Un diario de conciertos

Elliott Murphy & The Normandy All Stars (Sala Clamores, Madrid, 21/01/09)

Pretendía que esta crónica fuera la de una reconciliación: la mía con la sala Clamores, después del monumental cabreo que me provocaron las circunstancias en las que vi a Ariel Rot, el pasado diciembre. Tenía pensado comparar a la sala con esas novias imperfectas a las que tienes que querer de todos modos, pasando por alto todos sus defectos. De verdad, de verdad, tenía una buena predisposición para escribir un texto positivo.

 

No pudo ser. Setenta minutos después de empezar el concierto, después de que Elliott y su banda interpretaran la sublime On Elvis Presley´s birthday, me levanté y me marché. Mientras salía de Clamores, pude apreciar que un centenar largo de espectadores no estaban disfrutando del espectáculo como debían. Una vez más, las circunstancias arruinaban la experiencia. Lo de siempre en Clamores.

 

Puedo soportar la arrogancia del gerente, la ausencia de camareros la mayor parte del tiempo, el precio de las copas y la mala calidad del alcohol, el calor injustificado, la falta de espacio y los empujones…, porque voy a suficientes conciertos a lo largo del año como para haberme acostumbrado a ello. Lo que me saca de quicio es que mis entradas (compradas semanas antes) sólo me den derecho a una mesa prácticamente dentro del cuarto de baño. Un lugar de paso (si bien todos lo son) colapsado por unos cuantos espectadores de pie que, comprensiblemente, buscan a la desesperada un rincón desde donde ver el concierto. Y esos son los afortunados: por el fondo de la sala marean la perdiz todos aquellos que no pueden ver ni una esquina del escenario, acorralados por las columnas.

 

Cuando las malas condiciones de una sala impiden que una buena canción (y Elliott Murphy las tiene a patadas) te toque el corazón, sólo te queda respirar hondo, luchar contra tu instinto y tus deseos, y marcharte a la mitad del concierto. Supongo que es preferible eso a que un juez te imponga un curso de control de la ira por haber intentado estrangular al encargado.

 

Le he suplicado a Elliott Murphy por escrito que no abandone su tradición de visitarnos cada enero, pero que la traslade a otra sala; a una que al menos sea capaz de escribir su nombre bien en el programa, después de más de un lustro actuando allí. No sé si me hará caso pero, podéis creerme esta vez, yo sí que no volveré. Le di una oportunidad más a esta relación, y ella (la sala) no supo aprovecharla. Tendrían que tocar allí Bruce Springsteen o los Stones para que rompiera mi promesa, aún a sabiendas de que Clamores iba a destrozarme tal experiencia.

 

Jota78

P.D.: Ah, sí, Elliott Murphy. ¿Es capaz ese hombre de hacer algo mal? La pregunta es retórica, claro, y la respuesta es no. Del concierto de anoche poco puedo decir, aunque la interpretación sobre el escenario apuntaba a la grandeza habitual. Podéis leer la crónica del año pasado aquí.

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2 comentarios

  1. pedro d.

    Completamente deacuerdo joder. Esa sala es un infierno

    22 enero, 2009 en 2:14 pm

  2. Nos tratan como basura en todas partes. El público que asiste a conciertos es menos que cero para los organizadores y promotores. Esto es culpa de la burbuja conciertil en la que estamos, y va a seguir así hasta que explote. ¿Sucederá este verano con tanta visita de gente grande como U2, Bruce, AC/DC, Metallica, Depeche Mode, Coldplay y demás? Estaremos vigilantes.

    27 enero, 2009 en 12:45 pm

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