Un diario de conciertos

Juan Perro (La Casa Encendida, Madrid, 08/03/09)

Santiago Auserón ha sido noticia esta semana por motivos que, con seguridad, él hubiera querido evitar: su familia ha recibido una cuantiosa indemnización por la negligencia médica que acabó con la vida de su padre en un hospital madrileño en 2003. Dudo que el dinero sea un gran bálsamo para la rabia y la impotencia que se sienten en una situación así; pero la vida sigue, y Auserón tiene a punto un nuevo disco como Juan Perro, que presentó ayer en el pequeño auditorio de La Casa Encendida. Su actuación formaba parte de una jornada radiofónica retransmitida por Radio 3, en la que también actuaban otros artistas como Mastretta o La Excepción.

 

Nunca había visitado La Casa Encendida, un centro cultural patrocinado por la obra social de Caja Madrid. Se ubica en un edificio impresionante de varias plantas con una encantadora terraza en su azotea, y sus actuaciones musicales tienen lugar en un patio de luces (con una acústica terrible, como pude comprobar durante los quince minutos que soporté la actuación de los inefables Lala Love You) y el auditorio antes citado, sito en su sótano. La gratuidad de los conciertos obligaba a pasar casi tanto tiempo haciendo cola como disfrutándolos pero, como la gente se mueve a otro ritmo los domingos por la tarde, nadie protestó. Tras una breve presentación para los oyentes de Radio 3, Juan Perro y su nueva banda salieron al escenario a las nueve menos diez.

 

Durante mucho tiempo se ha mencionado a Dorian Gray a la hora de referirse al excelente aspecto del ya cincuentón Auserón, pero creo que puede empezar a hablarse de Benjamin Button: no es que el tipo no envejezca, es que parece rejuvenecer. Con la salvedad de una incipiente barriga, Auserón sobre las tablas sigue inmune al paso del tiempo. Sin sombrero ni traje chaqueta, pero con sus perennes gafas negras y ese pelo que parece siempre recién lavado, se sentó en una silla y agarró la guitarra acústica. Le acompañaban un trío de músicos cubanos (guitarra eléctrica, percusión y contrabajo) que harán las delicias de las féminas que acudan a los próximos conciertos de Juan Perro.

 

Auserón advirtió que las nuevas canciones que íbamos a oír eran “de libre circulación” (lo que arrancó un aplauso del auditorio, a saber por qué), aunque rogó a los que las grabaran que ejercieran de buenos productores fonográficos y no las hicieran circular si salían mal. Obviamente, él sabía que ninguna de las dos cosas iban a ocurrir: que la ejecución de los temas sería perfecta y la gente les daría la difusión que merecen. De no haberlo querido, dudo que hubiera colaborado en su emisión radiofónica.

 

Las nuevas canciones son, de forma inequívoca, de Juan Perro: llevan su marca indeleble. Como de costumbre, beben a medias del son cubano y del blues, sin hacer hincapié en los aspectos más farragosos de ambos géneros. La voz poderosa de Auserón sigue siendo la protagonista de la función, llegando incluso a interpretar personajes con ella, como en Poco talento (a nadie se le escapa que el título, o es irónico, o no habla de él: es lo segundo). Pero los músicos tienen su espacio también. El guitarrista Norberto Rodríguez es el que más atención capta, quizá por ser el único que toca de pie y porque sostiene la mirada a las espectadoras con una impudicia muy cubana; pero la base rítmica de Ronald Morán y Moisés Porro es la que logra que las canciones despeguen de verdad. La compenetración entre los cuatro conduce al equívoco, haciendo creer que llevan tiempo tocando juntos. No es así.

 

El ramillete de temas inéditos ocupó los cuarenta y cinco minutos de actuación antes de la despedida. Quizá la más celebrada fue la alegre Malasaña, un “country urbano” (según el propio Auserón) que es una declaración de amor al barrio, y de la que la gente coreó pronto su sencillo estribillo. Por lo apretado de los horarios, Auserón no se hizo de rogar para salir a interpretar un breve bis, aunque tuvo que esperar durante un minuto a su guitarrista, que se había ido a mear o a hacer Dios sabe qué. No más lágrimas y Charla del pescado sonaron bien, no tan exuberantes como las interpretaba el año pasado Auserón con la Original Jazz Orquesta, pero aún así perfectas para cerrar con buena salva de aplausos esta breve actuación, que llegó a los cincuenta y cinco minutos.

 

Juan Perro sigue a lo suyo; demuestra que el flujo compositivo no se seca, y que su poderío de frontman de raza no disminuye ni tocando sentado en una silla. Mi recomendación es no perdérselo.

 

Jota78

Artículo relacionado:

Santiago Auserón & Original Jazz Orquesta (Teatro Circo, Albacete, 19/06/08)

www.lahuellasonora.com

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2 comentarios

  1. En La Casa Encendida estuve yo trabajando un año, allá por 2005. El sitio está muy bien y, aunque en ocasiones está poblado por gente demasiado cultureta (gafapastas listillos de toda la vida, vaya), programa cosas muy interesantes. Por ejemplo, de este concierto no me enteré, porque si no… seguramente allí me habría plantado. Una vez vi a Juan Perro teloneando a Bunbury en las fiestas de Móstoles (creo que en 2002) y me gustó mucho. Creo que es un tipo con un talento contrastado y que en directo siempre es una garantía.

    18 marzo, 2009 en 6:39 pm

  2. Pingback: Juan Perro (Escenario Puerta del Ángel, Madrid, 10/07/09) « Si la tocas otra vez…

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