Un diario de conciertos

Bunbury versus Héroes

El siguiente texto fue escrito en febrero de 2007, poco después de anunciarse el Todo por la Pasta Tour de Héroes del Silencio. Recién publicado su doble CD / DVD de esa gira, me ha parecido oportuno recuperarlo: 

En una ocasión subí a un taxi en Madrid cuyo propietario no dejaba lugar a dudas de su amor por el rock español. Sustituyendo a las imágenes de vírgenes y motivos futbolistas que hubieran plagado el vehículo de un taxista de la generación anterior, este treintañero tenía pegatinas, pines y fotos de conciertos de Héroes del Silencio y Loquillo y Trogloditas. Encima, vestía una camiseta y escuchaba uno de los discos del cuarteto zaragozano (de Héroes, por si no es usted muy ducho en el tema). Y para que no cupieran dudas de su pasión incondicional, me aseguró que estaba a punto de tatuarse el emblema de Héroes en un hombro, y el pájaro de Loquillo en el otro. Esa misma noche me enteré de la muerte de Guille Martín, entrañable guitarrista que tocó sus dos últimos años con los Trogloditas; supongo que fue una noticia triste para mi entregado taxista. Sentí ganas de llamar para consolarlo (me entregó su tarjeta para futuros servicios), pero temí que creyera que me estaba riendo de él, así que no lo hice.

Volví a acordarme del taxista rockero la semana pasada, aunque por motivos más felices, al menos para él. Héroes del Silencio acaban de anunciar una reunión puntual de diez conciertos para el próximo otoño. A una persona capaz de tatuarse el nombre de su grupo favorito y escuchar obsesivamente su obra durante diez horas al día (y no olvidemos que la discografía de Héroes es exigua: sólo cuatro discos de estudio), supongo que dicho anuncio le alegrará la vida, o como mínimo el año. A mí más bien me puso de mal humor. 

Detesto a Héroes del Silencio. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, estoy escuchando uno de sus discos en directo y me parecen un martillo pilón sónico. Parafraseando a Woody Allen, los oigo y me entran ganas de invadir Polonia (¿será por eso por lo que triunfaron tanto en Alemania?). No entiendo sus letras. No me calan sus melodías. No sé de qué van, ni me importa. No son para mí.

Ahora tiraré piedras sobre mi propio tejado: confieso que los veré en su gira de reunión del próximo otoño (siempre y cuando tengan a bien pasarse por Madrid). ¿Por qué? ¿Soy imbécil? ¿Masoquista? Posiblemente un poco de cada. Pero además soy un completista, y la de Héroes del Silencio es la entrada que falta en mi colección. Así que picaré.

Normalmente, las reuniones de grupos me emocionan o me dejan indiferente, pero ésta en concreto me molesta. El motivo de mi disgusto es lo que la reunificación heroica conlleva de claudicación. El guitarrista Juan Valdivia y el cantante Enrique Bunbury han estado echándose mierda mutuamente a lo largo de una década. Ahora pasan por alto ese detalle y vuelven a subirse juntos a un escenario. ¿Serán capaces de fingir que no se odian? Pensándolo bien, el morbo de ver cómo resuelven esta papeleta puede ser otro factor importante de mi interés por verlos en directo… Todo el mundo tiene un precio. Esto es un hecho, y no me molesta especialmente lo irrefutable del mismo. Probablemente su precio o el mío, amigo lector, sea bastante más bajo que el de los Héroes del siglo XXI, a quienes los promotores de su gira otoñal habrán cubierto literalmente de oro. Lo que me jode del asunto es que me encantan los discos de Bunbury en solitario, y aunque estoy convencido de que el año próximo retomará su carrera, algo se habrá perdido en el camino. La confianza.

Es muy singular que un artista empiece una carrera en solitario rompiendo de manera drástica con su pasado, especialmente si militó en un grupo que vendió millones de discos. Lo normal (y legítimo) es seguir explotando el filón hasta que se agote, como hacen Manolo García, Ana Torroja o Rosendo, cada uno en su estilo. Por eso, por lo inesperado del cambio, no presté atención al primer disco de Bunbury, el electrónico Radical sonora; si bien me hizo sonreír la patada en los huevos a todos los rockeros de base, implícita en su nuevo corte de pelo al uno. Pero luego un amigo me abrió la puerta a Pequeño y su continuación en directo, Pequeño cabaret ambulante; y me descubrí a mí mismo escuchándolos obsesivamente y preguntándome qué había cambiado en esa voz para que me transmitiera lo que las canciones de Héroes no habían podido. La respuesta estaba clara: ahí había la misma entrega y teatralidad anteriores, pero además sinceridad, impudicia, desgarro, un salto sin red a la hora de hablar de uno mismo. Los Héroes se escondían tras la enormidad de su épica vikinga, Bunbury cogía el altavoz y vociferaba lo que le pasaba por dentro. 

Un nuevo añadido a la ecuación, y no de menor importancia, era el humor. Los Héroes carecían de ironía y jamás se hubieran atrevido a “samplear” la sintonía de La pantera rosa. Resumiendo, la identificación con el grupo era imposible, mientras que con el solista confesional hablando de su día a día, la cosa cambiaba.

