Un diario de conciertos

Deluxe (Búho Real, Madrid, 29/07/08)

Es interesante que los grupos y solistas que han consolidado su posición en el panorama musical español en lo que llevamos de siglo (Quique González, Iván Ferreiro, Pereza) sigan tocando a menudo en salas de aforo muy por debajo de sus posibilidades. Como estos conciertos no se publicitan demasiado, es legítimo pensar que sólo lo hacen por el puro placer de tocar para personas tangibles, en lugar de para una masa sin rostro. Xoel López es quizá el más hiperactivo del lote. A sus proyectos paralelos Lovely Luna y One Hit Wonders hay que sumar conciertos como el de anoche, en el que Deluxe se presenta en su faceta “de andar por casa”. Por una u otra razón, no pasa un mes sin que Xoel actúe en la capital.

 

En el Búho Real caben menos de cien personas; como Deluxe ya es una marca capaz de llenar La Riviera (un aforo treinta veces más grande), conseguir una entrada para un concierto como éste es una cuestión de pura suerte. Yo la tuve, quizá porque soy un infatigable merodeador de páginas de venta de entradas, siempre a la espera de ese concierto que odiaría perderme. No es que el Búho Real sea mi bar favorito, pues está cortado por el mismo patrón que todas las salas de cantautores de la ciudad: gruesas columnas que hacen incómoda la visibilidad de un escenario que no levanta un palmo del suelo. Al menos los responsables de dicha sala tienen la prudencia de no meter a tanta gente como quepa, por lo que los espectadores acaban encontrando su hueco para ver, al menos, un trocito del músico que actúa.

 

A las diez en punto subieron al escenario (es un decir) Xoel y su guitarrista (y co-productor de sus discos) Juan de Dios. En esta ocasión, Xoel se encargaba de la guitarra acústica y Juan del teclado. La versión de Rostro de actriz con la que empezaron parecía marcar la pauta para el resto de la noche: tempos pausados, arreglos delicados y la suave voz de Xoel en su registro más Luis Eduardo Aute. La gente, temerosa de hacerse notar, susurraba más que cantaba. El problema de la contención es el mismo que el de la explosividad: al cabo de varios temas consecutivos, ambos pierden su eficacia.

 

Por suerte, Xoel es perro viejo y no iba a dejar que el concierto se le fuera de las manos por esta razón. La noche no iba de convertir las canciones en intocables piezas de museo, sino de hacer barbaridades con ellas y disfrutarlo. El mejor ejemplo fue la fusión Pájaros negros / Que no, con ambos temas intercambiando estrofas y estribillos sobre la marcha. En ese momento comprendimos que, si el propio autor era capaz de “perrear” de esa manera con su mayor hit, todos podíamos relajarnos un poco.

 

Versiones semi-improvisadas de Caetano Veloso, Alaska, los Beatles o Bob Dylan se intercalaron entre el repertorio de Deluxe, que esquivó la obviedad con rescates como No money to spend o Bienvenido al final, ambas de su segundo disco. De sus últimos trabajos la selección también fue singular, priorizando temas más íntimos como De tanto callar, Quemas (con una estrofa añadida) o El cielo antes que himnos más expansivos.

 

En realidad las canciones eran lo de menos. Xoel y Juan ejecutaron una auténtica sitcom en el escenario, con presentaciones hilarantes en las que importaba menos lo que se decía que cómo se decía. No es que el público no estuviera predispuesto a reír cualquier ocurrencia que saliera de la boca del dúo, pero las carcajadas eran sinceras cuando Xoel empezó a contarnos que este verano iba a pasar las vacaciones en casa de sus padres en A Coruña. También estuvo sembrado Juan de Dios con la traducción simultánea a un macarrónico inglés de cada presentación de un tema que hacía Xoel. El tira y afloja humorístico funcionó tan bien que incluso Xoel no pudo evitar reírse mientras cantaba canciones supuestamente serias.

 

Como carta de presentación para un no iniciado en la trayectoria de Deluxe, quizá no fue un concierto memorable, pero Xoel sabía que las ochenta personas allí reunidas (que habían cazado al vuelo las entradas de este recital) tenían ya un bagaje de conciertos suyos detrás. El diálogo entre público y artista no fue figurado sino real, y si alguno de los presentes entró en la sala venerando al músico como un astro intocable, el relajo y la naturalidad con la que éste condujo el espectáculo hizo que las barreras cayeran por completo al cabo de media hora. Era fácil olvidar que la gente había pagado por verlo, que no eran amigos de siempre pasando un rato con una guitarra.

 

Entre la amalgama de temas fusionados y covers se hizo un hueco el acople Twist and shout / La bamba con el que Bruce Springsteen cerró sus cuatro conciertos españoles de este mes (me consta que Xoel asistió al de Madrid). La singular selección de canciones dejó fuera temas que parecían insustituibles, pero eso sí, no hubo duda de que el concierto terminaría con El amor valiente, hoy por hoy, obra magna del corpus deluxiano.

 

Es un raro privilegio ver a músicos versátiles presentar sus canciones en un formato distinto al habitual (aunque no incluiría los arreglos dance de La Unión en este lote… eso transmite más desesperación que otra cosa), y más todavía si ocurre en recintos pequeños a un precio asequible. Para cogerle el gusto a Deluxe recomendaría un concierto con banda y arreglos de rock, pero una delicatessen como la de anoche no puede disgustar a ningún paladar musical bien educado.

 

Jota78

Artículo relacionado:

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