Un diario de conciertos

The Bon Scott Band (Madrid, 20/12/07)

Tengo un par de amigos que afirman ser grandes fans de AC/DC; uno de ellos incluso ha lanzado un órdago, a la vista de mis viajes en pos de Bruce Springsteen, y ha asegurado que estaría dispuesto a viajar a cualquier ciudad europea para verlos. Llegados a ese punto, no he sabido achantarme y he prometido ir con él si eso ocurre. Espero que la próxima ciudad europea en la que toquen AC/DC sea Madrid…

No es que no me gusten AC/DC, es que no sé gran cosa de ellos. No fui un adolescente cabreado con el mundo (siempre he destacado por mi gran capacidad de adaptación, lo que otros llaman conformismo), así que géneros como el hard rock o el heavy metal me dejaban indiferente. Vale, tenía un disco de Guns n´Roses, pero es que en 1991, el que no tenía un disco de Guns, otro de Prince (ése en el que gritaba ¡my name is Prince and I am funky!, cosa que luego se empecinaría en desmentir) y la banda sonora de Pretty woman, pues no era nadie.

Una de las pocas cosas que sí sé de este grupo es que tuvieron un cantante, Bon Scott, que cometió la torpeza de morirse en 1980, justo después de publicar Highway to hell; y que los hermanos Young (Angus es el de los pantalones cortos, el otro no sé cómo se llama) tiraron palante y publicaron un disco que fue un tremendo éxito, Back in black. El tal Bon Scott se mató empinando el codo, nada menos, lo cual es una hazaña en alguien que tenía poco más de treinta años.

Y del grupo en sí, pues sé lo mismo que la mayoría de la gente: que su guitarrista va vestido de cartero, que las canciones se parecen bastante (en su ritmo y en su amor por las notas agudas) y que metieron una canción en la banda sonora de El último gran héroe, confiando en que haría por ellos lo mismo que Terminator 2 hizo por los Guns. Desgraciadamente, la peli fue un fracaso, y lo único que sacamos en claro fue un disparate de vídeo musical en el que Schwarzenegger (hubiera dicho Arnie, pero me gusta alardear de mis capacidades deletreadoras) se ponía el disfraz de cartero con sus pantaloncillos cortos y ejecutaba sobre el escenario el paso de baile patentado por Chuck Berry. Ya saben: “schwarzenegger short trousers” en youtube, y a disfrutar.

Con este bagaje, es fácil imaginar que no me palpitaba el corazón más de lo habitual a la hora de acompañar a mis amigos a ver un concierto de The Bon Scott Band, un grupo de versiones de AC/DC formado por catalanes de mediana edad. Pero bueno, siempre me alegro de ver a mis amigos (dos de ellos salen por la tele y tienen una agenda apretada) y emborracharme con ellos un jueves, así que acepté.

El concierto era en la sala Heineken, antigua sala Arena, antigua sala… En fin, que era en Plaza de España, en una sala de mediano aforo. Éramos unas trescientas personas, lo cual me parece muy digno para un grupo de versiones que cobra una entrada de más de veinte euros. Según me informaban mis amigos, estos impersonators (si les suena despectivo por su parecido con imitadores, bien que lo siento; no voy a estar diciendo grupo de versiones durante toda la crónica) de AC/DC habían adquirido reputación internacional, llegando incluso a tocar en algunos festivales europeos con otros grupos importantes. Bandas de verdad, quiero decir. Genuinas.

Total, que los impersonators saltaron al escenario después de que los teloneros Mr. Rock caldearan el ambiente -no para nosotros, que entramos en su última canción-. Y vaya, para algo como esto se inventó la expresión “sentimientos encontrados”. Por un lado, los tipos le ponen ganas y son excelentes músicos; de hecho, el imitador (¡ups!, se me ha escapado) de Angus Young (o Jack Black en Escuela de rock, dependiendo del ángulo desde el que se le mire) es un soberbio guitarrista, probablemente tan bueno como su modelo original. Pero por otro lado, ver tanto tiempo, esfuerzo y dinero invertidos en parecerte a alguien en vez de crear algo tuyo… No sé, yo beso el suelo que pisa Bruce Springsteen y a veces me da por poner posturas y fingir que toco la armónica mientras escucho en casa The promised land, pero no se me ocurre abochornar a mi familia intentándolo en público -a propósito de eso, volvamos a youtube: pongan “bruce springsteen manel fuentes” y redescubran el término vergüenza ajena-.

Pero el caso es que The Bon Scott Band creen en lo que hacen, y no les preocupa que al día siguiente tengan que volver a sus trabajos en el bufete de abogados o en la Caixa Catalunya: ellos salen a triunfar. Y se agradece, porque su convicción es contagiosa. Al final del concierto, ayudado por unos cuantos litros de cerveza mal tirada -alguien debería advertir a Heineken de que su patrocinio de esta sala les hace más mal que bien-, uno jalea al grupo como si estuviera viendo a los auténticos AC/DC. Y ahora voy a lanzar a los Bon Scott el mejor piropo que se me ocurre: no creo que los verdaderos me gustaran más que ellos.

Eso sí, si me preguntan cuántas canciones tocaron esa noche, me atrevería a decir que una. Muchas veces.

Por cierto, tienen página web:

www.thebonscottband.com

Y han dado casi cincuenta conciertos este año, así que si es un hobby, se lo toman muy en serio.

Jota78

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