Un diario de conciertos

Burning + Jaime Urrutia (Patio del Conde Duque, Madrid, 01/08/08)

Último concierto en el Patio del Conde Duque de los Veranos de la Villa, que el año próximo se mudan a un escenario todavía por determinar. Una verdadera pena, aunque quizá no quepa una despedida mejor de un escenario tan castizo que el doblete de rock madrileño que componen Burning y Jaime Urrutia, ambos presentando sendos discos en directo grabados en la sala Joy Eslava (es un decir, porque Urrutia lo editó hace catorce meses y Burning están casi siempre de gira).

 

JAIME URRUTIA

 

La primera vez que vi a Gabinete Caligari en vivo fue, curiosamente, en el concierto de homenaje a Pepe Risi celebrado en diciembre de 1997. Si fuera un poco menos vago, utilizaría esa casualidad como hilo conductor de estas líneas y fingiría haber cerrado un círculo con el concierto de anoche. Pero no me apetece. La verdad es que no recuerdo las canciones que tocaron aquella noche Gabinete, y eso que apenas serían media docena. Estoy seguro de que hicieron Like a shot, la versión de Burning que eligieron para el homenaje y que luego publicarían en su último disco, Subid la música; y quizá hicieran su versión del Rock and roll star de Loquillo, una habitual de su repertorio. Pero no me atrevo a decir más.

 

En febrero de 1999 volví a verlos en el Hard Rock Café de Madrid. Por aquel entonces, la celebérrima hamburguesería todavía trataba de cultivar una imagen de legitimidad rockera a base de programar conciertos en su sótano-bar con capacidad para cien personas. Mientras duró la impostura, pudimos ver en directo a Enrique Urquijo y Los Problemas (postergado dos semanas por uno de los habituales ingresos hospitalarios del músico, que moriría a finales de ese año) y a los Gabinete. Conocía las canciones del grupo pero no estaba muy al tanto de su trayectoria, por lo que pensaba que ver al trío en un escenario más modesto que las plazas de toros que habían llenado en el pasado, era un raro privilegio. Menuda sorpresa me llevé al descubrir que el local (como he dicho, de aforo inferior al centenar de personas) sólo registraba media entrada, de la cual un tercio se componía de invitados y familiares. Fue embarazoso ver a Gabinete Caligari en el momento más bajo de su historia, y más aún en un sitio donde público y banda podían verse las caras sin escapatoria posible. Los éxitos del grupo animaron un poco el ambiente, pero ya flotaba en el aire el fantasma del certificado de defunción del trío, que se expendería pocos meses después. Recordando aquel día, no sé si preferiría decir que nunca vi en directo a Gabinete Caligari.

 

Cuando Jaime Urrutia sacó en 2002 su primer disco en solitario, Patente de corso, desperdicié mi entrada para verlo en la sala El Sol por asistir al estreno de Blade II (lo sé, lo sé, pero en aquel momento me pareció una buena idea… Quizá si Wesley Snipes no le hubiera negado un autógrafo a mi amigo Juanma, el equilibrio cósmico no hubiera nivelado la balanza a base de condenarlo a tres años de cárcel por evasión de impuestos). Tampoco conseguí verlo aquel verano en Las Ventas, pues era el primero de un cartel ochentero (Los Secretos, Hombres G…) al que el trabajo me impidió llegar a tiempo. Así que no fue hasta octubre cuando pude escuchar algunos temas de Patente de corso en directo, y en circunstancias bien extrañas: un concierto no anunciado de apenas una hora en un pequeño bar recién inaugurado (y vuelto a chapar al poco tiempo). Cosas que pasan sólo en Madrid.

 

Prefiero pensar que el primer concierto “serio” que vi de Jaime fue el que dio en La Riviera en febrero de 2003. Para entonces, las muy radiadas Qué barbaridad y ¿Dónde estás? habían devuelto parte de su popularidad al artista. La sala presentaba una asistencia digna y los invitados (Loquillo y el entonces desaparecido Calamaro, irreconocible con el pelo corto) le dieron una pátina de glamour a la ocasión. Jaime y el Loco volverían a pisar ese escenario juntos en noviembre, acompañados por Bunbury y Ariel Rot en el concierto del quinto aniversario de la revista Efe Eme (hoy reconvertida en excelente portal de música: www.efeeme.com). Fue una pena que ese Dream Team del rock español no durara sobre las tablas más que una escueta hora y media, lo que provocó que muchos pasaran del aplauso al abucheo al sentirse estafados por el cartel (también parecieron desorbitados los veinte euros del precio de la entrada, ¡qué tiempos!). Vale, yo fui uno de los que abuchearon.

