Un diario de conciertos

Leyendas en concierto: The Rolling Stones

Sí, ya lo sé. Yo también hubiera querido ver a los Rolling Stones y Bob Dylan en los sesenta, a Bruce Springsteen en los setenta y a U2 en los ochenta; pero tengo menos de treinta años (bueno, por poco tiempo) y ningún Delorean volador con condensador de fluzo a mano. Estas leyendas de la música han tenido la gentileza de llegar vivas y en razonable buen estado al siglo XXI, así que lo menos que puedo hacer es ir a verlas antes de que… se extingan.

He visto a los Rolling Stones tres veces: dos de ellas en el Vicente Calderón (junio de 2003 y 2007) y una más en el Estadio Olímpico de Barcelona (también junio de 2007). Este último fue el que más disfruté de los tres aunque, honradamente, los repertorios y el espectáculo fueron prácticamente idénticos. ¿Qué pinta tienen los Stones en el siglo XXI? Pues son un verdadero circo. Una cosa monstruosa y un poco hortera. Y que conste que no lo digo de forma despectiva: me encanta lo grande, ruidoso y chabacano como al que más.

Sus conciertos son un acto social. La gente va “porque hay que ir”. Esa es la razón por la que uno se encuentra en ellos a niños, adolescentes, veinteañeros, padres, y abuelos; y a todo el espectro social (bueno, el que puede permirtirse pagar una entrada general de más de setenta euros; de eso hablaremos otro día) desde el rocker de escaso tupé hasta el recién afiliado a las juventudes del PP -lo juro, la rima ha sido sin querer-.

¿Y qué queda de los verdaderos Rolling Stones? Poca cosa, la verdad. Satisfaction, Paint it black o You can´t always get what you want se sostienen gracias a su grandeza intrínseca, pero a duras penas sobreviven a los guitarrazos a destiempo de Keith Richards, un tipo que ha dejado pequeña su propia caricatura. Aunque hay que reconocer que te arranca una sonrisa nada más verlo, el muy pirata… Así las cosas, queda en manos de Ron Wood solucionar la papeleta de los punteos y los solos. El tipo cumple (sin ser Jimmy Hendrix), ayudado por una sección de vientos y un espectáculo de luces que conspiran para tapar las carencias.

Y cuando uno se ha resignado a ver un show importado de Las Vegas… sucede la magia. De pronto tocan un Midnight rambler de ocho minutos, con su armónica llorosa, o un cover de algún viejo tema de Ray Charles o James Brown, y tu mandíbula se descuelga porque no te crees lo que estás oyendo. Atisbas lo que debió ser la rabia de juventud de estos cuatro sexagenarios y te quedas tiritando.

Al César lo que es del César: si alguien tira aún de este carro y mantiene en pie el tremendo castillo de naipes, ése es Mick Jagger. Siempre ha sido muy molón decir que te gusta más Keith que Mick, pero después de asistir a un concierto de los Stones siglo XXI, uno cambia inmediatamente de bando. El cabronazo sabe cómo ganarse a cincuenta mil espectadores pasotas a base de correr de un extremo a otro de las pasarelas durante dos horas y sin apenas jadear. Y puede que esté pensando en la montaña de dinero sobre la que va a dormir esa noche, pero su táctica funciona: si un tío de sesenta y cinco años es capaz de mover así el culo durante casi dos horas, cómo no vas a intentarlo tú.

Y al final, como el entusiasmo (real o fingido)  se contagia, acabas dando palmas y riendo como un crío al que le acaban de hacer un truco de magia cuando Mick Jagger, en lo alto de una plataforma, grita: “¡Pleased to meet you!“, y dos enormes llamaradas iluminan por un momento el cielo del Vicente Calderón (o de cualquier otro estadio del mundo).

¿Recomendaría un concierto de los Stones? Pues hombre… Ya sabes. Son los Stones… Ya están un poco al límite… A lo mejor es su última gira…

Ahora bien, como sigan girando dentro de quince años, ¡eso sí que no me lo pierdo!

Jota78

P.D.: Acabo de darme cuenta de que no he mencionado a Charlie Watts en toda la reseña, y creo que ése es el mayor piropo que le puedo lanzar a ese señor: aplaudir su capacidad para hacer su trabajo sin estridencias y marcharse a casa. Y me encanta que lleve siempre la camisa abrochada hasta arriba, como David Lynch.

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2 comentarios

  1. madameserpent

    Que envidia me das. Pero yo hubiera preferido ver a los Beatles ( en los 60’s) Y ahorita… a Paul McCartney, Ringo Starr, y Joan Baez (Sí, Joan Baez y!?) es mi mayor sueño, antes de que, como ya dijiste “se extingan” En fin… a ver si me aguantan unos 7 años más, porque ahorita aún dependo de mis padres (tengo 16 años) Rayos! Nos vemos! (:

    30 diciembre, 2007 en 1:33 am

  2. Pingback: AC/DC (Estadio Vicente Calderón, Madrid, 05/06/09) « Si la tocas otra vez…

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