Un diario de conciertos

Ariel Rot (Sala Clamores, Madrid, 17/12/08)

Ariel Rot se reencontró anoche con su banda y sus canciones después de ocho meses dedicados al regreso de Tequila. Los músicos no parecieron en absoluto desengrasados, y eso que el repertorio se salió de lo previsible al incluir un par de rarezas (como la ochentera Debajo del puente); Milonga del marinero y el capitán y la versión tanguera de Mucho mejor fueron las únicas recuperaciones de los años de Los Rodríguez, mientras que el habitual medley de Tequila sonó un poco fuera de lugar, después de la vuelta oficial de estos. Como anécdota, el teclista Luca Frasca era el mismo que acompañó a Josele Santiago la noche anterior, demostrando que el pluriempleo es la única opción posible de muchos músicos españoles para llegar a fin de mes. El concierto fue, más que el pistoletazo de salida de una nueva gira del hispano-argentino, una toma de contacto con su público.

 

Y si el párrafo anterior suena tan superficial como una nota de prensa de la agencia EFE es porque no puedo decir mucho más del concierto en sí. Germán Pérez, el “orgulloso cantinero” (como gusta de autodenominarse) que regenta la sala Clamores, tuvo la gentileza de asignarme una mesa “sin plena visibilidad”, un eufemismo que sirve para abreviar la verdadera descripción: “en un lateral del escenario, con una columna de por medio y en un lugar de paso de backliners, técnicos y amiguetes varios”. En definitiva, una puta estafa.

 

En Clamores es imposible estar cómodo. No se desperdicia un metro cuadrado, ya sea para meter otra mesa de nula visibilidad o unas cuantas personas más de pie, que tampoco van a ver un carajo. Todos los lugares son de tránsito de un camarero, con lo que no vale la pena ponerse muy cómodo, porque alguien vendrá a empujarte al cabo de un rato. Y es aconsejable acudir a ver el espectáculo con al menos tres amigos más, porque de lo contrario, te tocará compartir mesa con unos desconocidos que tienen las mismas ganas de escuchar tu conversación como tú de que la escuchen. En resumen, una política parecida a la de su homólogo Galileo Galilei, pero al menos aquel tiene techos altos que mitigan la sensación de estar viajando en un vagón de tren camino de Auschwitz.

 

Luego están “los cócteles”. Como Clamores es un bar de estética y orientación viejunas, uno presupone que el alcohol será de mejor calidad que el de un antro adolescente de los bajos de Argüelles. Pues no. El camarero te llama “caballero” y te pregunta qué marca prefieres, pero lo mismo te da, porque el garrafón que sirven no es que no entienda de marcas, es que no distingue entre alcoholes. Por ocho euros qué quieres, amigo.

 

No hay excusa para lo que ocurre en Clamores desde siempre. Para que alguien pudiera disfrutar del concierto, no deberían venderse entradas de pie y las mesas deberían reducirse un tercio. Claro, el negocio se resentiría… pero a lo mejor en una emergencia no morirían cien personas aplastadas o abrasadas, como es probable que ocurra tarde o temprano.

 

Sigue tan viva la sensación que tuve anoche de que me metían un palo por el culo y lo removían como si estuvieran haciendo mayonesa, que he renunciado a asistir al tradicional concierto de año nuevo de Elliott Murphy y Olivier Durand: prefiero viajar a otra ciudad para verlos antes que volver a Clamores en fechas próximas. Este odio que siento me ha inspirado lo suficiente como para abandonar la prosa y dedicarle un ripio a la sala. Al ser mi primera aproximación a la poesía, pido indulgencia al lector por lo tosco de la rima. Dice así:

 

Clamores, Clamores,

gracias por joderme tantas veces.

Clamores, Clamores,

ojalá un loco con un lanzallamas te reduzca a cenizas. 

Clamores, Clamores,

Dios quiera que nuestro oportunista alcalde encuentre un motivo estúpido para clausurarte para siempre.

Clamores, Clamores,

suerte que no tengo una pistola.

 

Jota78

 

Artículo relacionado:

Tequila (Sala La Riviera, Madrid, 04/10/08)

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3 comentarios

  1. ana

    Precioso final!

    19 diciembre, 2008 en 5:42 pm

  2. Pingback: Elliott Murphy & The Normandy All Stars (Sala Clamores, Madrid, 21/01/09) « Si la tocas otra vez…

  3. Karma

    Estoy totalmente de acuerdo, es una tomadura de pelo lo de ese local. Me vendieron hace poco unas entradas para Love of Lesbian dejándome bien claro que dentro de ser de las de visibilidad reducida, al haber sido la primera de la cola en comprarlas, me tocaría una buena mesa. Pues bien, me tocó la última. Se lo comenté al camarero que me las vendió y se excusó alegando prensa y amiguetes del grupo cuando los que se sentaron delante de mi simplemente fue porque siguieron antes al “acomodador”. Son unos estafadores y sinverguenzas… hacen lo que les da la gana. Y una copa asquerosa con garrafón del malo, te cuesta 9 euros…

    1 marzo, 2010 en 4:49 pm

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