Un diario de conciertos

Sam Roberts (Sala El Sol, Madrid, 13/09/08) / We are Balboa (Sala Picnic, Madrid, 13/09/08)

Se reactiva la escena musical capitalina después de que el insoportable hastío del estío arrasara la cartelera como plaga de langosta, para llevarse cualquier espectáculo de interés hasta las zonas costeras de la península. La rasquilla pre-otoñal trae de vuelta la agridulce sensación de tener que elegir, bendita sea; amplificada este fin de semana por la coincidencia de las fiestas populares de todos los pueblos de la provincia y de la ya clásica La Noche en Blanco. Irónicamente, ninguno de los dos conciertos que vi el sábado por la noche estaba relacionado con estos eventos.

 

WE ARE BALBOA

 

El recital acústico de We are Balboa era apenas la segunda actuación (Deluxe lo había inaugurado la noche anterior) de un nuevo bar recién abierto, el Picnic. El angosto escenario no permite grandes despliegues, así que se presentaban en formato dúo con sendas guitarras acústicas. Suficiente para We are Balboa, capaces de brillar hasta en un cuarto de baño.

 

Siguiendo a pies juntillas la Ley de Murphy (la de Elliott Murphy: por tocar con guitarras acústicas no hay ninguna obligación de ser lánguido), el dúo hizo enérgicas versiones desnudas de su cancionero, confirmando que un día no muy lejano, We are Balboa se comerán el mundo. Ambición no les falta, desde luego: su propuesta tiene vocación internacional y el texto de su MySpace está redactado en inglés, como si España se les quedara pequeña antes de empezar a recorrérsela en serio.

 

Por suerte para ellos, su vocalista femenina tiene una estupenda dicción inglesa (poniendo en evidencia a muchas otras cantantes españolas que no dan la talla). Así, libre de complejos, la chica no necesita susurrar las letras para dar gato por liebre: su voz potente y personal puede brillar y darle una identidad propia a We are Balboa.

 

Las colaboraciones informales de Sylvia Superstar (cantante de Killer Barbies) y Xoel López (uno de los socios del nuevo bar) redondearon un show de cuarenta minutos realmente simpático. Tengo ganas de oír esas mismas canciones tocadas por la banda al completo para comprobar (¡ojalá!) si de verdad son tan buenos como apuntan.

 

SAM ROBERTS BAND

 

Como un vaso de agua helada cuando te mueres de sed, hay conciertos que te dan exactamente lo que necesitas. La descarga eléctrica de Sam Roberts en directo se construye con los elementos que se le piden a todo buen espectáculo: buena música, buenos músicos, buen sonido, carisma y actitud. Una receta infalible.

 

Roberts es un rockero canadiense que este año ha publicado su tercer disco, el gozoso Love at the end of the world. Según parece, es toda una estrella en su país de origen, pero en Europa está aún por descubrir. Si el boca-oreja hace bien su trabajo, es probable que el próximo concierto suyo en Madrid sea en un recinto de aforo tres veces mayor que la sala El Sol. Y es que la Sam Roberts Band lo tiene todo para entusiasmar al público español porque, además de lo dicho en el párrafo anterior, el quinteto está formado por tíos bastante guapos. Roberts, en concreto, es un cruce entre Christian Bale y James Blunt (aunque algo más bajito). Pero lo más llamativo es la seriedad con la que los músicos salen a hacer su trabajo: tienen demasiado respeto por la música como para distraer la atención con el histrionismo caduco y las poses aprendidas de las falsas estrellas de rock. Lo suyo es la entrega total sin imposturas. Nunca había visto una vena hincharse tanto en el cuello de nadie como en el de Sam Roberts.

 

La producción que hace que ciertas canciones en los discos puedan pasar por pop-rock, sobre el escenario se convierte en innegable rock & roll. Sabedores de que los mayores enemigos de un concierto de este tipo son los tiempos muertos, los músicos no pierden ni un momento entre tema y tema para que la intensidad no decaiga nunca. Los pocos segundos de respiro están bien cubiertos por los comentarios del cantante en un muy potable castellano. No hay manera de desviar la atención del escenario en un concierto de Sam Roberts.

 

Como cabría esperar, las canciones del último disco ocupan el grueso del set-list. Están arregladas para el directo con guitarras, teclado y base rítmica, y por cierto, es todo lo que necesitan. No hay mucho espacio para el reconocimiento individual en esta banda, en la que ni siquiera sus miembros son presentados al público. Todos tocan por y para la canción, y su trabajo en equipo los hace brillar individualmente a cada uno (qué paradoja).

 

Los ochenta y cinco minutos de concierto pasan volando, quizá la única pega posible a un recital sin tacha; pero no sabe a poco, porque lo que has visto ha rozado tantas veces la excelencia que te deja con una sonrisa para el resto de la noche. Y porque sabes que éste es sólo el primero de los muchos conciertos que verás de Sam Roberts en los próximos años: ese hombre va a envejecer (bien) sobre el escenario, y yo estaré allí para verlo.

 

Jota78

 

www.myspace.com/samrobertsband

www.myspace.com/wearebalboa

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