Un diario de conciertos

Josele Santiago y Sus Menudencias (Teatro Maravillas, Madrid, 16/12/08)

Igual que cuando te cruzas por la calle con un hombre con chepa no puedes evitar erguirte de forma inconsciente, cuando escucho cantar a Josele Santiago no puedo evitar carraspear. Es asombroso que no se le hayan derretido las cuerdas vocales después de dos décadas largas de graznar de semejante manera. Sumando a eso el desprejuiciado desafine, no queda otra que reconocer que no hay nadie como Josele. Diría que es inimitable, pero la verdad es que es justo lo contrario, lo que siempre es buena señal: significa que tienes algo que te hace único.

 

Lo curioso es que la voz de lija del ex-cantante de Los Enemigos no impide que sus composiciones estén llenas de ternura y delicadeza. Su tercer disco en solitario, Loco encontrao, alberga una docena de dulces canciones que hablan de sentimientos y cosas cotidianas con aparente ligereza, pero mucho poso. La atinada producción de su viejo compinche Pablo Novoa también ayuda. Parece que el salto de las discográficas a la autoedición no ha perjudicado demasiado al trovador madrileño, al que se le ve cómodo con el lugar que ocupa en esta industria y, me atrevería a decir, en el mundo.

Baila el viento:

 

Nunca había visto a Josele Santiago en directo por una razón absurda: hay demasiadas ocasiones para hacerlo. Quien no viva en Madrid no verá lógica alguna en esta contradicción, pero yo le aseguro que la hay: artistas como Javier Krahe o Antonio Vega tocan tan a menudo en la capital (generalmente en las salas Clamores y Galileo Galilei) que sus comparecencias han dejado de ser un acontecimiento. Josele no llega a tanto, pero tampoco se hace de rogar. Si el concierto se hubiera celebrado en las salas habituales, quizá no me hubiera llamado la atención lo suficiente; pero sus dos noches (tardes, más bien) en el Teatro Maravillas para presentar Loco encontrao parecían, exagerando un poquito, una ocasión única e irrepetible. Que el teatro estuviera a cinco minutos andando de mi casa también ayudó.

 

El concierto empezó a las ocho y media de la tarde (si parece una hora temprana, qué decir de la de los teloneros, las siete y media). Detrás de los músicos seguía instalada la escenografía de la obra que se representa en ese teatro, 39 escalones, aunque por suerte se trataba de un callejón de ladrillo visto que no desentonaba con las canciones de Josele Santiago (peor hubiera sido un decorado de High School Musical o Mamma Mia). El aforo de la sala es de cuatrocientos espectadores, y ayer quedaron unas cien butacas por vender (tampoco el lunes se llenó). Quien me lea con cierta frecuencia ya sabe lo que pienso de los conciertos que hay que ver sentado (el Teatro Maravillas no es el más cómodo de Madrid, precisamente). Pero como los contras ya han sido desgranados a menudo en este blog, voy a mencionar un pro. En un teatro, la inmersión en las canciones es absoluta, sin distracciones: no te pides una copa, no enciendes un cigarrillo, no vas al baño ni charlas con nadie. Cierto que no es así como concibo un buen concierto (bueno, en realidad no fumo, pero esa es otra historia), pero para “entrar” en la obra de alguien, no hay nada como un teatro.

 

Las Menudencias de Josele son un solvente quinteto de músicos bien bregados (entre ellos Novoa), que impiden con sus arreglos que la poesía le gane terreno al rock. Josele toca la guitarra acústica y deja en manos de sus dos guitarristas la mayor parte de los solos eléctricos, aunque en un par de ocasiones se enchufa y la intensidad sube de nivel. Otras, en cambio, se limita a coger el micro con una mano (y una copa con la otra), acercarse al borde del escenario y cantar mirando a los ojos de los espectadores. El sentimiento que le pone suple sin problemas la ausencia de afinación, evidenciando el sinsentido de todo lo que promulgan los profesores de OT y Factor X.

Vuelo de volar:

 

Josele es parco en palabras entre tema y tema; por suerte, porque tiene algo menos de carisma como orador que como cantante. Tampoco hay gran cosa que decir, ya que las canciones se explican por sí mismas. Loco encontrao ocupa el grueso del repertorio, con pequeñas excursiones a sus dos discos anteriores. No ser un experto en la obra de Josele me capacita para afirmar que éste lleva una orientación muy definida, sin rupturas estilísticas ni temáticas: vamos, que es imposible saber a qué disco pertenece cada canción. También, y esto no es tan bueno, que hay una repetición en la estructura de las mismas (delicado comienzo, crescendo hasta llegar a un clímax furioso, para acabar de nuevo con un epílogo tranquilo) que hace que el recital se vuelva algo monótono al cabo de un rato. La previsibilidad es el peor enemigo de los músicos en directo, aunque para ser justos, es un mal de muchos. Y esto un consuelo de tontos, claro.

 

Tampoco dio tiempo ayer a aburrirse, porque la primera despedida de la banda se produjo a la hora exacta, y el saludo definitivo, un cuarto de hora después. La gente se dispuso a marcharse con mansedumbre al oír el hilo musical por los altavoces (cual perro de Paulov), aunque flotaba en el ambiente la sensación de que había sabido a poco. Las vibraciones debieron llegarle también a Josele, que volvió a salir al escenario e improvisó una versión con guitarra acústica de Desde el jergón. El público lo agradeció, pero pasar de setenta y cinco minutos de concierto a ochenta no remedió gran cosa.

 

Seguro que volveré a ver a Josele Santiago en directo (y si es con una banda tan sólida como estas Menudencias, mejor que mejor), pero no tengo prisa por hacerlo. Más que salir a buscarlo, esperaré a que venga él a mi encuentro. El hambre de Josele lo satisfará con creces Loco encontrao, del que no tengo reparos en afirmar que es un discazo.

 

Jota78

Hooola chavaaal, prepárate para dejar de jugar…

 

www.joselesantiagoweb.com

 

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2 comentarios

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