 

Igual de accidentado fue el final del siguiente concierto de Jaime al que asistí. Se trataba de un “ensayo con público” para la gira de presentación de su segundo LP, El muchacho eléctrico (2005). El disco me pareció flojo, pero un concierto gratis en el Honky Tonk era una oferta irrechazable. Como pasa siempre, la gente sólo valora algo si le cuesta dinero, y los espectadores casuales que pululan de madrugada por una discoteca no son el mejor público posible, así que la versión acústica de Pitusa fue abortada de malos modos, cerrando un buen show de dos horas de manera anticlimática.

 

Sin querer especular cual prensa del corazón, algo en la vida personal de Jaime hizo que la gira de El muchacho eléctrico se limitara a dos docenas de bolos en un par de años. No cabe atribuirlo al poco recorrido comercial del disco, pues Jaime Urrutia / Gabinete Caligari sigue siendo una marca atractiva para los ayuntamientos a la hora de contratar los recitales de sus fiestas populares. La cuestión es que la escasa repercusión del LP y la escueta gira volvieron a hacer caer en picado la popularidad de Jaime, a quien no le quedó otra que jugar la carta del disco de grandes éxitos en directo con invitados.

 

La grabación fue en febrero de 2007 en Joy Eslava (el disco se publicaría con el título EnJoy). Los invitados se dividieron en dos grupos: los obvios (Loquillo, Bunbury, Rot) y los que parecían impuestos por la discográfica para captar a compradores más jóvenes (Dani Martín, Iván Ferreiro, Pereza, Amaral), con Jorge Drexler en tierra de nadie. En cuanto al repertorio, sólo dos temas del segundo disco en solitario pasaron la criba, dejando que Patente de corso y los himnos de Gabinete pelearan por el trozo más grande del pastel. Supongo que fue la decisión correcta, aunque era como un reconocimiento implícito de haber dado un paso en falso en su carrera. El momento surrealista de la noche fue la interpretación instrumental de un tema nuevo, Tratando, para que el ausente Calamaro metiera su voz en el disco. La mecánica repetición de algunos temas de cara a la grabación (Bunbury en Al calor del amor en un bar, Loquillo en Caray) le quitó algo de magia al asunto.

 

Está en su derecho el lector de pensar que, como he visto a Jaime en concierto una media docena de veces, soy un auténtico fan del mismo. No sabría qué responder, o mejor dicho, cómo justificarme ante eso. Para que os hagáis una idea de la clase de persona que soy, fui al cine a ver cinco veces Misión imposible 2, porque me negaba a creer que fuera la mierda que es. No es el mismo caso con Jaime Urrutia, pero reconozco que he necesitado todos esos conciertos para constatar que, aunque me gusta, en realidad no me gusta tanto.

 

La culpa es de Jaime: no puedo creer en él si él no tiene fe en sí mismo. Como decía Pepe Risi, cuando subes al escenario tienes que creerte el mejor, si no, mejor no subas. Loquillo o Bunbury todavía se lo creen cada noche, y esa convicción se contagia al público, que en el fondo está deseando entrar en el juego. En el Conde Duque comprendí por qué los conciertos de Jaime no divierten y emocionan como los de algunos de sus contemporáneos. Él no está seguro del lugar que ocupa en el mundo. La prueba es que tiene a su lado un atril con las letras de sus canciones, y no con una función ornamental. Jaime consulta de vez en cuando letras como Caray, que lleva cantando un cuarto de siglo.

 

El formato del espectáculo obligó a que el concierto durara sólo cuarenta y cinco minutos. Como además empezó de día (a las 21:30 h), dio la sensación de que Jaime Urrutia era sólo el telonero de la velada. Tampoco él combatió esa impresión: el escenario del Conde Duque parece enorme cuando el artista no sale a comérselo.

 

Salvo un rescate de Gabinete, el repertorio fue el de siempre pero lógicamente abreviado. Con cruel objetividad, mi amigo Raúl C. me hizo ver que, con canciones como Castillos en el aire o la inenarrable Maribel, Jaime está haciendo sus primeros pinitos en el “sonido Benidorm”, ése que se baila sacando los codos. Quién sabe si en la próxima década, Jaime Urrutia tomará el relevo de Los Brincos o Fórmula V en las actuaciones con cena del Casino de Torrelodones.

