis que perdonarme, es que me perdí todo el final por culpa de la mole).

    5 abril, 2009 en 1:43 am

  5. Veo que no soy el único que piensa que estuvieron flojitos… Aunque a mí, me gustaron menos las otras veces que les he visto…
    Mi versión de los hechos en http://echocord.blogspot.com

    5 abril, 2009 en 6:30 pm

  6. En mi opinión, imparcial por ignorante, los ganadores del combate fueron Mando Diao. Por el factor sorpresa y esa actitud de estrellas del rock que demostraron. Si no fuera por la pinta niño-pera que se gastan con su flequillete perfecto y su cutis cremoso habría apostado a que destrozaron la habitacion del hotel antes y después del concierto.

    Bueno, ganaron ellos y gana siempre el empresario que pone los minis a 18 y 24 euros.

    5 abril, 2009 en 8:34 pm

  7. Pingback: Despedida y cierre: ¡Nos vemos en los bares! « Si la tocas otra vez…

  8. Hola, me podríais informar sobre la entrada “secreta” para bajar a pista? voy a ver a red hot chili peppers en diciembre al palacio de deportes en madrid y no sé como bajar a pista…

    muchas gracias,
    1 saludo!!!

    2 julio, 2011 en 12:58 am

  9. Jota78

    Hola Miguelón,

    el comentario de Galko se refiere a este párrafo que escribí en mi crónica de The Killers en el Palacio en 2009: “A las nueve menos diez (cuarenta minutos antes de la hora prevista de inicio del show) ya estaban cerrados los accesos a pista del Palacio, para evitar el colapso total. Por las caras de cabreo de la gente obligada a subir a grada, era evidente que todos habían venido a botar lo más cerca posible del escenario. Como el Palacio es un delirio de puertas y escaleras que no llevan a ninguna parte, en mi búsqueda de un baño menos masificado acabé encontrando un acceso ignorado que llevaba directamente a pista. Espero que la riada humana involuntaria que provoqué detrás mío no causara alguna muerte, pero me produjo cierta satisfacción ver las caras de felicidad de aquella gente que creía haber encontrado el camino a la tierra prometida. Después de mear, luché contra la inercia creada y volví a subir a grada. Yo soy así”.

    Bien, como ya sabrás, si miras hacia la calle Goya desde el interior del Palacio, hay dos accesos para llegar a pista, uno a cada lado, guardados por porteros que comprueban la entrada. La mayoría de la gente baja a pista por el acceso de la izquierda (siempre visto desde dentro hacia Goya) por ser el más cercano a la plaza de Felipe II; el de la derecha está algo menos masificado. Y junto a éste, hay un par de puertas corrientes, aparentemente cerradas, que llevan exactamente al mismo lugar que las vigiladas. Como están pegadas a un lavabo, si alguien te llama la atención, siempre puedes poner cara de tonto y decir que buscas el baño. Aquel día (ten presente que hablo de 2009) nadie me lo preguntó.

    También puedes escanear una entrada de pista (si la consigues) e imprimírtela; no te servirá para entrar al Palacio porque escanearán su código de barras, pero sí para acceder a pista con ella. Eso sí, recuerda romperla antes de dársela a nadie o te molerán a palos.

    Suerte y un saludo.

    2 julio, 2011 en 10:49 am

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