Un diario de conciertos

Muchachito Bombo Infierno (Recinto ferial, Albacete, 23/08/08)

El concierto de anoche de Muchachito Bombo Infierno fue el cierre de un modesto festival gratuito de dos días llamado Sol Mestizo, que lleva una década celebrándose en Albacete capital. Lo organiza la sede local de Amnistía Internacional, sirve de escaparate para varias ONG´s y destina todo el dinero recaudado en las barras a financiar campañas de Amnistía. Así que los conciertos son en realidad un reclamo para despertar conciencias.

Muchachito a doscientos por hora:

Este tipo de festival suele traer adosado algún mercadillo hippie y puestos de alimentación “alternativa”. Cito textualmente: “Habrá talleres, stands de artesanía y comidas del mundo, telar, inciensos, marroquinería, marionetas, cristal, bolsos reciclados, lámparas relajantes, comercio justo…”. ¿Soy el único que piensa que los neo-hippies buenrollistas españoles de mi generación son, con permiso de los pijos, la tribu urbana que más se acerca a su propia caricatura? Aplaudo el inconformismo ante una sociedad tan torpemente construida como la nuestra, pero creo que la superficialidad también abunda entre esta gente. La prueba es que el chico de rastas siempre se empareja con la chica de la espalda tatuada con dibujos tribales, como el chico del jersey sobre los hombros lo hace con la chica de los pendientes de perlas. Sustituyen los dos coma tres hijos por un perro despeluchado y el golf por los juegos malabares, pero eso no implica necesariamente que su universo sea más amplio ni sus miras menos estrechas.

Está claro que contratar a Edurne o Pignoise para tocar en este tipo de festival estaría un poco fuera de lugar: aquí encajan mejor el hip-hop de El Chojín o la fusión de Muchachito. No soy un enamorado del rap español, como bien saben mis amigos, así que puede considerarse un piropo que yo diga que El Chojín no da vergüenza ajena, que tiene sentido del humor y dignidad. Pelear por una copa (en vaso reciclable de plástico) en las barras me distrajo demasiado del concierto como para hacer un análisis más profundo que ése.

Poco después de la una de la mañana subió al escenario Muchachito Bombo Infierno. Sus dos discos publicados le han tenido girando cuatro años de forma casi ininterrumpida, así que la mayoría de los lectores ya tendrán una imagen precisa de lo que es Muchachito sobre un escenario. Para los que no, ahí va un resumen: la banda se compone de nueve miembros, cinco de los cuales forman una potente sección de metales. En la parte delantera del escenario están el teclista, el baterista, el contrabajista y el propio Muchachito, que casi todo el tiempo toca la guitarra española sentado. Además de los nueve músicos, un pintor trabaja en un lienzo de 3×2 metros durante todo el concierto, bailando al ritmo de la música. El cuadro resultante suele ser bastante afín al espíritu alegre y desatado de las canciones de Muchachito Bombo Infierno. Su estilo es una coctelera donde caben la rumba, el flamenco, el rock, las big bands, la música balcánica y la cubana… todo bien agitado.

Una predicción: Muchachito no conocerá el paro en los próximos treinta años. Su espectáculo es perfecto para las fiestas populares, y fácilmente exportable por su amalgama sonora y lo ininteligible de las letras. Cuando escuchas el primer tema en directo de Muchachito, piensas: “joder, qué bien suena esto”. El tempo va disparado y los arreglos resultan apabullantes. Luego llega la siguiente canción y te preguntas a ti mismo: “¿ésta no la ha tocado ya?”.

No, no la ha tocado. Se puede resumir el espectáculo de Muchachito con dos adjetivos: arrollador y monótono. Es una contradicción porque su ritmo frenético te obliga a moverte, pero tu mente se ausenta de vez en cuando, aburrida de que los arreglos hagan indistinguibles un tema de otro. Si eso es tener estilo propio, a veces es preferible ser algo más mediocre.

Versiones de Kiko Veneno, Manu Chao y Los Rodríguez quedan pulverizadas por el “estilo Muchachito”, aceleradas, sobreproducidas e irreconocibles. La espectacular sección de metales toca sin descanso durante todo el concierto, dejando agotado a tu oído y haciéndolo suspirar por un poco de calma y silencio. Como Muchachito toca sentado, oculto para la mayor parte del público, su cuota de atención escénica se la acaba llevando la persona más bailonga de la banda, el pintor del cuadro.

A los cincuenta minutos el grupo se despide por primera vez. Uno hace sus cálculos y piensa que, sumando el bis, una hora de concierto es razonable para este tipo de algarabía sonora. Pero es mentira: Muchachito y sus compadres tocan otros cincuenta minutos, eso sí, amenazando constantemente con irse. Al final estás esperando como agua de mayo que suene su hit Ojalá no te hubiera conocido nunca, no porque quieras oírlo, sino porque eso significará que el concierto se ha acabado.

Como he dicho, Muchachito tendrá una carrera longeva, entre otras cosas porque las canciones se parecen tanto que dará igual que tenga cinco discos o diez. Si lo estás pasando bien en un concierto suyo, márchate a la media hora y te quedarás con mejor sabor de boca. Hasta lo bueno empalaga.

Jota78

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