Un diario de conciertos

Garaje Jack (Sala Código, Albacete, 20/06/08)

Me encanta ir a conciertos solo. Poder moverme libremente por todo el lugar y observar los comportamientos de la gente me hace sentir como un espía británico en Alemania, 1940. Además, nadie se pone a contarte la mierda de día que ha tenido en la oficina justo en el momento en el que el grupo empieza a tocar tu canción favorita del disco. Pero claro, ir solo es divertido en Madrid, donde los conciertos llenos garantizan tu anonimato, y la rígida normativa horaria de las salas hace que el show empiece con razonable puntualidad. En Albacete, ir solo implica ser el foco de atención de los otros treinta asistentes, y a la pregunta de “¿cuándo empieza esto?”, el encargado del lugar te responderá un relajado “pues de aquí a un ratico…” (léase con la entonación de los gañanes de Muchachada Nui).

El Código no es una sala, es un bar. Y uno del que me gustaría poder hablar bien, pues sus responsables se esfuerzan por programar conciertos de rock, algo muy necesario en Albacete. Por desgracia, la acústica es terrible y el escenario no es tal, pues no se alza ni un palmo sobre el suelo. Los conciertos allí no se disfrutan: se padecen.

Esas son las circunstancias en las que vi anoche a Garaje Jack. Tiene gracia que mi primer concierto de esta banda sea en Albacete, cuando son unos fijos de la programación de la sala Siroco de Madrid, que está a diez minutos de mi casa. Estrictamente hablando, ya los vi en esa sala hace un año, pero no con su repertorio propio, sino en un concierto-homenaje de varios grupos a los Burning. Garaje Jack cerraron el show, acompañados por Johnny Cifuentes en varios temas. Recuerdo que la versión de Como un huracán hizo que se me saltaran las lágrimas, aunque quizá había buena predisposición por mi parte, porque también estaba solo y un poco borracho.

Un poco de historia. Garaje Jack sacaron su primer disco, Alma en celo, en 2002. Se separaron durante un tiempo, se volvieron a juntar, empezaron a tocar regularmente en Madrid, y este año han sacado su segundo disco, Traje nuevo. Sin haber oído su primer trabajo, estoy seguro de que al nuevo LP le ha beneficiado el tiempo transcurrido entre uno y otro. Es un disco bien armado, muy pensado, y sin la urgencia de los segundos trabajos de los grupos de éxito, obligados a enfrentarse a la reválida con un ramillete de temas que no han pasado la prueba del tiempo. Traje nuevo no se convertirá en un clásico del rock, pero tampoco se deshace como un azucarillo al cabo de diez escuchas. Tiene cosas que decir.

Garaje Jack son un trueno en directo. Tantas horas de vuelo juntos les ha dado una tremenda confianza en sí mismos. Guitarras, bajo y batería trabajan en equipo, como una auténtica banda, para sacar lo mejor de cada canción. Y no es que no se permita la individualidad en Garaje Jack, porque nunca había visto a un baterista interrumpir un discurso del cantante con el arranque de una canción, ni a éste tomárselo bien. No estoy diciendo que esta banda sea un paraíso socialista, pero sí que todos los músicos tienen algo que decir.

Y eso que tener un espacio en directo en Garaje Jack debe ser complicado, porque su vocalista se lo come todo. Laura es algo así como la versión femenina de Carlos Tarque: un huracán con una voz prodigiosa, lista para rugir como un león cuando convenga. Es muy difícil apartar la vista de la flaca cantante, porque su lenguaje corporal es una descarga eléctrica para todos los espectadores, y no creo que sólo los masculinos. Es abiertamente sexual sin llegar nunca a ser grosera. Como el líder de M-Clan, pero con una planta algo más agraciada, Laura sale al escenario dispuesta a hacerle el amor a todos los presentes. Y lo consigue. Preveo varios motines en la gira por cárceles de la Comunidad de Madrid que tienen contratada para este verano. Por cierto, la hebilla-petaca del cinturón de Laura es la herramienta más ingeniosa que he visto nunca para meter alcohol en los conciertos.

La música y el espectáculo que ofrecen Garaje Jack están tan vistos que, en unas manos menos talentosas, se convertirían en cliché revenido. Pero no hay impostura en esta banda: hacen lo que les gusta y lo hacen muy bien. De hecho, quizá sean los mejores en lo suyo, el rock de garito. Esta tesitura produce sentimientos encontrados, porque por una parte, uno desea verlos crecer y que tengan el éxito que merecen; pero por otra, es difícil creer que nunca vayan a ser mejores de lo que son ahora. Mi consejo es no esperar a que llenen plazas de toros para verlos.

Jota78

P.D.: El próximo jueves graban un DVD en directo en La Riviera. Por qué han decidido jugársela dando un concierto casi sin avisar, en un aforo que les viene tan grande, es un gran misterio. La información para conseguir invitaciones está en www.myspace.com/garajejack

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2 comentarios

  1. restituta

    Me gusta mucho la nueva foto de presentación de tu blog. Aunque no deje muchos comentarios leo todas tus crónicas.

    Un beso, guapo.

    Uta.

    25 junio, 2008 en 2:39 pm

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