Un diario de conciertos

Tequila (Sala La Riviera, Madrid, 04/10/08)

Es curioso leer la historia musical de alguien al revés, como yo he hecho con los treinta años de carrera de Ariel Rot. El primer concierto del argentino al que asistí fue un tanto singular por tratarse de un acústico en un teatro (concretamente el Albéniz de Madrid, en junio de 2004). Ya he comentado otras veces lo que me disgusta verme preso en una butaca y privado de una cerveza cuando voy a un concierto de rock; pese a todo, tengo buen recuerdo de aquella noche, en la que Ariel hizo un repaso acústico de sus discos en solitario, con Los Rodríguez y, en menor medida, con Tequila. Incluso desde la fila 17 del teatro, pude apreciar lo buen guitarrista que es.

Me estás atrapando otra vez, versión 2007:

 

En otoño de 2005 volví a verlo dos veces más, en un concierto no anunciado en el Hard Rock Café y en la presentación de su último disco en la defenestrada sala Aqualung. Ambos fueron recitales correctos que no llegaron a entusiasmarme en ningún momento. Mejor sabor de boca me llevé del Patio del Conde Duque en julio de 2007, posiblemente porque el recinto estaba lleno y el público más entregado.

 

Entretanto, en 2006, Calamaro y Rot se reunieron para dar algunos conciertos, alternando sus repertorios propios (siempre en beneficio del primero, todo sea dicho) y poniendo el énfasis en los grandes éxitos de Los Rodríguez. Este tándem triunfador fue la estrella del festival Valladolid Latino en mayo de aquel año, y volví a verlos en septiembre en Salamanca. Sin el concurso del baterista Germán Vilella ni del fallecido guitarrista Julián Infante, no era como volver a ver al cuarteto original; pero el virtuosismo de Ariel y el innegable carisma de Andrés ayudaban a crear la fantasía de estar en un concierto de Los Rodríguez de mediados de los noventa.

 

Si la reunión anterior parecía difícil que llegara a ocurrir (sobre todo en la época post-Salmón en la que Calamaro se encerró en casa sin cogerle el teléfono a nadie), la vuelta de Tequila se antojaba auténtica ciencia-ficción. Pero aquí estamos, en otoño de 2008, haciendo la crónica de un concierto suyo. Vivir para ver. Cuando los tres miembros supervivientes anunciaron una pequeña gira antes del verano, la reacción general fue de perplejidad. ¿Aún habría interés por verlos?

Que el tiempo no te cambie, versión 2008:

 

Es cierto que Tequila fueron muy grandes, por no decir enormes, durante su lustro de existencia. Quizá pensaron que podrían tener un regreso triunfal al estilo de Hombres G. Lo que no se tuvo en cuenta es que éstos volvieron diez años después de su separación y dieciocho desde su debut discográfico, mientras que Tequila lo han hecho veinticinco años después de disolverse, y tres décadas después de irrumpir como un terremoto en el panorama nacional. Cualquiera que vaya a conciertos y mire a su alrededor, comprobará enseguida que no abundan los cincuentones entre el público.

 

El bajista original Felipe Lipe (curiosamente, hermano del Rafa, el guitarrista de Hombres G) se bajó del carro unas semanas antes de que empezara la gira, agobiado por no estar a la altura de sus compañeros tras un cuarto de siglo sin tocar su instrumento. No cabe duda de que el grupo salió beneficiado en su sonido, pero su ausencia dejó más solos a Alejo Stivel y Ariel Rot, que quizá empezaban ya a dudar de la sensatez de este regreso. La humillación definitiva llegó cuando los conciertos de Barcelona y Madrid tuvieron que cambiar de recinto: de un palacio de deportes a una sala. Alguien calculó el tirón popular de Tequila 2008 en las grandes ciudades con un margen de error de diez mil personas. Pa cagarse.

 

El sábado en La Riviera había dos clases de espectadores: los contemporáneos de Tequila y los hermanos pequeños de éstos. Los primeros rondan el medio siglo de vida y no iban a otra cosa que a darse un (legítimo) chapuzón de nostalgia. Los segundos, entre los que me incluyo, estrenamos la treintena y estamos más familiarizados con la etapa última de Ariel Rot. No por casualidad la mayoría de estos espectadores eran féminas, pues la forma de tocar la guitarra del argentino está cargada de sexualidad.

 

A las diez en punto arrancó el concierto con Rock and roll en la plaza del pueblo. Los temores de que la elevada media de edad del público perjudicara al entusiasmo colectivo se disiparon de inmediato. Yo guardé las distancias durante un par de canciones, lo justo para asegurarme de no estar viendo una maniobra mercantilista disfrazada de espectáculo anacrónico y decadente. A los diez minutos ya estaba convencido de que, aparte de los pantalones verdes del cantante, ahí no había nada por lo que sentir vergüenza ajena.

 

Ariel Rot dijo una vez que tenía problemas para seleccionar temas de Tequila que tuvieran cabida en su repertorio, porque los encontraba demasiado adolescentes. Tenía razón. Que Ariel haya accedido a esta vuelta no significa que sea un cínico: delega en Alejo Stivel la responsabilidad de cantar las canciones, mientras él las defiende a muerte con su guitarra. Acompañado de cuatro músicos excelentes (podría daros sus nombres, que los tengo, pero os quedaríais igual), Ariel hace aquello que sólo los grandes guitarristas saben hacer: hablar con su instrumento. Y es un placer escucharlo.

