Abro los ojos. Un ventilador da vueltas en el techo. Las cortinas están echadas, pero la luz de la mañana las atraviesa, incendiando la pequeña habitación. ¿Estoy en Saigón esperando a que me den una misión? No, ya tengo una: conseguir la pulsera que me permita entrar al pit en el último concierto que veré [...]
