Un diario de conciertos

Nacho Vegas (Sala Joy Eslava, Madrid, 31/01/09)

Buenos tiempos para el músico asturiano, que acaba de anunciar una tercera fecha en Joy Eslava después de agotar las entradas de las dos primeras. Como resulta difícil creer que su peculiar propuesta vaya a dar el salto a grandes recintos, quizá estemos asistiendo al cenit de popularidad de la carrera de Nacho; y eso a pesar de que El manifiesto desastre, su último disco, ha recibido algunas críticas bastante tibias. Yo, por llevar la contraria (y porque lo creo de verdad), digo que está muy bien.

 

No es que Nacho no se lo haya currado por sí mismo, pero es un hecho que El tiempo de las cerezas, el disco de 2006 a pachas con Bunbury, fue el que más ayudó a darle a conocer al gran público (Manta Ray, Lucas 15 o el Verano fatal con Christina Rosenvinge sólo pusieron sus granitos de arena en la playa de Bunbury). La promoción de aquel doble LP insistió en recalcar que se trataba de una colaboración, no de una competición. Basta con leer los créditos del disco para certificar que no fue lo primero, pues las aportaciones de uno en las canciones del otro no pasan de unos simples coros; en cuanto a lo segundo, la competición, todo el mundo la daba por ganada desde el principio por lo desigual de los contrincantes (¿un cantautor indie contra una superestrella del rock?). Pero, como a Apollo Creed la primera vez que se enfrentó a Rocky Balboa, la sonrisa autosuficiente le duró al maño hasta dos segundos después de recibir el primer guantazo. Bunbury reservó sus textos más discretos para su parte del disco, mientras que Nacho puso toda la carne en el asador y escupió temazos como Secretos y mentiras, La pena o la nada o El cazador. Ni un solo tema memorable de Bunbury salió de aquel disco, que no obstante se tomó la revancha en el directo, su hábitat natural: el DVD grabado ese otoño en el Liceu barcelonés da fe de que el huracán de Zaragoza le pasó por encima sin problemas al impasible chico de Gijón.

El hombre que casi conoció a Michi Panero:

 

Llevo un lustro dejando escapar oportunidades para ver a Nacho Vegas en directo precisamente por eso: por la certeza de que su magnetismo sobre las tablas es de corto alcance, que no va dejando estampas imborrables en la memoria como algunos otros frontmen nacionales (Bunbury sin ir más lejos). ¿Merece la pena ver en vivo a aquellos músicos cuyo fuerte está más en el fondo que en la forma? ¿No se disfrutarán mejor en soledad las sugerentes melodías y los enigmáticos textos de Nacho? Eso quise averiguar el sábado por la noche en Joy Eslava.

 

El teclista Abraham Boba hizo las veces de telonero aunque, al no estar anunciado, muchos no llegamos a ver más que el final de su actuación. Sonaba como algo que le gustaría a Nacho Vegas y, por extensión, a su público. Viendo la cola de entrada, daba la impresión de que la edad mínima requerida para acceder a la sala se había elevado a treinta años. Había algunas excepciones a la baja, como las dos jovencitas que tuve al lado durante el concierto y que corearon cada tema con un ímpetu propio de un fan de El Canto del Loco; o al alza, como la misma Christina Rosenvinge, a la que le salió el tiro por la culata al pretender pasar desapercibida haciendo la cola como todo el mundo. Cómo no va a mirarte la gente, Christina, si además de popular eres guapa a rabiar.

 

La sala estaba abarrotada y no quedó otra que abrir el segundo anfiteatro. Los que subimos allí tuvimos una buena visibilidad del escenario; no era como estar en primera fila, pero pronto iba a descubrir que, en un concierto de Nacho Vegas, la diferencia es casi insignificante. Pasadas las nueve y cuarto se dejó ver la banda, y el concierto arrancó sin dilación.

 

No es Nacho un tipo al que le guste componer trivialidades. A pesar de la ironía que las salpica, las letras están cargadas de gravedad; mientras que las músicas crean atmósferas sonoras tan densas que parece que se podrían cortar con un cuchillo. Tanta intensidad puede resultar agotadora en directo, y más todavía si quien las canta no mueve un músculo durante todo el concierto: como si seguir el ritmo de la música con el cuerpo fuera una frivolidad que desvirtuara el mensaje de la canción. Los cuatro músicos que acompañan a Nacho (entre ellos el guitarrista Xel Pereda, su compinche en Lucas 15) se cuidan mucho de no ensombrecer a su jefe. La única razón para seguir mirando al escenario al cabo de treinta minutos es comprobar si la banda se derrite al calor de los focos, porque la impresión de estar contemplando unas figuras de cera va en aumento.

