Un diario de conciertos

Bruce Springsteen & The E Street Band (Estadio Camp Nou, Barcelona, 19/07/08)

Me siento como el tío de Super Size Me, ése que engordó treinta kilos queriendo demostrar que desayunar, comer y cenar en McDonalds es malo (valiente gilip…). Mi cruzada es otra. Yo busco la constatación de que el estilo de vida de los músicos es el menos saludable que existe. Y de momento, lo voy consiguiendo: llevo una semana comiendo bocadillos, tengo la garganta como si me la hubiera arañado un gatito, me pitan los oídos, me he quemado la piel por las horas de espera al sol y, para colmo, empiezo a acusar los primeros síntomas de un estrés verdadero (¿a qué hora sale el tren?, ¿cuándo abren las puertas del estadio?).

Esto confirma lo que ya sabía: que Bruce Springsteen es como Thor, el dios del trueno. Vale que a él lo llevan y lo traen en jet privado, recala en los mejores hoteles y le dan un masaje de dos horas antes de cada concierto; pero si realiza cien veces al año las proezas físicas que lo he visto llevar a cabo esta semana, es que el hombre tiene algún poder divino.

Para el concierto del sábado no conseguí entrada de pista, sino de grada. Lo que en principio fue un fastidio ha resultado ser una bendición, pues la imposibilidad de entrar en el pit (es sólo para los de entrada general) me libera de la obligación de intentarlo. Así, podré descansar toda la tarde y acceder a mi asiento reservado un cuarto de hora antes del show, algo inusual para mí; además de verlo desde una perspectiva diferente a las de Donosti y Madrid, lo que ayudará a que no se confundan en la memoria unos con otros, pasado un tiempo.

Mi AVE llega a Barcelona en tres horas y media, casi lo mismo que tardaban algunos Altarias el año pasado, pero mucho más caro. Me molesta más que el diseñador de los asientos con respaldo ergonómico haya utilizado como modelo de pasajero el esqueleto del hombre elefante, con lo que las personas normales bajamos algo contrahechas del tren. Pero el esfuerzo ha merecido la pena, porque ya estoy en Barna, la ciudad en la que he visto los mejores conciertos de Bruce (y eso es decir mucho).

Es un gran misterio que el público catalán, de natural algo frío, se desviva de tal manera con un rockero estadounidense tan ajeno a su universo; pero el hecho es que casi 150.000 personas van a verlo este fin de semana en la Ciudad Condal, y eso que compite con el Summercase (bueno, jeje, más bien al revés). Que Bruce llene no es noticia, pero la hazaña de reventar dos días consecutivos el Camp Nou es un hito al que los medios de comunicación españoles no han dado la cobertura que merece. Atención amigos, Carla Bruni saca otro disco de susurros afrancesados…

Si un concierto en Barcelona es ya de por sí una cita inexcusable para los fans de Springsteen, dos seguidos cerrando la gira europea es algo que me mortificaría toda la vida perderme. Muchos sospechan (sospechamos) que ésta puede ser la última ocasión de ver al sexagenario Clarence Clemons en un escenario con la E Street Band, y esa imagen icónica de la extraña pareja Clarence / Bruce que ilustrara la portada de Born to run, queremos conservarla en las retinas para siempre.

Al contrario que en Madrid, el desalojo del Camp Nou es muy rápido, pero el acceso es infernal. Tener entrada de grada facilita las cosas, pero tiemblo de pensar en el día de mañana (literal), cuando tenga que bajar a la pista. En el estadio no cabe ni una sola persona más, y si yo fuera el artista obligado a complacer a esas decenas de miles de personas, me cagaría de miedo minutos antes de salir. Los miembros de la E Street Band, en cambio, parecen sentirse como en casa cuando a las 22:20 h. suben al escenario.

