Un diario de conciertos

Pereza + Sidonie (Las Ventas, Madrid, 13/06/08)

Hay que reconocerlo, Las Ventas tiene magia. Da lo mismo que se trate de B.B.King u Hombres G, cualquier concierto se convierte en acontecimiento dentro de los confines de esta plaza. Tenía ganas de volver a pisar la arena del ruedo, cosa que no hacía desde octubre de 2006, cuando vi a Bruce Springsteen & The Seeger Sessions Band. Aunque bien pensado, aquello no era arena sino barro (culpa de los avariciosos promotores que deciden jugársela en otoño con un recinto al aire libre con tal de meter a cuatro mil personas más), así que la arena en cuestión no la había pisado desde junio de 2006, con Shakira. A la que, por cierto, teloneaban Pereza: carambolas absurdas del destino, en las que sólo repara la gente como yo, con mucho tiempo libre. En todo caso, Las Ventas trae buenos recuerdos a todos, salvo quizá al banderillero ése al que el toro hizo un tacto rectal sin miramientos en el pasado San Isidro.

 

A finales de los ochenta, Loquillo y Trogloditas se comieron la península con A por ellos… que son pocos y cobardes, reventando plazas de toros allí por donde pasaban. La primera consecuencia de llenar esos aforos es que el público se vuelve heterogéneo, algo que no gusta a los fans de largo recorrido, que se sienten desplazados por una horda de adolescentes chillonas. A Pereza le ha ocurrido eso. Los espectadores que hacían cola para entrar al ruedo seguían luchando con los estragos de la pubertad, y su numerosa presencia hacía que los varones treintañeros nos sintiéramos unos viejos verdes fuera de lugar. Supongo que mi sitio estaba en la grada, pero sigo sin aprender.

 

El malentendido me obliga, una vez más, a defenderme y defender al grupo. Pereza hacen rock, y lo hacen bastante bien. No son El Canto del Loco, aunque han llegado al mismo público a base de sonar en la radio-fórmula. Al fin y al cabo, la entrada cuesta lo mismo para todos (unos exagerados veintisiete euros), y no puedo reprocharle a una quinceañera que escuche música decente. Así que habrá que resignarse a ver a Pereza en macroconciertos que abarquen el espectro social al completo. Lo que tampoco está mal de vez en cuando, para evitar volverse un esnob elitista.

 

A las nueve subieron al escenario los catalanes Sidonie, otro grupo de flacos de pelo revuelto, con gusto por la ropa macarra y los sonidos stonianos. Dicen que su disco Costa Azul, el segundo que han grabado en castellano, está muy bien. No puedo juzgarlo basándome en el concierto que dieron ayer, pues mi atención fue intermitente. De hecho, es la segunda vez que les hago un feo, pues el año pasado también los ignoré en un concierto de varios grupos en Joy Eslava. Mis más sinceras disculpas, Sidonie. Hasta donde alcancé a ver, tienen un directo potente, saben mover a la gente, y mantienen su cuota de “integridad artística” metiendo con calzador un tema instrumental con sitar, en una escena que a los chavales de las primeras filas les debe parecer de ciencia-ficción de serie B. Su single Fascinado fue coreado con entusiasmo por la plaza, principalmente por la fusión con el tema de Pereza Niña de papá que ambos grupos parieron para el disco Los amigos de los animales.

 

Era ya noche cerrada cuando Rubén, Leiva y sus músicos subieron al escenario. La ovación-rugido dejó claro que la gente tenía ganas de pasárselo bien. Pereza pusieron la directa y empezaron a tocar, sin demasiados comentarios entre tema y tema. Los primeros planos de las pantallas evidenciaban que el dúo cantante estaba sobrepasado por el significado del momento. Abrumado, incluso. Su desparpajo marca de fábrica no se dejó ver hasta pasado medio concierto. A pesar de haber tocado allí al menos en dos ocasiones, llenar Las Ventas por sí mismos era como tocar el cielo para Pereza, y el éxito a veces abruma más que el fracaso.

 

No fue, sin embargo, un concierto mediocre como el que dio Fito en 2004 en esa misma plaza, todavía poco acostumbrado a los aforos descomunales. Que Pereza iban a salir a hombros (hoy tengo el día torero) quedó claro desde que dieciocho mil gargantas lo dieron todo con el single Estrella polar. Vale, puede que parte de esa misma gente acudiera el día de antes al concierto de Miguel Bosé, y probablemente también se hubieran comprado algún que otro disco de las galas de Operación Triunfo; pero su entrega sincera y total no puede discutirse. Sólo un cínico se quedaría fuera de esa corriente de entusiasmo colectivo.

