Un diario de conciertos

Los Punsetes (Sala Nasti, Madrid, 14/05/08)

El martes se celebró un concierto que formaba parte de la iniciativa “Free Nasti”, que reivindica el derecho de esta sala a seguir cerrando a altas horas de la madrugada. Digo yo que si se ha revocado esa licencia por algo será, que esto no es Sin City o Coslada; pero la gente prefiere pensar que el sheriff Gallardón quiere robarles su derecho a consumir garrafonazo a precios indecentes en un ambiente insalubre. Nunca le he encontrado el supuesto encanto al Nasti, pero es verdad que tampoco me hicieron gracia Juno o Pequeña Miss Sunshine, y todo el mundo dice que son cojonudas, así que puedo estar equivocado. ¡Free Nasti!

 

El concierto contaba con tres grupos, y cada uno de ellos actuaba aproximadamente durante media hora. No presté atención a los dos primeros grupos y entono un mea culpa por ello, pero hay que entender que éste era mi tercer concierto en cuatro días, y hasta yo tengo un límite. Al tercer grupo tenía que prestarle atención por cojones, porque el baterista Chema y el guitarrista Manu son compañeros de trabajo y buena gente. Por desgracia no sé mentir, por lo que en los últimos diez años he ido dejando un reguero de amigos descorazonados cuando me ha tocado decirles que sus obras de teatro de colegio mayor o sus performances audiovisuales eran una auténtica mierda.

 

Los Punsetes son estupendos. En su página web se autodefinen de la siguiente manera: “Los Punsetes son cinco. Viven en Madrid. Aman al Punset”. El tipo en cuestión es, efectivamente, el inefable Eduard Punset del programa Redes. Su descripción de sí mismos me recuerda a la que dio David Lynch cuando le pidieron una breve biografía para el dossier de prensa de Corazón salvaje: “Águila de los Scouts, Missoula, Montana”. No me parece una casualidad tan grande, pues Los Punsetes y David Lynch trabajan una visión irónica y surrealista sobre las realidades cotidianas, cada uno a su manera.

 

El primer disco del grupo contiene doce canciones en treinta y cinco minutos: no llegan a alcanzar velocidades ramonianas, pero desde luego van al grano. Como sus letras, totalmente desprovistas de paja. Sus temáticas son el día a día de cualquiera de nosotros, nada parecido a los viajes astrales absurdos de Manolo García. Aquí se habla de paisajes físicos y humanos reconocibles por cualquiera: bares, resacas, pararse a mirar en los accidentes, la grima que da El Escorial… Las canciones están escritas en primera persona, protagonizadas por un sujeto que recorre la paleta completa de las emociones humanas más comunes: deseo, envidia, arrepentimiento, hastío, etc. Como dice uno de los estribillos más pegadizos: “Lo natural es desconfiar / Lo natural es que salga mal / Lo natural es la entropía / Por si acaso no lo sabías”.

 

En directo, Los Punsetes tienen una propuesta singular. Los cuatro músicos (guitarras, bajo y batería) se afanan en crear un estado de ánimo constante durante todas las canciones: no hay ruptura estilística entre un tema y otro. Pero todas las miradas están puestas en Ariadna, la cantante, y no sólo porque sea una chica bastante guapa, sino porque ha decidido no moverse nunca. Tal como suena: llega, elige una postura, se queda parada y canta. No dice nada entre canción y canción. No sonríe ni mueve un músculo (esto último tiene un mérito especial, porque no es fácil cantar sin seguir el ritmo de la música: haced la prueba). Al terminar el repertorio enfila el camerino a toda prisa, y cuando Ariadna se mueve, los fans de Los Punsetes saben que el concierto se ha terminado. Según me han dicho, en cada ocasión viste un disfraz diferente, en este caso llevaba una gorra de policía y una porra, un guiño a los problemas con la autoridad de la sala Nasti.

 

Parece una contradicción que una persona que no se mueve pueda captar toda la atención a su alrededor, pero es así. Se parece un poco a aquel programa de Calle 13, Cementerio TV, construido a base de largos planos nocturnos de cementerios donde nunca pasaba nada, pero que no podías dejar de mirar. Es la expectativa de lo que podría ocurrir lo que te mantiene en vilo. Sólo me pregunto que va a hacer Ariadna en caso de que Los Punsetes resulten ser un grupo longevo (pongamos veinte años más) y su repertorio acabe durando dos horas. No envidio sus calambres.

 

Hoy por hoy, Los Punsetes son unos habituales de la escena madrileña (¡Dios!, cómo nos gustamos en la capital, ¿no?) con un cancionero que va como un trueno y deja con ganas de más. Los recomiendo, sobre todo porque les pasa como a tantas cosas buenas en la vida: contado pierde.

 

Jota78

www.lospunsetes.com

www.myspace.com/lospunsetes

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