La primera canción es No surrender. Tiene gracia que en su día estuviera a punto de ser descartada del disco al que pertenece por ser considerada demasiado ingenua, y veinticinco años después se haya convertido en una de las fijas de esta gira. Quizá es que su estribillo (“hicimos una promesa que juramos recordar siempre: no retroceder ni rendirnos”) cobra un nuevo significado después de la muerte de Danny Federici.

Desde el principio se aprecia que el sonido es bastante mejor que en Donosti y Madrid. Gracias a Dios, porque el calor húmedo de Barna ha hecho estragos en mi debilitada garganta y apenas puedo cantar, así que éste es para mí un concierto para escuchar. Quien también parece afónico por momentos es Bruce, sobre todo en el díptico Livin´ in the future / Mary´s place que tiene lugar a la mitad del show; pero consigue dosificarse y, de forma casi milagrosa, su voz vuelve a estar a pleno rendimiento antes del bis.

Mi asiento es bastante decente pero, aún así, estoy demasiado lejos del escenario como para no fijarme en las pantallas. Algo que nunca he mencionado es el soberbio trabajo de realización que hay detrás de dichas pantallas. La elección de los planos no es en absoluto aleatoria, y su fin último es siempre ayudar a la banda a proyectarse hasta las últimas filas. Cuando Bruce le da la armónica a un fan después de The promised land (esta noche ha buscado a uno que ya se la había solicitado de antemano), todo el estadio siente que el gesto ha sido para con ellos. Es en parte generosidad desinteresada, y en parte dominio de los trucos que hay que utilizar en los grandes escenarios para complacer a las masas.

El brillante trabajo de iluminación tampoco tiene nada de casual: si las canciones de bruce siempre han sido descaradamente cinematográficas, el técnico de luces de este show es casi el director de fotografía de esas películas.

La entrega total del público es aterradora. Azuzarlos es como agitar un avispero, y para el final de los bises no quedará ninguna persona en el estadio que no esté botando. A veces tanto entusiasmo es contraproducente, por ejemplo las palmas inapropiadas para acompañar el falsete final de The river. Pero es el pequeño precio a pagar por recibir todo ese amor que flota en el aire.

El asunto de las peticiones de temas por medio de pancartas se ha salido de madre y ya se cuentan por cientos en las primeras filas. Esta noche las elegidas son la emocionante Backstreets y la rareza Janey don´t you lose heart. Otras canciones que no sonaron en Madrid son los himnos lúdicos Hungry heart, Waitin´on a sunny day y Glory days (perfectos para multitudes), y las más serias Atlantic City y Candy´s room. Aunque en líneas generales, los repertorios de Madrid y la primera noche de Barcelona se parecen bastante, al menos para lo habitual en esta banda. Para mañana se esperan grandes cambios en la lista de canciones (esto ha sonado como un parte metereológico, ¿no?).

Esta vez no me pierdo el solo de Nils Lofgren en Because the night, que a mi juicio puntúa el doble no sólo por su talento con las seis cuerdas, sino por ser capaz de ejercerlo mientras gira sobre sí mismo como una peonza. La ocasión de mear y pedir otra cerveza (siete euros, bienvenido a Cataluña) se presenta con la tercera interpretación esta semana de Tunnel of love, una canción que no merece tanta atención. Pero es que cualquier tema anterior a 1988 parece haber ganado puntos en el set-list últimamente, y la prueba está en que, en la primera hora del concierto de esta noche, sólo la sempiterna Radio Nowhere pasa de esa fecha.

Badlands se está convirtiendo en el momento más insano y demente de esta gira, y a cada interpretación se supera. Uno no sabe si mirar a la banda y al público, porque en todas partes están ocurriendo cosas; pero en éstas llega Clarence para sacarnos de la duda. El sonido está de su parte y el Big Man se siente esta noche ganador, así que su solo de saxo barre a los espectadores como una bomba termonuclear. Luego refutará con Jungleland y Bobby Jean que no ha sido sólo un golpe de suerte.