 

Cuando los nervios de los músicos se habían templado un poco, una hora después de empezar, el fluido eléctrico falló, dejando el escenario a oscuras y los altavoces mudos. Sólo fueron un par de minutos, pero bastó para arruinar el crescendo final del tema Margot y para enfriar un poco al público. Me hubiera gustado ver la cara de Leiva y Rubén en ese momento, pero la oscuridad era total. El primer tema después del apagón fue el hit Aproximación, que claramente cambió de sitio en el repertorio para volver a reconquistar a la plaza sin dilación.

 

Antes de tocar la alegre Beatles, Leiva no pudo evitar acordarse de que éstos habían actuado en Las Ventas en 1965. Su cara era casi de perplejidad, como si todas las piezas encajaran de pronto. A la gente le encanta ver el triunfo a tiempo real, ya sea Alonso subiendo al podio o Almodóvar recogiendo otro Oscar; y eso es lo que presenciamos ayer cuando Leiva y Rubén se abrazaban arrodillados sobre el escenario: dos tipos auténticamente felices, en el momento más dulce de sus carreras.

 

No todo salió perfecto. A la banda se sumó en algunos temas el saxo de Tuli, músico habitual de Deluxe; pero su presencia fue testimonial, pues en sus primeras intervenciones su instrumento no sonó, o quedó empastado con las guitarras y la percusión. Una imagen un poco triste, alguien dándolo todo para no conseguir nada. Igualmente se hizo eterna la presentación de los músicos, refutando lo visto en diciembre en el Telefónica Arena: llegados a ese punto, el concierto se para en seco durante un cuarto de hora. Un error de novatos, impropio de un grupo con semejante trayectoria en directo.

 

Leiva no enseñó el culo, los tacos y la apología de las drogas se redujeron al mínimo, y en general se vio ayer a los Pereza más mainstream, como no podía ser de otra forma. Pero bueno, lo mismo les pasa a los Stones, a los que ya sólo una beata reprimida podría calificar de “peligrosos”. Anoche dieron un buen espectáculo y pasaron con nota el examen. Encima regalaron un single de versiones acústicas (de Extremoduro, Sabina, Loquillo y Burning) que puede abrir la puerta para que algún adolescente se interese por saber quiénes son Pepe Risi o Sabino Méndez. Me parece que no lo hacen del todo mal, los flacuchos estos.

 

Jota78

 

P.D.: Que alguien me explique cómo se regula la venta de alcohol en los conciertos, porque yo no entiendo nada. Ayer estaba lleno de menores y podías comprar cerveza, whisky, vodka… ¿Las plazas de toros están exentas de la ley? ¿O por encima de ella?

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7 comentarios

  1. Yo he estado en Las Ventas en conciertos en los que no se podía comprar alcohol. En el de Bruce con el rollito Seeger sin ir más lejos, ese que tu comentas, el del maldito barro, jeje. Sin embargo, en otros como el de Fito de 2004, ese que tu comentas, sí se vendía alcohol. Tampoco vendieron en el de los Killers y Smashing Pumpkins del año pasado. En el Palacio pasa tres cuartos de lo mismo, hay días que sí y días que no. Lo más triste que he visto fue el de los Stones en el Calderón el año pasado, donde sólo se vendía cerveza Mixta, de esa con limón ya prefabricada. Definitivamente los Stones no son nada peligrosos, no.

    Sobre Pereza, sólo decir que al principio me parecían un grupo mucho más de niñatos que ahora, un poco en contra de lo que podría ser lógico tras su apertura al gran público. Les he visto en directo un par de veces y el pasado viernes me quedé con ganas de pasarme por Las Ventas, pero no pudo ser. Siempre lo he pasado bien y me gusta su poso rockero, muy evidente en directo, así como su simpatía por los Stones y los clásicos. Nunca hay que olvidar que Ruben estuvo en Buenas Noches Rose, una banda injustamente olvidada y que estuvo cerca del éxito más o menos masivo.

    Saludos!

    17 junio, 2008 en 11:54 am

  2. Jota78

    Joder, sí, la Shandy esa repugnante, y además caliente. Yo tardé todo “You can´t always get what you want” en gastarme seis euros por esa mierda…

    17 junio, 2008 en 12:44 pm

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