Detener el tiempo, en la Joy:

 

Para alivio del personal, los instrumentos no apagan la voz de Nacho, cuya dicción es perfecta durante las canciones y más bien ininteligible cuando se dirige por primera vez al público, a la mitad del concierto, para presentar a la banda. Probablemente es parco en palabras porque ya lo dice todo de sí mismo en sus textos. Sus seguidores lo tienen claro y guardan a menudo un respetuoso silencio como no he oído en ningún otro concierto (salvo el de Micah P. Hinson, quizá). El exceso de contención convierte los temas más conocidos en auténticas válvulas de escape: hasta que no las oyes cantadas por novecientas gargantas, cuesta ver el potencial de Gang-bang, Días extraños o Secretos y mentiras como himnos de masas. Pero lo tienen.

 

El manifiesto desastre recorre el repertorio desde la segunda canción (Detener el tiempo) hasta los bises. Todo bastante previsible pero sin queja posible, porque El tercer día, Morir o matar y Dry Martini S.A. seguirán apareciendo en los recitales de Nacho años después de que termine esta gira de presentación del disco. Sin parlamentos ni pausas entre temas, la hora y cuarenta y cinco minutos de concierto es suficiente para completar una panorámica exhaustiva de la discografía de Nacho. De hecho, el fantasma de la monotonía ya empezaba a planear sobre unas canciones demasiado emparentadas en arreglos y tempos.

 

Nacho Vegas en concierto da lo que promete, por lo que no es justo criticarlo por ser como es. El problema, como sucede con ese otro cantautor español de parecido apellido y semejante bagaje vital, es que no encuentras demasiados motivos para verlo dos veces. Ojalá la mayoría no piense igual, así este momento dulce que vive Nacho en directo se prolongará en el tiempo. Yo me conformaré con los discos, donde está lo mejor que este hombre puede ofrecer.

 

Jota78

A falta de una web o un myspace de verdadero interés, os recomiendo esta página hecha por verdaderos fanáticos de Nacho Vegas: www.nachovegas.blogspot.com

Me he perdido:

 

Anuncios

6 comentarios

  1. No estoy de acuerdo con las apreciaciones que haces de El Tiempo de las Cerezas. Creo que hay al menos tres temas de Bunbury que están a gran nivel, sino más. A saber, El tiempo de las cerezas, Puta desagradecida y No fue bueno pero fue lo mejor. Estas tres bien valen ya la participación de Enrique en esa aventura.

    En otro orden de cosas, apuntar que Christina Rosenvinge me cae mogollón de mal. Los pocos contactos, poco más que tangenciales, que gente de mi entorno a podido tener con ella nos llevan a esta afirmación.

    Por lo demás, comentar que estuve realmente tentado de asistir, y que todavía esto tentado de ir el día 12 a la Joy, en la que será la tercera fecha de este hombre en el mismo recinto. Lo que ocurre es que por ahí están Oasis y Kings of Leon que me tiran bastante más. Y a la vuelta de la esquina U2, AC/DC de nuevo, Springsteen de nuevo… y no está la cosa para muchos dispendios, jeje. Pero nunca se sabe.

    5 febrero, 2009 en 6:10 pm

  2. Jota78

    Mi querido Galko… Si me tiras de la lengua me lloverán los palos una vez más por hablar mal de Enrique, y la ironía es que ¡soy fan suyo!

    No me disgusta ninguna de las canciones que escribió para El tiempo de las cerezas, pero no están en la lista de temas que quiero oír sí o sí cuando voy a verlo en directo. Creo que Hellville de Luxe es una clara mejora con respecto a su predecesor, y la verdad es que mientras escribo esto me apetece ver un concierto suyo. Y que me guste, o si no la gente me desollará vivo…

    En cuanto a lo de Nacho Vegas, bien vale un vistazo. O quizá es puro egoísmo y sólo quiero leer tu crónica, jeje…

    6 febrero, 2009 en 3:46 pm

  3. Jota78

    Ah, y en cuanto a Christina Rosenvinge, no sé si es buena o mala persona… ni me importa. Las pulsiones que me transmite son de otro tipo, imposibles de reproducir sin mancillar mi reputación.

    Dice Dry Martini S.A.: “Nacho, lo hiciste mal… fatal…”. ¡No estoy de acuerdo! ¡Nacho, lo hiciste muy bien!

    6 febrero, 2009 en 3:52 pm

  4. Pingback: del Madrid

  5. Muy buen post!

    4 marzo, 2009 en 6:08 pm

  6. diego

    “El tiempo de las Cerezas” y “El rumbo de tus sueños” son dos grandes canciones, en general. En cuanto al texto, “De esclavitud y de cadenas” es muy buena. Creo que, de todas formas, hay poca comprensiòn en relación a de lo que van la mayoría de los textos de Bunbury (la mayoría refieren a él y su modo de vincularse con la profesión que ejerce; “… ahora sé que encontrarás por ahí a otros mejores…” no se lo está diciendo a una mujer!!!), que suelen estar plagados de referencias intertextuales, aparte de ser muy evocativos (en el mismo sentido que los textos de Nacho Vegas suelen ser constructivos) Y aclaro que para la previa de “El tiempo de las cerezas” se pensaba lo contrario de lo que se dice en este post; todos suponían que bunbury no iba a estar a la altura

    13 abril, 2009 en 3:33 am

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s