 

No disfruto con esta crítica. La gente aún corea los estribillos de Cuatro rosas o Camino Soria, pero no tengo claro si dichas canciones han pasado la prueba del tiempo o sólo pulsan la tecla de la nostalgia. Quizá el estilo Gabinete sea un anacronismo. Ojalá me equivoque. Ojalá Jaime Urrutia todavía tenga algo que decir.

 

BURNING

 

En menudo jardín me he metido. Después de mi diatriba anti-Urrutia, ¿cómo hago ahora para defender a Burning? Porque si hablamos de momias andantes, qué mejor ejemplo que un grupo que echó a andar hace tres décadas y media, que no ha grabado temas nuevos en seis años, y del que sólo queda un miembro original en activo…

 

No necesito hacerlo, ellos se defienden solos. Espero que Jaime Urrutia no oyera desde el camerino el sincero entusiasmo con el que el público recibió a Johnny Cifuentes. El amor que el foro le profesa a esta banda no tiene parangón. Y es recíproco. Johhny es un ejemplo de cómo mantener la actitud sin perder la naturalidad, lo que le brinda una apabullante complicidad con los espectadores. Todos quisiéramos tenerlo como tío.

 

Claro que, si quieres ganarte a todos desde el minuto uno, nada mejor que empezar con esa canción cuyo estribillo dice “¡oh no, sin vivir en Madrid no lo entenderás!” (cántese a gritos), porque ya se sabe que a los madrileños nos encanta sentirnos especiales. Y si se empalma, sin solución de continuidad, con la arrasadora primera estrofa de Jim Dinamita (“¡tú no sabes quien soy, pero has oído mi nombre que suena en todas partes como un huracán!”), ya está todo hecho. El sonido bueno, la cerveza fría, la gente feliz.

 

El instrumento principal de Burning es el carisma. O digamos que la voz, por concretar en algo más tangible. Los solos de guitarra del gran Edu Pinilla quedan siempre en segundo plano por detrás de la base rítmica y el teclado de Johnny; ni siquiera el saxo puntual sobresale del conjunto. La banda toca para que la gente cante. Esta circunstancia debe resultar frustrante a veces a los músicos, pero es que no se le puede pedir a los presentes que no hagan suyos los estribillos de Como un huracán, Es especial, No es extraño que tú estés loca por mí o Jack Gasolina. Hay que cantar.

 

Johnny no perdió un minuto entre tema y tema, para que todos los hits del grupo cupieran en un repertorio de poco más de una hora. Esto imprimió un gran ritmo al concierto, hasta el punto de que en el (falso) bis, el único que abandonó por un momento el escenario fue Johnny. A su vuelta, traía consigo la sempiterna botella de champán que “eyaculó” sobre las primeras filas al comienzo de Mueve tus caderas. En la licorería de su barrio no entenderán el alto consumo de champán de Johnny a lo largo del año, pero estarán encantados con él, seguro.

 

El concierto no terminó con Una noche sin ti, como acostumbran, sino con una versión del Let´s spend the night together de los Stones. Jaime Urrutia y sus músicos se sumaron de forma testimonial a la canción, y pareció que alguno de ellos estaba dispuesto a cambiar de banda. Quién puede culparlo.

 

No me extiendo más en esta crónica porque, como dije en su día, todos los conciertos de Burning son idénticos: cantas, ríes, bebes, eres bastante feliz durante un rato. Es algo que puedo hacer sin problemas un par de veces al año durante los próximos diez; así que espero que Johhny, Edu, Carlos y Kacho también estén por la labor.

 

Jota78

Artículo relacionado:

Burning (Auditorio CCOO, Madrid, 22/02/08)

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3 comentarios

  1. No tengo muy claro si me pasaré este viernes por el concierto de Jaime gratis en Las Vistillas… no le he visto nunca pero, en cierto modo, pienso que me pasa como a ti, que me gusta pero no me gusta. Aparte, le veo carente de punch, eso desde luego. Lo que sí me apetece, después de leerte, es ver a los Burning un sábado en la noche cualquiera. A ver si puedo hacerlo más pronto que tarde. Saludos!

    13 agosto, 2008 en 10:00 am

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