En American land hay tanto movimiento en el césped y las gradas, que las oleadas de inconfundible olor a sobaco sudado amenazan con provocar desmayos. Para Bruce es como una droga que le pone a mil, así que en Twist and shout el delirio continúa (no va a más porque no puede). Hasta los hijos de Patti y Bruce suben al escenario a hacer el gamba.

A las tres horas de reloj, el concierto se termina y Bruce grita “¡nos vemos mañana!” con una sonrisa de oreja a oreja. Él también es consciente de que son los repetidores los que más ayudan (ayudamos) a agotar siempre las entradas, así que sus palabras encierran para nosotros la promesa de que “mañana” vamos a oír muchas otras canciones que nos pondrán estúpidamente felices.

No he podido desgañitarme cantando como me hubiera gustado, pero a cambio he presenciado imágenes que tardarán años en borrárseme de la memoria. Cuando salgo del estadio cruzan por delante mío las furgonetas que llevan a los músicos a descansar. Bruce va en la primera de ellas, con medio cuerpo fuera de la ventanilla y todavía agitando los brazos para animar al personal. Me arranco a aplaudir y enseguida me acompañan varias personas a mi alrededor. No es devoción, es respeto por alguien que acaba de conseguir algo increíble, tocar el corazón de 75.000 personas.

Jota78

Nota para mí mismo: no te olvides de mencionar en tu crónica de mañana que el verdadero jefe de la E Street Band es el batería Max Weinberg, un chiflado que le atiza a los tambores como si éstos hubieran insultado a su madre. Te queremos, Max.

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6 comentarios

  1. MK

    Ayer estuve en Barcelona (y repetiré esta noche). Sin embargo, ayer me quedó una duda:

    Lo de las pancartas es auténtico, o tiene trampa?

    Lo pregunto por lo siguiente: si es auténtico, es un toque de espontaneidad más que bienvenido en un concierto de estas dimensiones. Jamás, y digo jamás, había visto que en un concierto de estadio se atendiesen a peticiones del público. Por lo general, son espectáculos tan preparados, que no hay lugar para la improvisación.

    Ayer me quedé con la sospecha de que el tema de los cartelitos estuviese trucado: quizás Bruce tenía otros cartones suyos guardados, se dedicó a recoger los carteles del público, y después mostró los que él había preparado… ya sé que suena casi blasfemo (pido perdón por antelación). Me gustaría saber cuál es la verdad: si Bruce es un maestro de escena capaz de fingir espontaneidad (algo de eso hay) o es un espectáculo realmente espontáneo, al menos en lo que se refiere a las solicitudes del público.

    Gracias, y a disfrutar esta noche!

    20 julio, 2008 en 3:44 pm

  2. Jota78

    Con Springsteen siempre se camina entre esa fina línea entre la naturalidad y la impostura, aunque a diferencia de otras estrellas de rock, éste se inclina más por lo primero.

    Las pancartas son auténticas, lo que está más calculado es el proceso de elegirlas. Comparando el set-list manuscrito (que publica http://www.brucespringsteen.net) con la lista definitiva de canciones, se ve que algunas peticiones ya estaban previstas y otras no. En cualquier caso, es algo que a la gente le encanta.

    Un saludo.

    21 julio, 2008 en 10:14 am

  3. Pingback: Bruce Springsteen & The E Street Band (Estadio Camp Nou, Barcelona, 20/07/08) « Si la tocas otra vez…

  4. oxidoband

    http://oxidoband.wordpress.com entren esta demas

    21 julio, 2008 en 1:47 pm

  5. Pingback: Bruce Springsteen & The E Street Band (Estadio José Zorrilla, Valladolid, 01/08/09) « Si la tocas otra vez…

  6. Pingback: Bruce Springsteen & The E Street Band (Madison Square Garden, Nueva York, 07 y 08/11/09) « Si la tocas otra vez…

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