 

Sólo con una aproximación irónica puede un cincuentón cantar letras como las de Matrícula de honor o Me voy de casa. El rictus impertérrito de Alejo hace difícil averiguar si él piensa lo mismo o defiende su causa hasta la muerte como un talibán del rock. Pero en el fondo da lo mismo. Una cosa que no descubres de estas canciones hasta que las oyes en directo, es que las letras son poco más que una excusa para la música. Lo que los ideólogos de Tequila (Stivel & Rot) buscaron desde el principio era jugar a ser los Stones, de ahí que tuvieran más peso el sonido y la actitud que el mensaje. Queda claro, por tanto, por qué tantos grupos actuales consideran a Burning y Tequila el padre y la madre del rock en castellano.

 

Dos de éstos “hijos”, Carlos Tarque y Pereza, se dejaron caer por La Riviera para hacer unos duetos con sus progenitores. Tarque no puso toda la carne en el asador sobre el escenario para no ensombrecer a su mentor Stivel (productor de los discos de más éxito de M-Clan), mientras que Rubén y Leiva cumplieron con la liturgia completa del rock, saliendo a tocar con las pupilas dilatadas el primero, y la mandíbula desencajada el segundo. En todo caso fue interesante verlos juntos, tan flacos todos, y curioso el efecto “espejo” que se produjo cuando Alejo y Leiva cantaron en el mismo micro Que el tiempo no te cambie: como si ambos pudieran reconocerse en los ojos del otro. Paradójicamente, las canciones de Tequila que añoran la infancia y hablan de hacerse mayor son las que más choca oír en directo, pues están escritas por chavales de veinte años que empezaban a comerse el mundo.

 

No fue hasta que los Pereza pisaron el escenario, que Alejo se atrevió a quitarse el sombrero y mostrar sin complejos su brillante calva. En realidad no tenía importancia, porque nadie intentaba creer que era 1980: el hedonismo de ¡Salta! o Dime que me quieres no es exclusivo de un tiempo y un lugar, funciona igual de bien en el Madrid de 2008. No hubo mención para los Tequilas ausentes, ni los fallecidos ni el prófugo. Como si la memoria se hubiera reseteado y la historia empezara hoy. Que después de la hora y cincuenta minutos de dinámico show, la despedida fuera “¡hasta la próxima!”, demuestra que Stivel y Rot sólo miran al pasado para impulsarse con más ganas hacia el futuro.

 

Jota78

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9 comentarios

  1. Diego

    Cada vez escribes mejor, cabrón. La mejor crónica que has escrito, diría yo. Y eso que los Tequila me dan bastante igual.

    D.

    6 octubre, 2008 en 6:14 pm

  2. paje

    El sábado éxito x todo lo alto. Las letras de Tequila son muy juveniles pero también lo son muchas de Chuck Berry y las ha seguido defendiendo en directo hasta ahora. Y los Who siguen tocando “My Generation”, que es un himno juvenil, y los Stones “satisfaction”. No tiene nada de malo que Tequila hagan lo propio. Ahora parecen los Faces a la española. Fenomenal el recordatorio a Moris en “sabado noche”, y muy bien “r´n´r en la plaza del pueblo” en clave blues. Les faltó un poco de fuerza en “necesito un trago” y un poco de velocidad en “las cosas que pasan hoy”, pero bordaron “nena”, “salta”, “me vuelvo loco”, “dime que me quieres”, etc… Como Teuila tiene ese excelso repertorio, no sonaron “Desabrochando”, “Es solo un dia más”, “Numero uno” , “Y yo que sé” o la mágnifica, soberbia, balada “Hoy quisiera estar a tu lado”. Alejo parece que ha seguido cantando todos estos años, Ariel en la guitar inconmensurable, y Josu, Mac (¡ese bajo!) y compañía estuvieron enormes. ¡Felicidades, enhorabuena, Tequila!. Una de las mejores reuniones que he podido ver.

    6 octubre, 2008 en 9:07 pm

  3. A mi Tequila me pillaron muy canijo y luego apenas me los he encontrado en mi cano. Aparte de Quiero besarte (la tocarían, ¿no?), Salta, RNR en la plaza del pueblo o Dime que me quieres (así de memoria) no conozco mucho más. Es un regreso que me pareció excevisamente promocionado en los medios de comunicación, sin duda entusiasmados con la idea por coincidencia generacional. Siempre dudé de su tirón y el cambio de recintos lo confirmó. En cualquier caso, llenar dos Rivieras demuestra un golpeo importante todavía a pesar del paso del tiempo. La verdad es que creo que habría estado bien ir a verles, como en algunos momentos sopesé, pero ahora me conformo con leer esta crónica que, seguramente, será tan acertada como es costumbre.
    Saludos.

    8 octubre, 2008 en 12:33 pm

  4. Pingback: Ariel Rot (Sala Clamores, Madrid, 17/12/08) « Si la tocas otra vez…

  5. Vale, anoche vi a Tequila en Getafe. Ando con la crónica pero ya te adelanto que enlazaré este post. Ciao!

    21 febrero, 2009 en 4:01 pm

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