Ninguno de los siguientes discos de Bunbury fue redondo, pero todos estaban llenos de ideas, momentos, melodías, estados de ánimo: había mucha carne antes de llegar al hueso. Flamingos, El viaje a ninguna parte y El tiempo de las cerezas (este último compartido con Nacho Vegas) sumaban una poderosa colección de buenas canciones que solía refutarse con un vibrante directo. Vi al Cabaret Ambulante en vivo media docena de veces. Su exuberancia sonora era comparable a la de la E Street Band, salvando las distancias. Todos los músicos tenían su espacio y Bunbury parecía feliz de dejarlos expresarse. El mejor de los conciertos que vi fue el de la mini-gira Freak Show, apropiadamente celebrado en una carpa de circo y con invitados tan interesantes como Iván Ferreiro o Adriá Puntí (para los que no estuvieron allí, me veo en la obligación de advertir que ni el disco en directo ni el lamentable “documental” editados en 2005 reflejan el ambiente de aquellos conciertos).

La teatralidad de la defunción del Cabaret Ambulante fue, de alguna manera, una prolongación coherente de su propia existencia: aquel grupo no hubiera merecido una desaparición más mediocre y convencional. Lo preocupante del caso es que Bunbury volvía a forzar el final de un grupo, una década después de cargarse Héroes del Silencio (le atribuyo esta ruptura porque en esto sí hay consenso entre Juan Valdivia y él). ¿Acaso un culo inquieto está condenado a no ser feliz en ninguna parte? A día de hoy (el de la escritura de estas líneas, febrero de 2007; no el de la publicación y lectura de las mismas, vaya usted a saber cuándo), Bunbury no parece haber decidido qué hacer con su futuro. Ha ganado tiempo con el disco a cuatro manos El tiempo de las cerezas, pero no tiene muy claro qué hacer a continuación. Quizá sea esta coyuntura la que ha facilitado el retorno de Héroes. Total, para no hacer nada este otoño, ¿por qué no ganar unos millones de euros mientras haces felices a cientos de miles de treintañeros que vuelven a sentirse adolescentes un par de horas? Es lícito, pero también incoherente. Como lo es que David Summers siga cantando estribillos adolescentes en la cuarentena, o como lo sería que Fito Cabrales recuperara las temáticas “borrachuzas” y “anti-radiofórmula” de Platero y tú cuando es número 1 de 40 Principales con sus melódicos Fitipaldis (y que conste que me encantan Hombres G, Platero y Fito en solitario). Y la coherencia es un bien preciado y escaso que una pequeña parte del público aún valora. ¿Habrá dilapidado Bunbury el respeto de los seguidores adultos que ganó en su etapa en solitario? Pronto lo sabremos.

Jota78 

 PARA DESCUBRIR A BUNBURY Y HÉROES DEL SILENCIO

Como habrá quedado claro, no soy la persona adecuada para recomendar un disco de Héroes del Silencio. Sí puedo prevenirle de que hay más directos y recopilatorios publicados que discos de estudio, así que si su interés por el grupo es limitado, hágase con uno de los primeros y… a disfrutar. En cuanto a Bunbury en solitario, empezaría por el agradecido Pequeño cabaret ambulante (2001); y como elección personal (y no compartida por todos los fans de Bunbury, advierto), recomiendo el doble El viaje a ninguna parte (2004), especialmente el segundo disco.

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6 comentarios

  1. arween

    bumbury en solitario, un genio…los heroes…en su momento….grandes….ahora…podian haber hecho un disco nuevo…por ejemplo…la vuelta de los heroes, es lo que tu has dicho…un saca pasta…sin embargo…tenia que ir a verlos…es lo que hay…no estoy de acuerdo…pero no podia perder la oportunidad de ver a los heroes en directo aunque fuera en una epoca que no les correspondia…

    6 febrero, 2008 en 1:05 pm

  2. Pingback: Bunbury (Palacio de deportes, Madrid, 23/10/08) « Si la tocas otra vez…

  3. ¿Finalmente viste a los Héroes el año pasado? Era una cita obligada para cualquier hombre de bien, jeje.

    27 octubre, 2008 en 6:48 pm

  4. Israeali

    MIra los heroes son lo heroes y bunbury es bunbury a lo que me refiero es que cuando son un grupo son uno mismo y cuando se desintengran cada quien expresa su arte y su sinceridad como ellos quieren y no decir que dependen del grupo que pertenecian

    tu y tu outa cita me enferma pero la gente como tu no aprecia lo que es la musica solo busca las indeferencias y errores para poder echarles mierda como lo eres tu hijo de puta o que tienes miedo de admitirlo por que no tienes los huevos para hacerlo

    jodido deprimido.

    13 junio, 2009 en 12:27 am

  5. cocoliso

    Que opinas de la negativa de Bunbury a el retorno de Heroes despues de que el resto de los componentes quieran volver

    2 enero, 2012 en 8:28 pm

  6. fran

    O sea que héroes te palece un martillo pilón sónico, pero te gastaste la talegada en verlos. Cuánto hipócrita hay por Internet, macho. Sólo queréis criticar por escrito bajo la protección del anonimato….Putos trolls de mierda. Basura.

    13 noviembre, 2013 en 3:57 pm

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