Un diario de conciertos

Marah (Madrid, 27/02/08)

Después de las crónicas casi consecutivas de los conciertos madrileños de Elliott Murphy, Steve Earle y ahora Marah, un lector reciente de este blog puede pensar que sólo me interesa el rock de raíz genuinamente americana. Bien, lo desmentiré con el irrefutable argumento de que también he visto media docena de veces a Hombres G. Pero de eso ya me defenderé otro día: hoy toca darles jabón a los hermanos Bielanko. 

A pesar de que la fama les sea esquiva y eso les haga parecer siempre unos recién llegados, Marah han editado siete discos en diez años. Queda claro que no son flor de un día y que serán longevos; pero también, según parece, que se moverán siempre en la liga menor de los suburbios del rock, en la que juegan desde hace décadas Joe Grushecky, Jesse Malin, Murphy o Earle. Lógico, en los estantes de novedades de El Corte Inglés no precisan más rockero mediático que Bruce Springsteen, extravagancia consentida por sus ventas entre tanto artista melódico y tanta vieja gloria de la copla. 

Dave y Serge Bielanko no necesitan vender millones de discos, porque lo que esculpe en piedra su leyenda (todavía modesta, pero en ascenso) son sus enérgicos directos. El rock ortodoxo de manual que practican les asfixiará creativamente algún día, pero de momento disfrutan y hacen disfrutar a base de cañonazos sonoros que no permiten a nadie quedarse fuera, por poco receptivo que se muestre a su propuesta escénica. No hay secretos en la fórmula de Marah: guitarrazos bien dados que no se convierten en interminables riffs pajilleros, más una base rítmica elemental que consigue lo que persigue, crear un estado de excitación creciente en el oyente. Y para darle color a la ensalada, unas teclas bien aporreadas, perfectamente empastadas con el resto de instrumentos. Nada más.

Es evidente que su persistencia en visitar España (incluso grabaron un DVD en directo en Mataró, imposible de disfrutar por su mediocre realización) va dando sus frutos: el año pasado tocaron en El Sol para trescientas personas, y este año lo han hecho en Joy Eslava para casi mil. El misterio no era si el público respondería, sino si lo haría la banda, desmantelada y vuelta a montar hace apenas dos meses. 

A principios de los ochenta, Keith Richards dejó la heroína y volvió a interesarse por el devenir de los Rolling Stones, asumiendo que el grupo volvería a ser una empresa bicéfala, como en sus comienzos. Resultó que Mick Jagger se había acostumbrado a liderar en solitario durante más de una década y no estaba por la labor de volver a consensuar todas las decisiones tomadas. El resultado fue un choque de personalidades a 200 km/h que estuvo a punto de volatilizar la más longeva sociedad rock de la historia. En Marah ha ocurrido algo parecido. El socio fundador Dave Bielanko estuvo unos años con la cabeza en otra parte, delegando el liderazgo en su hermano Serge. Erradicada la costumbre de desayunar magdalenas con vodka, Dave descubrió que los músicos con los que no compartía lazos sanguíneos (el guitarrista Adam Garbinski, el bajista Kirk Henderson y el baterista Dave Petersen) no se mostraban receptivos a la hora de recibir sus órdenes. Los pobres infelices debieron pensar que la unión hace la fuerza, ignorando esa regla no escrita que dice que el único imprescindible en una banda es el que canta y compone, en este caso los dos hermanos. En enero, con su último disco recién publicado, Marah renovó su base rítmica y pasó de tres guitarras a dos. De la criba sólo se salvó la encantadora teclista Christine Smith, la última en llegar al grupo y presumiblemente emparejada con alguno de los Bielanko (a Christine la descubrí en un concierto acústico de Jesse Malin en El Sol en 2006, que contaré cuando le llegue el turno al señor Malin en este blog). 

Ésa era la razón por la que el público incondicional de Marah acudió con cierto miedo al concierto del pasado miércoles en Joy Eslava, pues quizá fuera el cuarto o el quinto de los nuevos músicos de la banda (no voy a confirmarlo en internet, lo siento). No fue perceptible para el espectador desinformado; los demás sí nos dimos cuenta de que los recién llegados cuidaban de no robarles protagonismo a Dave, Serge y Christine, todavía buscando su sitio en Marah. Eso en cuanto al despliegue escénico, porque en lo musical solventaron la papeleta estupendamente. Sólo se notó en la ajustada duración del show, una hora y cuarenta cinco minutos que no terminaron de saciar el hambre de rock del público –también cabe la posibilidad de que la discoteca no les permitiera seguir tocando después de las 23:15. Desde luego, los matones con pinganillo de la Joy le ponen ganas a la hora de patearle el culo a la gente para que abandonen con presteza el local-. 

La presentación del nuevo disco y el compacto repertorio dejaron fuera algunos temas que parecían imprescindibles, como The apartment; pero Marah tiene su estilo tan definido que importa más el edificio que los ladrillos con los que se construye. Los Bielanko saben lo que se hacen (si bien se puede dudar de la cordura de Dave por seguir tocando con guerrera, guantes de lana y gorro ruso). Las críticas unánimemente positivas que inundan internet pueden hacer creer al lector que un concierto de Marah es casi la experiencia religiosa de la que hablaba Enrique Iglesias. No es para tanto, pero hay pocos grupos que ofrezcan tales garantías de diversión por veinte euros. Prometieron volver en septiembre, y yo prometo que ir a verlos no es tirar el dinero.  

Jota78

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4 comentarios

  1. jotaminuscula

    Vaya… pensaba que hoy hablarías de DJ Rubia…..

    3 marzo, 2008 en 9:35 am

  2. Pingback: Light of Day 2008: Jesse Malin, Marah, Joe D´Urso, Willie Nile y Los Madison (Sala Moby Dick, Madrid, 05/12/08) « Si la tocas otra vez…

  3. Pingback: Southside Johnny & The Asbury Jukes (Sheperd´s Bush Empire, Londres, 21/10/10) « Si la tocas otra vez…

  4. Pingback: Marah (Sala Heineken, Madrid, 05/10/11) « Si la tocas otra vez…

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