Un diario de conciertos

R.E.M. (Las Ventas, Madrid, 01/10/08)

Tan negacionistas del cambio climático como Aznar y Rajoy, los promotores españoles siguen programando conciertos al aire libre una vez entrado el otoño, como si el frío y la lluvia no fueran con ellos. Y de hecho no van, porque estos recitales rara vez se cancelan: son los sufridos espectadores los que tienen que bregar con la caprichosa climatología. El público de R.E.M. escapó de chapotear en el barro del emblemático coso de Las Ventas, pero ya veremos si los seguidores de Los Secretos tienen tanta suerte, dentro de diez días en la misma plaza.

 

El sonido R.E.M., y en particular la inconfundible voz de Michael Stipe, me trasladan instantáneamente a 1992, con más rapidez incluso que Nirvana o Guns n´ Roses. Asocio a este grupo con el nacimiento de Canal + en España por dos razones. La primera es que, por aquel entonces, Del 40 al 1 era uno de los pocos programas de la cadena emitidos en abierto, y Losing my religion quizá fuera el tema más radiado de aquel año. Es como si estuviera viendo ahora mismo a Fernandisco, lanzándonos sus miradas Zoolander mientras intenta convencernos de lo mucho que molan Amistades Peligrosas… La segunda razón es que R.E.M. compusieron la sintonía de la legendaria serie Búscate la vida, cumbre del surrealismo catódico que alguien debería tener la sensatez de editar en DVD, para regocijo de mi generación.

 

Me quedo corto si digo que nunca he sido un estudioso de la obra de R.E.M., porque en realidad ni siquiera tengo un disco suyo. Pero como ocurre con todos los grupos longevos que alguna vez tienen éxito popular, al final acabas sabiéndote una docena larga de sus canciones. También sé algunas cosas de ellos. Por ejemplo, que son los únicos músicos norteamericanos realmente famosos (junto con Springsteen y Pearl Jam) que no tuvieron miedo de que su popularidad cayera en picado a la hora de pedir el voto contra Bush. Su esfuerzo no sirvió de nada, pero los respeto por ello. Otra cosa que sé desde hace tiempo es que Michael Stipe es gay, por eso su “salida del armario” de este año (coincidiendo con la publicación de su último disco) es una confesión bastante marciana: como si Jose Coronado decidiera descubrirle al mundo su heterosexualidad militante, o algo parecido.

 

Al parecer no soy el único que piensa que R.E.M. son un grupo de otro tiempo. Los espectadores de ayer, treintañeros todos, coincidían en afirmar que los discos publicados por el grupo en la última década apestan. Aunque el último de ellos, Accelerate, es una mejora considerable con respecto a los anteriores, esto no bastó para reparar su erosionada reputación. La plaza de Las Ventas estaba anoche a tres cuartos de su capacidad en concierto, algo que no había visto nunca, la verdad. Mirando en positivo, los que estábamos en el ruedo paseamos a nuestras anchas y tuvimos una gran visibilidad del escenario sin tener que pelear por ello. Se agradece por una vez.

 

Michael Stipe es R.E.M., y no hay más cáscaras. Vale, el bajista Mike Mills y el guitarrista Peter Buck siguen siendo los pilares de su sonido pero, como buen front-man, Stipe se lo come todo. Ningún virtuosismo instrumental puede competir con el baile del robot del cantante mientras suena What´s the frequency, Kenneth?. Como Chris Martin y Coldplay, como Dave Gahan y Depeche Mode, a veces es fácil olvidar que los que están con el cantante en el escenario no son sólo sus músicos de apoyo.

El robot en Madrid (01:35):

 

Los hits de la carrera de R.E.M. están emparedados entre su (menos popular) etapa ochentera y su (decepcionante) trayectoria última, así que es delicado equilibrar las tres cosas para no cabrear a nadie. La abulia general ante todo lo que no viniera de los discos Out of time o Automatic for the people me permitía detectar cuándo estábamos escuchando una rareza de su discografía. Que me perdonen los hard-core fans, pero distinguir entre las gemas de su primera etapa y los semi-hits de sus más recientes fracasos ya no resultaba tan sencillo.

 

Los espectadores que habían pagado entrada de grada hicieron buen uso de su asiento durante la primera hora y cuarto del concierto. Viendo que la mayor parte de la plaza se acomodó en el bienestar indiferente para disfrutar del espectáculo, Stipe echó mano del socorrido baño de masas en las primeras filas para despertar un poco a todos. En su descargo, digamos que se resistió a ello hasta la segunda hora del show. Lo que revitalizó de verdad al respetable (qué palabra tan ridícula) fue que sonaran canciones más famosas, como Bad day o Imitation of life. Quizá sorprendido por la reacción, Stipe hizo una encuesta a mano alzada para averiguar cuántos de los presentes habían estado antes en un concierto de R.E.M. y cuántos no. Los novatos ganamos por goleada.

 

Llegado el bis, Stipe hizo una bizarra dedicatoria a Miguel Bosé, y cuesta imaginar qué pueden tener en común estos dos cantantes, aparte de… bueno, me estoy liando. Losing my religion (jamás había reparado en que es la mandolina lo que hace que suene tan singular) y Man on the moon nos dejaron satisfechos a los espectadores casuales, que éramos mayoría. Tras una versión de I wanna be your dog que produjo estupefacción generalizada, nos marchamos mansamente sin reclamar ni una sola canción más. Algo que se antojaba difícil, pues los chicos de chaleco reflectante y casco que desmontan el tinglado ya llevaban un buen rato al pie del escenario.

Acompañados de sus teloneros We Are Scientists:

 

El acento del cantante no deja dudas de su pertenencia a la América profunda, pero parecieron británicos al abandonar el escenario por primera vez a la hora y media justa, y terminar el bis a las dos horas clavadas. Añadiendo a esto un excelente sonido y un competente juego de luces y pantallas, queda la sensación de haber visto un profesionalísimo espectáculo sin reproche posible, salvo el de no dejar espacio alguno para la espontaneidad y la frescura. Hay cosas peores.

 

Jota78

 

P.D.: Siendo el final de la etapa europea de la gira, Stipe mencionó su regreso a “los putos Estados Unidos”, y esto arrancó un aplauso de la mayor parte de la plaza. Aparte de que la demagogia rockera me toca un poco los cojones, no comprendo por qué los españoles tenemos siempre este complejo de superioridad con respecto al resto del mundo. Como si nuestra mierda no oliera…

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3 comentarios

  1. Diego

    Maldito!!! ¿No era que REM no te gustaba? ¿No ve digas que ya vas a los conciertos en plan cronista de vuelta de todo? No te pases al lado oscuro, amigo.
    Yo sin pasta… me quede sin verlos. Y no es un eufemismo, tengo 3 euros en la cuenta.
    ¿Para cuando unas cañas?

    D

    3 octubre, 2008 en 1:00 pm

  2. Sí, por favor, sí, exijo Búscate la vida en DVD ya. Quiero ver de nuevo a Vomitón en alta definición, jaja. ¿Por qué no tocan Stand? A la gente le encantaría. Supongo que le encontrarán una canción tonta, igual que Shinny Happy People. Una pena para el respetable que quiere pasárselo bien en un concierto y dar saltitos.

    Como no podría ser de otro modo, te he enlazado a esta crónica desde mi web. Estoy muy de acuerdo con todas tus consideraciones.

    ¿Crees que Fernandisco realmente pensaba que Amistades Peligrosas chanaban? Qué duro…

    3 octubre, 2008 en 1:31 pm

  3. Pingback: Un año de blog: Los 10 mejores conciertos de 2008 « Si la tocas otra vez…

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