Un diario de conciertos

Tequila (Carpa de la Estación, Getafe, 20/02/09)

Sigue adelante la gira de reunión de Tequila. Rebajadas las expectativas de éxito comercial, el binomio Stivel/Rot se dispone a hacer las delicias de unas cuantas  fiestas populares en este 2009. El concierto de anoche (justificado por los carnavales de Getafe) no fue siquiera anunciado en su página web o en suplementos culturales, por lo que la mayoría de las seiscientas personas que llenaban la carpa eran espectadores casuales. Y variopintos: niños, pandillas de adolescentes, padres y madres de familia, señores maduros en chándal, fans de AC/DC e incluso algún que otro yonqui despistado.

Chema no pudo asistir…

 

Los seguidores de AC/DC estaban allí por los teloneros, el grupo de versiones AC/NE. Sin nada que envidiar a los algo más conocidos The Bon Scott Band (con los que, imagino, tienen una relación de amor/odio al estilo del Real Madrid y el Atlético), este quinteto ejecuta una reproducción musical impecable de lo que debe ser la banda australiana en directo (lo confirmaré en poco tiempo). Derrochan energía positiva y no se muestran tímidos a la hora de azuzar al público durante la hora y media que están sobre el escenario. Y se agradece que, al contrario que los Bon Scott, ni el cantante lleve boina ni el guitarrista vaya disfrazado de colegial: de la idiotez a la genialidad hay sólo un paso, pero de la genialidad a la idiotez, sólo un paso atrás.

 

Los AC/NE desmontaron ellos mismos su equipo, ayudados por los pipas de Tequila, y juntos batieron el premio Guinness a la rapidez: apenas diez minutos de lapso entre concierto y concierto. A las doce menos veinte empezaba a sonar la añeja sintonía del Batman de los sesenta, como preludio a la aparición de los argentinos (bueno, y del vasco, el madrileño y el americano que los acompañan). Con Rock and roll en la plaza del pueblo arrancaba un repertorio de una hora y cincuenta minutos, virtualmente idéntico al del concierto de La Riviera, el pasado 4 de octubre.

 

Si entonces los prietos pantalones de Alejo Stivel fueron verdes, esta vez eran rojos, bien combinados con una camiseta azul ceñida a su magro esqueleto. Cuestiones estéticas aparte, el devenir escénico de la banda y los comentarios del cantante entre tema y tema no se apartaban un ápice del guión previsto. Las diferencias, pues, había que buscarlas entre el público. Inevitablemente, no transmiten el mismo calor dos mil quinientos espectadores de pago que medio centenar largo del tipo “pasaba por aquí”. Y no es que no tuvieran sus razones para estar fríos porque, demonios, qué frío hacía en la carpa. Sólo los más inconscientes (y ebrios) se atrevían a quitarse el abrigo. Súmese a eso la distancia entre el escenario y la primera fila (no menos de diez metros, merced a una rampa algo inútil y varias vallas de obra) y se entenderá por qué el público de Getafe pareció distante y distraído durante gran parte del concierto. La acústica de la carpa no dejaba lugar a dudas: la mitad de los presentes estaban a lo suyo, charlando con su cuñado.

 

Viendo que aquello se les iba de las manos, Alejo se aplicó a fondo con sus trotecitos “jaggerianos” y Ariel estuvo sembrado con su guitarra, como siempre, por otra parte (me admira la facilidad con la que este hombre alterna sus conciertos propios con los de Tequila, como si pasar de frontman a guitarrista no le supusiera ningún problema). Que el tiempo no te cambie volvió a enganchar a la mayor parte del público ausente, gracias sin duda a su redifusión radiofónica del pasado año. Con Dime que me quieres llegaron la presentación de los músicos y la primera despedida; para entonces la reconquista era inapelable, y la gente gozó con el reprise en clave de blues de Rock and roll en la plaza del pueblo y la despedida y cierre con ¡Salta!, que muchos se tomaron como una órden.

 

Hay una razón por la que la mayoría de las fiestas populares tienen lugar en primavera/verano, y luchar contra ese principio es como ponerle diques al mar. Si la oscuridad temprana y el frío me hubieran disuadido de acercarme hasta Getafe, me hubiera perdido un buen concierto, sí; pero probablemente ahora no estaría llenando el teclado de mocos cada vez que estornudo, que es a menudo. A quienes puedan esperar al calorcito del verano, les recomiendo que no se pierdan el concierto de Tequila en su parque/barrio/auditorio más cercano. Lo pasarán bien.

 

Jota78

P.D.: Doppelgänger es el vocablo alemán para el doble fantasmagórico de una persona viva. La palabra proviene de doppel, que significa “doble”, y gänger, traducida como “andante”. Su forma más antigua, acuñada por el novelista Jean Paul en 1796, es Doppeltgänger, ‘el que camina al lado’ (Molina Foix: 10-11). El término se utiliza para designar a cualquier doble de una persona, comúnmente en referencia al gemelo malvado o al fenómeno de la bilocación… Según esto, mi Doppelgänger es sin duda Galko (www.mercadeopop.blogspot.com), que me sigue allá donde voy y casi siempre piensa igual que yo. O viceversa. Ahí va un vídeo suyo de anoche:

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Una respuesta

  1. Joder, qué casualidad, jajaja. Lo de los yonkis es cierto y muy curioso. Nosotros teníamos al lado una bien pintoresca que, eso sí, no paraba de bailar y de levantar los brazos. Una noche peculiar, pero un plan siempre ideal para el viernes en la noche. Y para el sábado en la noche también. Saludos!

    21 febrero, 2009 en 8:51 pm

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